SANTANDER / La ópera vuelve al FIS: Afkham insufla vida al Mozart moribundo de Villazón

Santander. Palacio de Festivales. 3-VIII-2026. Javier Camarena, Emily Pogorelc, Theodore Platt, Kathryn Lewek, Franz-Josef Selig, Sofía Esparza, Daniel Domínguez, Valeriano Lanchas. Orquesta Sinfónica Freixenet del Encuentro. Academia Vocal de Cantabria. Dirección musical: David Afkham. Dirección escénica: Rolando Villazón. Mozart: La flauta mágica.
La apertura en 1991 del Palacio de Festivales atrajo importantes producciones operísticas a Santander. Al Otello fundacional de Valery Gergiev y Plácido Domingo le siguieron grandes montajes —como aquella Aida con los telones históricos de Josep Mestres Cabanes— antes de que las limitaciones presupuestarias dieran paso a las versiones dramatizadas de concierto. Tres décadas y media después, para celebrar la 75ª edición del Festival Internacional de Santander, Cosme Marina, su director artístico, se ha propuesto recuperar el culto a la ópera en toda su dimensión escénica con dos funciones inaugurales de La flauta mágica de Mozart en la Sala Argenta.
El montaje de Rolando Villazón, estrenado en la Semana Mozart de Salzburgo, parte de un artículo publicado en 1798 que narra cómo el compositor, ya enfermo, imagina desde la cama el desarrollo de una función de Die Zauberflöte. El problema no es la habitación donde ha de transcurrir el cuento de hadas, sino su inquilino: un Mozart moribundo que se inmiscuye como figurante en la trama de Schikaneder para subrayar lo evidente, distraer la atención con gestos sobreactuados y forzar el desenlace funesto de su propia muerte —y paródica resurrección— tras la incomprensible y anticlimática inclusión del Lacrimosa al final del segundo acto.

Javier Camarena imprimió un fraseo noble a su Tamino, Emily Pogorelc deslumbró como Pamina con un legato pulido y Kathryn Lewek resolvió con precisión los staccati y clavó el Fa sobreagudo. Franz-Josef Selig exhibió unos graves poderosos como Sarastro, mientras que Theodore Platt extrajo todo el nervio cómico del pajarero. La chispeante Papagena de Sofía Esparza contrastó con el Monostatos falto de fuelle de Daniel Domínguez. El trío de damas (Mercedes Arcuri, Sofía Gutiérrez Tobar y Marina Pardo) cumplió con solvencia y Valeriano Lanchas aportó un timbre robusto al Orador y primer sacerdote, junto a Javier Alonso y Esteban Jesús Serrano.

La brillante dirección de David Afkham insufló vida al Mozart agonizante con una atención minuciosa a la retórica vocal y un planteamiento orquestal de transparencias camerísticas que permitió integrar cada número con los diálogos. Los jóvenes músicos de la Sinfónica Freixenet ofrecieron una lectura radiante y ensoñadora de la obertura y, salvo algún desajuste en los tempi, defendieron con rigor estilístico los pasajes más exigentes, como el delicado diálogo orquestal de la escena del Orador. La Academia Vocal de Cantabria arropó con equilibrio y solidez la plegaria de Sarastro y se lució en el inesperado epílogo coral del Lacrimosa.

Más allá de la ocurrencia de celebrar el 270º aniversario del nacimiento de Mozart con la escenificación de sus exequias, resulta innegable el amor que Villazón, en su doble faceta de tenor y regista, ha profesado siempre por el legado del compositor salzburgués. A su arriesgado concepto escénico, apoyado en una dramaturgia de Ulrich Leisinger, no le faltaron soluciones imaginativas, como el reloj que ilumina un tableau vivant inspirado en el universo cromático de Rothko. Su Flauta mágica devolvió la ópera al FIS con la fuerza de las grandes citas, el deslumbramiento de la novedad, el fervor del público y la siempre fértil división de opiniones.
Benjamín G. Rosado


