Sébastien Daucé: “‘Le Ballet Royal de la Nuit’ fue el principio del esplendor de las artes en Francia”

Sébastien Daucé: “‘Le Ballet Royal de la Nuit’ fue el principio del esplendor de las artes en Francia”

El Ensemble Correspondances que dirige Sébastien Daucé se ha convertido en el último gran embajador de la música barroca francesa. Acaba de publicar un CD dedicado Michel-Richard de Lalande en el sello Harmonia Mundi (reseñado por Javier Sarriá Pueyo en el número de mayo de SCHERZO) y el día 19 de este mes de junio ofrecerá en el Teatro Real de Madrid el que sin duda es su espectáculo más emblemático, Le Concert Royal de la Nuit, una recreación de lo que fue Le Ballet Royal de la Nuit, acontecimiento en el que intervino un Luis XIV adolescente y que para muchos supone el inicio del esplendor de Francia no solo en las artes, sino también en la política internacional. Daucé explica en esta entrevista los detalles de la grabación de Lalande, del Grand Motet —género que surgió en la corte de Versalles y que perfeccionó dicho compositor— y también, por supuesto, de la velada que se vivirá próximamente en el Teatro Real.

Recientemente ha publicado un cd con Grands Motets de Lalande, que es el decimoséptimo en la discografía del Ensemble Correspondances. De ellos, quince están dedicados al Barroco francés, lo cual es toda una declaración de intenciones. ¿No le interesa la música que se hacía fuera de Francia?

No, no se puede decir eso. Amo muchas músicas, pero el Ensemble Correspondances circula por un carril que es el de la exploración del repertorio francés. No solo es porque me interesa, sino porque creo que todavía quedan muchas cosas por descubrir y por revelar. Empezamos por compositores como Moulinié, Du Mont 0 Charpentier, y estamos ya en Lalande, lo que es una suerte de evolución cronológica en nuestro viaje. Hemos explorado la música que se hacía en lo que podemos considerar los primeros momentos del Barroco francés y nos encontramos ahora de lleno en el Grand Motet. A lo largo de ese viaje, hemos parado en otros compositores que surgieron antes del Grand Motet. Esto ha sido también muy importante para los integrantes del Ensemble Correspondances, porque, una vez que trabajas en Du Mont, entiendes mejor lo que luego hizo Charpentier; y una vez que trabajas en Charpentier, comprendes con mayor facilitad lo que luego hizo Lalande. La forma de tocar en aquel periodo fue también evolucionando a medida que pasaban los años, por lo que conocer esa evolución interpretativa nos permite trabajar mejor los detalles. No digo que sea esta la única manera posible de trabajar, pero es la que más me gusta.

Si pensamos en Luis XIV y en la música que le complacía, el primer nombre que nos viene a la cabeza es Lully. Pero, en mi opinión, más importante que Lully fue Lalande, que estuvo a su servicio cerca de cuarenta años.

Lully fue un gran promotor de su propia obra y por eso la gente lo conoce mejor a él que a Lalande. Tiene usted razón en lo que dice: Luis XIV tuvo predilección por Lully durante un tiempo y, sin embargo, luego su elección personal fue Lalande. Lully murió en 1687, aunque Lalande ya había sido reclutado por el monarca antes, en 1683. Lalande era mucho más reservado y discreto que Lully, pero probablemente fue el gran talento musical francés de entonces, como lo indican los muchos cargos que tuvo en la corte y que fueron bastante más importantes que los que tuvo Lully. Yo me atrevería a decir que el hueco que Lalande ocupaba en el corazón de Luis XIV era más grande que el que ocupaba Lully.

Lalande compuso cerca de ochenta Grands Motets, que era el género musical por antonomasia en la corte de Versalles, pues en él iban de la mano religión y política.

Lalande evolucionó hasta extremos insospechados la labor que en la Chapelle Royale había emprendido Du Mont, quien escribió una veintena de Grands Motets. Lalande puso la música de Du Mont sobre la mesa y empezó a cambiar cosas y más cosas, sin parar. Es muy interesante comprobar cómo evoluciona aquella música de Du Mont, de Lully e, incluso, de Pierre Robert cuando Lalande asume el protagonismo. La forma del Grand Motet es la misma siempre, pero el estilo de Lalande es completamente nuevo. Lo que figura en nuestro último cd es precisamente el inicio de este cambio. Es como si alguien escuchara a un niño que está aprendiendo a hablar y, unos años más tarde, lo vuelve a escuchar cuando ya es una persona adulta. ¡El cambio es brutal!

La importancia del Grand Motet se constata cuando comprobamos que llegó hasta la Revolución francesa siendo el género preferido de la monarquía. Hablamos, más o menos, de siglo y medio.

En mi opinión, el Grand Motet era lo que marcaba la distancia entre el rey de Francia y el papa de Roma. Si trabajabas en Roma, escribías misas y motetes, siguiendo la liturgia católica y dejando claro que acatabas la autoridad papal. Pero Luis XIV buscaba una liturgia diferente a la de Roma, y para eso se sirvió de la música. Parece un dato irrelevante, pero tiene una enorme importancia política: Luis XIV pretendía demostrar al mundo que su dependencia de Roma no era absoluta.

