SANTIAGO DE COMPOSTELA / La Real Filharmonía y el Festival RESIS se unen para mostrar el talento de los jóvenes compositores

Santiago de Compostela. Auditorio de Galicia. 9-V-2025. Real Filharmonía de Galicia. Director: Jordi Francés. Obras de Liu, Gao, Navarro Valcárcel, Jamar, Russo, Pérez Soriano, De la Hera y Sánchez-Verdú.
Feliz encuentro, el que el pasado 9 de mayo reunió, en el Auditorio de Galicia de Santiago de Compostela, a dos de los proyectos artísticos más interesantes de cuantos hoy en día se puedan disfrutar en la música gallega: los de la Real Filharmonía de Galicia (RFG) y el Festival RESIS, que con muy buen criterio han unido sus fuerzas en un programa a escala internacional para revelar el talento de los casi ochenta jóvenes compositores que se han presentado a un proceso de selección del que, finalmente, siete fueron los elegidos para participar en el 2º Taller de Composición que conjuntamente han organizado la RFG y el RESIS.LAB; taller en el que estos siete compositores, originarios de China, Bélgica, Italia y España, pudieron trabajar, del 5 al 9 de mayo, con José María Sánchez-Verdú, como profesor de composición, y con Jordi Francés, director que se puso al frente de la RFG para ofrecer el estreno de cada una de estas siete partituras y realizar una grabación de las mismas.

Ni que decir tiene que nos parece más que necesario e interesante que un festival de música contemporánea y una orquesta profesional trabajen conjuntamente de este modo con las nuevas generaciones de compositores, cumpliendo una más de las funciones que deberían ser consustanciales a nuestras orquestas públicas, como lo es la vertiente formativa, y ya no sólo a nivel de divulgación entre el público escolar, sino a la hora de trabajar con los jóvenes compositores; situación que, además, permite poner a los músicos en contacto con la diversidad técnica y estilística que estos creadores representan, así como al propio público, que se beneficia de la oportunidad de conocer, en tiempo real, las últimas tendencias musicales de esta tercera década del siglo XXI.
Nuestro recorrido por esa marcada heterogeneidad que hoy es seña de identidad de la composición actual comenzó con la compositora china Shiwei Liu, que en Santiago presentó Ihre Berge, una partitura para orquesta y electrónica que se adentra en uno de los temas sobre los que Liu más ha trabajado en el campo de la música: la naturaleza multifacética de la identidad femenina, ejemplificada en esta partitura en la contribución de las mujeres chinas a la construcción de ciudades como Hunan, de donde Shiwei Liu es originaria. Tramada como un gran caleidoscopio orquestal, Ihre Berge remeda ese frenético movimiento constructivo, con constantes estructuras que proliferan en la orquesta, uniendo sonoridades orientales y clichés de la música contemporánea.
Otra buena muestra del efervescente momento que vive la composición china es la presencia de una segunda creadora de dicha nacionalidad en este concierto, Yehong Gao, de quien escuchamos Symbiosis, una partitura en la que expresa su convicción de que la protección de la naturaleza y el desarrollo tecnológico pueden caminar de la mano, sin perjuicio del medioambiente, poniendo sobre el escenario del Auditorio de Galicia, como antes lo había hecho Shiwei Liu, algunas de las temáticas que más preocupan a estos jóvenes compositores. Para desarrollar tales ideas y sus derivadas éticas, Symbiosis juega con la dispersión y la multiplicidad de la orquesta, cual si de un océano se tratase, por medio de una saturación armónica y unos contrastes dinámicos entre bloques de naturaleza postpendereckiana, hasta que la partitura finalmente se termina diluyendo, como un mar visto a lo lejos, en los rebotes de los contrabajos.

