Sara Blanch, el imparable ascenso

Desde que ganara el Concurso Viñas en 2016, la soprano tarraconense Sara Blanch acumula éxitos en las escenas nacionales e internacionales. A pesar de su juventud, su repertorio cuenta con un gran número de títulos, aunque el Rossini cómico aparece una y otra vez en su recorrido. Tan actriz como cantante, se define como cauta a la hora de escoger sus papeles. Antes de debutar como La Reina de la Noche en la Ópera de Viena, encarna a Fiorilla de Il Turco in Italia en el Teatro Real en una esperada producción de Laurent Pelly.
Tracemos su perfil para conocerla mejor. ¿Cómo definiría su voz?
Soprano lírico-ligera con una cierta facilidad para los sobreagudos pero a la vez con un color no tan ligero en el centro. Oigo una tonalidad algo oscura en ese registro de mi voz y eso me ha hecho a veces querer tirar hacia ahí, pero sé que no tengo que correr. Quizá en el futuro derive hacia una voz lírica, pero la evolución ha de ser natural, sin forzar. Ojalá se desarrollara en ese sentido pero sin perder los sobreagudos (risas).
¿Quiénes han sido sus maestras?
Empecé con Isabel Cañas, seguí en el Conservatorio de Sabadell con Elisenda Cavero, después en la ESMUC con Enedina Lloris y pasé al Liceu con Carmen Bustamante y Francesca Roig. Mi maestra actual es Mariella Devia,
¿Cuándo decidió que lo suyo era el canto?
Mis padres son músicos y me llevaban a muchos conciertos pero de música coral o sinfónica. Empecé cantando en el coro de mi pueblo que dirigía mi padre y donde mi madre acompañaba y hacía los solos. Entonces quería cantar moderno por los programas de televisión, pero me dijeron que estudiara en serio y luego ya decidiera, así que a los catorce años empecé con las clases. Me ponía un DVD para imitar el aria de La Reina de la Noche pero no me salían esas notas, claro. Poco a poco veía que a través de la técnica mi voz iba ganando posibilidades y recursos para superar todas mis limitaciones y ampliar mi tesitura. Y fue entonces cuando decidí que me quería dedicar a la ópera.
Es la tercera vez que actúa Vd. en el Teatro Real, ¿verdad?
La primera vez fue en el concierto de ganadores del Concurso Viñas en 2016. Mi primera producción fue El Gallo de Oro, donde precisamente hacía de Gallo y ni siquiera estaba en escena, pero me gustó mucho la experiencia de cantar junto a la orquesta en el foso. Después vino Thaïs en versión concierto junto a Ermonela Jaho y Plácido Domingo en 2018 con otro pequeño rol, y por último Óscar de Il ballo in maschera. Fue por una sustitución de último momento y con un papel que no había hecho nunca, pero a pesar de la urgencia y el reto que supuso, fue una experiencia estupenda.
Tiene Vd. una relación especial con Rossini y su debut operístico fue en 2013 en Pesaro. ¿Qué tiene de particular su música respecto a la de otros belcantistas?
Tiene una escritura muy suya que hay que estudiar bien. Por ejemplo, utiliza siempre las zonas de pasaje donde hace los finales de los concertantes con agilidades rápidas y eso puede llevarte por momentos a dar más voz de lo que se debe como haríamos en las partituras de otros belcantistas en esa misma tesitura. En Rossini, hay que funcionar un poco de forma mecánica y muy técnica en esos puntos concretos para poder gestionar y llegar como es debido a los momentos que demandan más voz y más lirismo. Es muy importante entender su lenguaje, que es lo que me enseñaron en la Academia Rossini en 2013, a donde vuelvo este verano tras diez años de carrera con mucha ilusión.
Una de las cosas complicada de Rossini es aunar el ser un solista muy solvente para abordar unas arias de una enorme exigencia técnica, pero al mismo tiempo ser capaz de integrarse a la perfección en los números concertantes, que tienen mucho peso. ¿Cómo se gestiona esto?
A mí siempre me ha gustado mucho cantar en coro y he aprendido mucho de ese ejercicio tan importante que supone escuchar al otro en diferentes agrupaciones. Hay magia cuando las diferentes voces y colores se fusionan. Lo más importante de cantar en conjunto es entender que no es tu momento, que ya tienes tus arias donde sobresalir. Aquí se trata de obtener el equilibrio de las voces y me gusta que todos trabajemos en esta dirección o bien dejar el protagonismo al otro si le toca. Es un trabajo de conjunto vocal y de conjunto humano.