Supongo que no debe de ser fácil hacer Grands Motets en nuestros días, porque se requiere una masa coral grande y otra instrumental igual de grande.

En efecto, hablamos de aproximadamente 45 personas. Pero si quieres poner de relieve las emociones que alguien experimentaría al escuchar estas obras en aquel tiempo, no puedes andar reduciendo efectivos. Es el número perfecto para esta música.

Dejemos las grabaciones y hablemos de los conciertos en directo… El 19 de junio el Ensemble Correspondances lleva al Teatro Real de Madrid uno de sus mayores éxitos: Le Concert Royal de la Nuit, es decir, una recreación de lo sucedió el 23 de febrero de 1653 cuando un Luis XIV que solo tenía quince años bailó, cubierto de oro y piedras preciosas, en Le Ballet Royal de la Nuit. Aquel día nació el Rey Sol y, seguramente también, el Grand Siécle.

Fue un trabajo que nos llevó casi tres años, a partir de los fragmentos musicales que se habían conservado de aquellos fastos. Tendríamos que haberlo interpretado en 2020 en el Teatro Real, pero fue justo cuando comenzó el confinamiento por la pandemia de la Covid-19. Se trata de un espectáculo que hemos hecho en varias ocasiones; en algunas de ellas, de manera escenificada, si bien en Madrid va a ser en versión de concierto. La de Madrid fue la primera cancelación que sufrimos en aquel terrible momento, así que estamos deseando recuperarlo ahora y ofrecerlo por primera vez en España.

Si no estoy equivocado, esta va a ser la segunda vez que el Ensemble Correspondances actúe en España.

Sí, la primera fue en Festival de Santander, en 2018. Hicimos un programa con obras sacras de Charpentier.

Dos días antes de Madrid, lo hacen en Bruselas.

Estamos recuperando algunos conciertos que se cancelaron por la pandemia. Fue una terrible pesadilla para todos, pero especialmente para la gente de nuestra organización. No es lo malo que te cancelen un concierto, ya que luego se puede recuperar; lo peor es tener que volver otra vez con los aspectos logísticos y comprobar que los músicos que sí podían venir entonces ahora tienen sus agendas ocupadas. Lo de hace dos años fue una gira por distintas partes de Europa, con una veintena de conciertos. Todo estaba calculado al milímetro; especialmente, la cuestión económica. Pero llegó nuestra ‘amiga’ covid y se lo llevó todo por delante. Han sido dos años durísimos para todos los que formamos parte del Ensemble Correspondances, pero sobre todo para los que organizan nuestras grandes giras.

Seguramente Le Ballet Royal de la Nuit fue el mayor espectáculo que se vivió en la Europa del siglo XVII. No me refiero solo a aspectos como la música, la danza, el vestuario o los decorados, sino al significado político que tuvo. Francia acababa de salir de una cruenta guerra civil y el cardenal Mazarino, con este espectáculo, quería demostrar al mundo el poder que atesoraba el joven rey.

Yo imagino que aquello fue como un resurgir de las propias cenizas. La guerra civil supuso una oscuridad absoluta para Francia y, de repente, en una sola noche se juntaron todas las bellezas que podían darse sobre la faz de la tierra. Sonidos, colores, olores… En un solo día, parecía como si el mundo hubiera cambiado por completo. Fue un gran acontecimiento para la corte francesa, pero también para los embajadores de diversos países que tuvieron la ocasión de asistir invitados. Le Ballet Royal de la Nuit fue el primer símbolo de lo que luego se dio en llamar la grandeur de la France. Porque todo lo que hoy sabemos de aquella noche, de lo que luego sería Versalles, del esplendor de las artes en Francia… nació así. Creo que ha habido pocos momentos tan determinantes en la historia de la humanidad como este.

El rey bailó aquella noche en el espectáculo y apareció caracterizado de Apolo, es decir, el dios de la luz, del sol… Era un mensaje que Francia lanzaba al mundo.

Sí, no fue simplemente un rey que asistía a un gran espectáculo; él mismo fue parte del espectáculo. En una mezcla de ficción y de realidad, buscaba impresionar a otros países y, al mismo, tiempo crear un arte y una política nacionales.

Casi toda la música de aquel espectáculo se perdió y solo, a principios de este siglo, se pudo recuperar parcialmente.

Nunca se perdió del todo, porque estaba depositada en la Biblioteca Nacional de París, pero únicamente la parte de violín. Era una copia que hizo Philidor unos años más tarde. No se hallaba la parte de la orquesta, por lo que no hubo más remedio que reconstruir todo el material. Es probable que el propio Philidor pretendiera reconstruir por sí mismo la música de aquel espectáculo, pero se quedó solamente en lo que le menciono. ¶

Enrique Velasco

(Foto: Julien Mignot)