Con el valenciano Luis Navarro Valcárcel y De espacios y gentes (II). La idea de norte llegamos a la que me ha parecido la partitura de mayor nivel de las siete estrenadas en Santiago, una obra que muestra las influencias bien asimiladas procedentes de un José María Sánchez-Verdú que fue profesor del propio Navarro. La idea de norte nos remite a ese norte como espacio conceptual, con su luz, color y forma de ser y estar en el mundo; tratando, así, de comprender al ser humano a través de una geografía en la que la misma orquesta se acaba convirtiendo.
Nacida desde la cuerda grave en una densidad magmática que nos habla de las bases tectónicas de dicha geografía, sobre la gran variedad tímbrica construida por Luis Navarro va progresivamente emergiendo el violín del concertino James Dahlgren como si del ser humano que fructifica de dicho paisaje se tratase, un violín en cuyo registro agudo concluirá La idea de norte, materializando esa progresión desde la naturaleza al hombre. Sobre la prolija diversidad de texturas y resonancias que Navarro construye, con gran sensibilidad y criterio, en la orquesta, el violín expone verdaderas convulsiones que concentran los pálpitos orquestales, confiriéndoles otro timbre y color. Gran trabajo, el de Luis Navarro, que merecería nuevas audiciones en el futuro.
Ya que al norte nos remitía la partitura de Luis Navarro, al norte nos fuimos, de la mano del compositor belga Alexandre Jamar, aunque en su pieza orquestal Essere Floglia Jamar dialogue, a su vez, con el sur; en concreto, con el artista italiano Giuseppe Penone, de quien toma el título de su obra. La escultura de Penone y su forma de revelar la fragilidad de los materiales transforma a la orquesta en un artefacto musical marcado por la levedad y una armonía en registros agudos que hace flotar a la masa orquestal cual nubes, moduladas por sutiles y constantes cambios de forma y color. Ello confiere a Essere Floglia una filiación netamente ligetiana, con las micropolifonías a través de las cuales va mutando la orquesta, siendo las maderas el núcleo de dichos procesos de transformación de ritmos y cromatismos. Como en Ligeti, existe una idea deudora de la polifonía medieval y, al igual que en la música del húngaro, mediada la partitura nos encontramos con los mecanismos, exponiendo lo rítmicamente más obsesivo en las cuerdas, antes de que las trompas retomen el paisaje orquestal de nubes en su diálogo con las iridiscencias armónicas de los contrabajos. Desde dichos extremos se irán incorporando los demás instrumentos de viento y el conjunto de la orquesta, construyendo una nueva polifonía que supondrá la síntesis final de las nubes y los mecanismos (al igual que hacía el propio Ligeti) hasta que la integración armónica del conjunto se va perdiendo en lontananza, como otra nube perdida en el firmamento.

