SEVILLA / Cartón sin trampa

SEVILLA / Cartón sin trampa

Sevilla. Teatro de la Maestranza. 08-X-2020. Lucía Martín-Cartón, soprano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Concertino y director: Paçalin Zef Pavaci. Obras de Mozart, Rossini y Beethoven.

Durante este último trimestre del año la ROSS, a causa de las precauciones Covid, está ofreciendo conciertos de abono en formato de orquesta reducida y con programas adaptados a dicha formación. Ello permite, de manera indirecta, que podamos escuchar composiciones pensadas para este tipo de orquesta de entre 30 y 40 músicos que obtienen así su razón de ser sonora mucho mejor que con un orgánico mayor como suele ser habitual en los programas de las orquestas sinfónicas. En esta ocasión la Sinfonía nº 4 de Beethoven se benefició de esta circunstancia, porque la versión comandada por el concertino Paçalin Zef Pavaci se caracterizó por su transparencia y por su claridad en materia de texturas y de tímbrica, en una interpretación en la que se pudieron apreciar todas y cada una de las frases instrumentales (especialmente de las maderas) que Beethoven dispuso. Claro que ello fue posible esencialmente porque Pavaci planteó una aproximación viva y llena de ritmo, con riqueza de acentuaciones y sforzandi, especialmente en el primer movimiento. En el segundo le otorgó el relieve preciso al ostinato de dos notas que articula toda la pieza mientras desarrollaba un cantabile en las cuerdas lleno de encanto y a un tempo siempre animado. Con una orquesta siempre precisa en sus ataques y con un empaste remarcable, sin excesos de vibrato, la sinfonía culminó con un despliegue de energía admirable.

Con todo, la sensación de la velada radicó en la presencia de la soprano Lucía Martín-Cartón, que se enfrentó a tres auténticos ‘miuras’ (permítasenos el símil taurino, dada la vecindad del coso maestrante) de los que salió por la Puerta del Príncipe. La vallisoletana derrochó en sus intervenciones naturalidad y elegancia en su fraseo, algo realmente admirable en su versión de Deh vieni non tardar de Mozart. Allí afloró toda la carga de sensualidad que el genio de Salzburgo supo insuflar a este momento. Martín-Cartón supo atacar con firmeza los graves de “notturna face” sin cambiar el color y enlazar con la frase siguiente de manera elegante. Su voz rutilante, de timbre bellísimo y agudos refulgentes, perfectamente proyectados, sin saltos entre los registros, le permitió firmar una soberbia interpretación del aria Vorrei spiegarvi, oh Dio.

El diálogo inicial con el oboe (sensacional el solista de la ROSS) estuvo marcado por un legato de la mejor ley, dando paso al despliegue técnico en la segunda sección, en la que fue espectacular su tremendo salto interválico (¡de Si3 a re6!) sobre la palabra “Parlate”, en el que no se sabe qué alabar más, si su capacidad de alcanzar con nitidez la nota más grave o la precisión y limpieza de su ascención de más de dos octavas. Quedaba todavía demostrar que controla sin reparos el mundo de las coloraturas y para ello deleitó con el aria Voi la sposa de L’ocassione fa il ladro de Rossini. Aquí, sin trampa ni cartón, la soprano mostró su control de la emisión, su dominio del staccato, su sabiduría en materia de ornamentación y, ante todo, su extremada musicalidad. El público correspondió con aplausos más repetidos de lo habitual y obligò a la cantante a regalar una exquisita y llena de gracia versión de Tornami a vagheggiar.

(Fotografía: Guillermo Mendo)