¿Y cómo se siente como la Fiorilla de Il Turco, esa coqueta impenitente?
Es un papel que debuté en Oviedo en 2018 y me encanta retomarlo en Madrid. Busco la parte buena de los personajes que interpreto, pero en este caso más bien intento justificar o entender sus acciones, porque la verdad es que es un poco frívola, para decirlo suavemente (risas).
Hay un recitativo con Don Geronio, su marido, en el que él le reprocha su actitud, a lo que ella contesta que ya no la mira como lo hacía antes. Así que como considera que su marido no la está tratando como es debido, que ya no cuida la relación y no le aporta lo que necesita, ella se lo busca por su cuenta y se dedica a jugar. Y por otra parte está su orgullo femenino, porque en un recitativo con Zaida y el Turco llega a decir que lo que le importa es vencer a su rival y que Selim en el fondo le da igual.
Pero tira demasiado de la cuerda, su marido se harta y la echa de casa, así que se encuentra sola y señalada por todos, con la vergüenza de tener que volver a casa de sus padres a Sorrento por un juego en el que además ha hecho mucho daño a Don Geronio. Y claro, una cosa es el juego amoroso, el coqueteo que puede gustarnos, pero otra diferente es lo que importa de verdad. Y eso le pasa a ella, o eso quiero creer para hacerla más humana. Al final todo termina bien y les deseo que todos aprendan la lección a partir de ahí y se cuiden más.
Vamos con la cuestión escénica. Háblenos del trabajo escénico con Laurent Pelly.
Nos conocimos en un Don Pasquale en Sevilla y tuvimos muy buena conexión. Me gustó mucho su forma de trabajar porque a cualquier nota le da un sentido escénico. Por ejemplo en esta producción hay mucho movimiento y todo ello con una enorme precisión y limpieza, lo que demanda mucho esfuerzo, porque cuando Laurent quiere un movimiento lo quiere exactamente en un punto y no en otro. En este Turco no hay espacio para cierta flexibilidad que yo tenía en la cabeza: él quiere un tipo de mirada, un gesto exacto y es eso y no otra cosa.
¿Y cómo es esta producción en concreto?
Va a ser algo muy original. Se ha inspirado en las fotonovelas italianas de los años 50.
¿Como El jeque blanco de Fellini?
Sí, exactamente. Por eso hay momentos de mucho movimiento y otros en que estamos como fijados en una foto, como metidos en una viñeta. Su idea es que el Turco es producto de la imaginación de Fiorilla, enajenada por las fotonovelas y aburrida de su vida matrimonial.
¿Cómo se enfrenta a la parte de actuación actoral? Porque ya es Vd. una estupenda actriz.
Muchas gracias. Me lo tomo muy en serio. Como todos los estudiantes de canto, tuve una formación escénica en el Conservatorio y previamente había tenido clases de teatro en la escuela y como actividad complementaria. Después, con cada producción o cada director de escena, intento entrar en la cabeza de lo que quieren, como he dicho, porque hay que entender el lenguaje que cada uno quiere emplear y a veces dar un vuelco a lo que traes en la cabeza, aceptar lo que tienen en la mente y vestir a tu idea con sus ropajes. Trabajo mucho delante del espejo y no termino de desconectar nunca, porque se me queda lo que estoy haciendo y de repente me viene una idea y pruebo en ese mismo momento. En definitiva, mi actuación supone una práctica personal mía de lo que me piden los directores de escena.
Da la impresión de que los jóvenes cantantes se forman de una manera más integral, no sólo pensando en ser solista de ópera, sino preparándose para ser más versátiles, quizá por las exigencias de nuestro mundo musical, tanto en lo que se refiere al repertorio como a otros géneros vocales.
Creo que sí. Hay mucha más exigencia en el aspecto actoral, por ejemplo y por tanto ya vas con una mentalidad más abierta y mayor capacidad de adaptación a lo que te pidan. En cuanto al repertorio, hay tanta competencia y tanta gente muy bien preparada que hay que estar efectivamente más formado para un espectro más amplio. Pero también es una cuestión de las oportunidades que se presentan.