Piamontés, como Giuseppe Penone, de Mariano Russo escuchamos el estreno de Una construzione dell’assenza, una obra en la que, desde una masiva presencia inicial, Russo construye esa idea de ausencia por medio del contraste, deformando la realidad a través de nuestra percepción de las distancias y los volúmenes orquestales. Para ello, desde los aguerridos ataques de las cuerdas Una construzione dell’assenza va progresivamente utilizando los glissandi en la percusión y la profundización y el uso de las perspectivas en las estructuras armónicas para que creamos ver la ausencia como realidad tangible. Impulsos, silencios y contrastes se van alternando en la orquesta, con algunos dejes sciarrinianos en las maderas, para que, finalmente, en los últimos compases se materialice de forma más palpable esa ausencia, como vaciado musical.
La dos últimas obras nos devolvieron a España, para dejarnos sendas muestras del buen momento que vive nuestra composición en el siglo XXI. Como cada uno de estos siete jóvenes creadores, la murciana Esther Pérez Soriano se subió al escenario para presentar su partitura al público, relacionando Labyrinth con el pensamiento de Roland Barthes y la idea de las estructuras habitables que devienen laberinto, con las distintas formas de encontrar una salida del mismo. Ese laberinto se genera, en la partitura de Soriano, desde las maderas en unos agudísimos armónicos que van creando el espacio orquestal hasta alcanzar los graves, llevando a cabo una muy refinada cristalización del conjunto. De este modo, en los compases más apremiantes y virulentos podemos identificar el ansia de quien escapar quiere del laberinto, cuya angustia disuelve las fronteras entre el yo y un espacio con el que su cuerpo se con-funde; de ahí, que los multifónicos, el ruido y los armónicos que proliferan por toda la RFG hagan que nos pueda llegar a parecer que lo fisiológico del yo y lo arquitectónico del laberinto se hiciesen una sola sustancia, dotando de mayor profundidad a una partitura de gran belleza y calidad en cuanto a desarrollo estructural y trabajo del timbre con diferentes técnicas.
El séptimo y último estreno de la noche llegó de la mano del jerezano Ángel de la Hera, de quien escuchamos Trampantojo, una partitura que dialoga con la pintura de Soledad Sevilla, de quien De la Hera toma la multiplicidad de líneas y la capacidad que cada una tiene para desarrollar vida propia en los cuadros de la artista valenciana. Así, esa proliferación de la forma y del color es la que insufla el concepto y la estructura que vertebra Trampantojo, utilizando De la Hera, como lo hace la propia Sevilla, motivos sencillos como las piezas básicas que conforman sus conglomerados acústicos, de sonoridad en ocasiones tradicional en sus elementos armónicos, pero cuya acumulación, síntesis y saturación produce esa tensión cromática y el abigarramiento de una forma que pareciese multiplicada estocásticamente: marca de la casa en el arte de Soledad Sevilla. Serán las trompas las que nos introduzcan en ese mundo de sonoridad plástica, pictóricamente acuosa, que exponen los primeros motivos que posteriormente se expanden al resto de la orquesta; de algún modo, como Alexandre Jamar, utilizando procedimientos postligetianos en los que la sensualidad de las nubes de colores armónicos y los mecanismos rítmicos se alternan y sintetizan, recorriendo toda la orquesta hasta regresar finalmente a las trompas.
Tanto en la partitura de Ángel de la Hera como en las seis de los compositores precedentes, hemos de destacar el enorme trabajo desarrollado por Jordi Francés y los profesores de la RFG, que han dado toda una lección de profesionalidad por cómo han profundizado en siete obras de estéticas tan diferentes, perfilando con criterio sus procedimientos técnicos, sensibilidades y narrativa, en una iniciativa, ésta del 2º Taller de Composición de la RFG y RESIS.LAB, que apenas se estila en España e, incluso, como afirmó José María Sánchez-Verdú en la presentación del concierto, es una rara avis en Europa. La disponibilidad y la precisión en el trabajo con estos siete jóvenes compositores, la construcción de una sonoridad netamente actual como orquesta y el gran balance entre sus distintas secciones nos hablan de una RFG que ya se va haciendo un nombre en la música del siglo XXI, al ir sumando estrenos y, desde esta edición, una presencia en festivales como RESIS que esperemos tenga continuidad en el futuro.
Precisamente, con José María Sánchez-Verdú finalizó este concierto, después de que el compositor andaluz hubiese ahondado, en sus seminarios con estos jóvenes creadores, en algo tan fundamental en su música como la interdisciplinariedad y el enfoque de la composición desde una perspectiva humanista, ética y transcultural, algo que, de nuevo, confiere raíces a su partitura escuchada el pasado jueves en el Auditorio de Galicia, El palacio de los siete cielos (2024), un aquilatado ejemplo de la influencia que tienen las distintas formas del arte árabe en Sánchez-Verdú, como la caligrafía o la ornamentación en la arquitectura (tan ligada, en el mundo islámico, a la palabra, por medio del Corán), de lo cual la Alhambra es una de sus más perfectas manifestaciones.
Estrenada en noviembre de 2024, precisamente, en Granada, El palacio de los siete cielos abunda en lo que José María Sánchez-Verdú calificó de «transmaterialidad», la que a su partitura llega desde la arquitectura nazarí del Palacio de Comares, con su cúpula de madera y la disposición teológica de dicha ornamentación en la que deviene la palabra. A ello se une la importancia que en el arte árabe tiene la sutilidad de los velos y el progresivo discernimiento entre lo explícito y lo implícito, para lo cual la celosía se convierte en el elemento arquitectónico que materializa dicha dualidad, dejando pasar la luz, pero no la forma, lo que crea una abstracción de las figuras.

Quizás en esa delicada sutilidad se hubiese podido poner más el énfasis, con un mayor refinamiento dinámico a la hora de tejer las celosías orquestales que van convirtiendo a la secciones instrumentales en velos, a su vez, de otras secciones e instrumentos, con una proliferación de materiales marcados por la sensualidad y la inventiva tímbrica, siempre con esa personalidad tan acusada del compositor algecireño en la que la pulsión rítmica y la fusión de distintas técnicas contemporáneas crean un lenguaje inmediatamente reconocible en el que, como en El palacio de los siete cielos, el pasado y el presente se enriquecen mutuamente de sus respectivas marcas de modernidad: hipnóticas, en la música de Sánchez-Verdú, como espacio en el que permanente se reconstruye la historia, interpelando a la gran tradición en distintas artes.
El pasado miércoles, les dimos cuenta en Scherzo de la presentación de la temporada 2025-2026 de la Filarmónica de Berlín, englobada bajo el título Controversial! para reflexionar, precisamente, sobre la historia de la música como espacio de conflicto, debate y evolución; es decir, la misma idea que en la actual temporada de abono está desarrollando la RFG bajo el título de Inconformistas. Es para congratularse, por tanto, comprobar que, además del apoyo a las nuevas generaciones de compositores (la RFG cerrará su temporada con un estreno del joven compositor vigués Miguel Matamoro), la dirección de Baldur Brönnimann y Sabela García está situando a la RFG en el centro de los debates más vivos de la música actual. Esperemos que el público sepa valorarlo.
Paco Yáñez
Foto: Manu Vidal