Creo que hay dos tipos de cantantes: los que se centran en un repertorio muy concreto de unas cuantas óperas y no salen de ahí durante mucho tiempo y los que van variando y aprendiendo repertorio nuevo. Lo primero es más cómodo y te hace profundizar mucho, pero yo prefiero incorporar títulos y ampliar mi campo de acción, porque es lo que me hace avanzar, siempre teniendo en cuenta lo que mi voz puede hacer, como ya le he dicho. Claro que, en última instancia depende de lo que te proponen, y si se te da bien Lucia y te llaman para hacerlo mucho, pues por qué no.
¿Y le están llamando para hacer mucho algún papel?
Pues la verdad es que estoy haciendo muchos debuts, uno detrás de otro, así que casi estoy deseando repetir algún personaje.
¿Cómo se gestiona el tener que aprender una ópera tras otra sin descanso?
Es duro. Ahora vengo de unas vacaciones de veinte días que necesitaba realmente. En verano debuté Adina de Rossini, empecé la temporada con el Don Pasquale en el Liceu y luego vinieron cuatro debuts seguidos: La Sonnambula, que es muy exigente; la Ophélie de Hamlet en Oviedo; Le nozze di Figaro, que vocalmente me va muy bien pero que tiene mucho recitativo; y por último The Rake’s Progress y en medio la Segunda Sinfonía de Mendelssohn, que también era un debut. Es muy interesante, he aprendido mucho, ha sido un reto que me ha hecho ver que soy capaz de superarlo, pero es muy estresante porque además ha sido en lugares diferentes, teatros distintos…
Y todo esto con poco tiempo de estudio y también con necesidad de gestionar la parte emocional que supone estar alejada mucho tiempo de mis seres queridos. Pero la vuelta ha sido estupenda porque supone retomar el contacto con el instrumento con mucho cariño y cuidado, y a partir de ahí se construyen muchas cosas que sirven también para afianzar el trabajo hecho previamente.
Tenemos un plantel estupendo de sopranos lírico-ligeras: Lisette Oropesa, Nadine Sierra, Sabine Devieilhe, Fatma Saïd… ¿Qué tiene la voz de Sara Blanch que no tengan las demás?
Pues me gustan todas y tengo un enorme respeto por todas ellas. No es una cuestión de qué tienen unas que no tengan las otras, sino que cada una ha llegado a un nivel alto con sus cualidades propias. A mí me gusta ver cómo ha despuntado cada una. Yo las seguía antes de que sus carreras fueran tan importantes y cuando una emergía de pronto, yo me decía que sólo podía llegar hasta ahí una como ella. Y de pronto, surgía otra que también triunfaba, y luego otra, así que pienso que hay espacio para todas, y que lo importante es trabajar y transmitir cada una con su propia identidad y su propia personalidad.
La voz es el color del alma, porque sale de ti, de tus entrañas, de tu propia energía que transmite emoción y cada una lo hace de una manera y tiene su lugar. Hay que ser muy exigente con el trabajo propio, poner toda la pasión y el empeño y no compararse, porque no se trata de hacer sombra a nadie.
¿Qué proyectos inmediatos tiene?
Tres nuevos papeles: Aureliano in Palmira en verano en Pesaro, Medea en el Real, y Pamina de La flauta mágica en el Maggio musicale de Florencia. También me ilusiona mucho mi debut en Viena con La Reina de la Noche, un personaje que ya he cantado.
Un papel que le gustaría cantar.
¡Gilda! ¡Quiero cantar Gilda! Cuando surgió la ocasión, lo dejé pasar porque no terminaba de verlo y ahora no llega o viene cuando tengo la agenda ocupada.
¿Piensa Vd. que la ópera está en crisis de público?
Mi percepción es que la gente va a la ópera y hay muchas iniciativas para que haya público nuevo y atraer a los jóvenes, que quizá tienen cierta barrera psicológica con el género, porque les parece algo para gente mayor. Hay que acabar con la idea de que es algo elitista, porque francamente, ir al fútbol tampoco es que sea barato. Hay muchas funciones y muchas posibilidades para ir a precios moderados. Hay que dar el paso y que no sea una barrera mental lo que te impida disfrutar de algo que te puede aportar mucho.
La ópera te ofrece canalizar la emoción a través de la música y conectar con la gente. Y eso es lo que puede enganchar al público. Cuando vas a una sala y te llega una emoción tan potente que te toca el alma, eso te hace abrir tu propia conciencia y evolucionar. Y cuando eso sucede, entonces seguro que quieres volver para vivir de nuevo esta intensidad. El tiempo desaparece, no existe y uno siente una especie de expansión, de libertad. ¶
Ana García Urcola


