Scherzo | CRÍTICAS / SAN SEBASTIÁN / Una notable ‘Tabernera del puerto’ en dique seco, por Ana García Urcola

SAN SEBASTIÁN / Una notable ‘Tabernera del puerto’ en dique seco

SAN SEBASTIÁN / Una notable ‘Tabernera del puerto’ en dique seco

San Sebastián. Auditorio Kursaal. 7-VIII-2021. Sorozábal: La tabernera del puerto. Miren Urbieta-Vega, Andeka Gorrotxategi, Damián del Castillo, Rubén Amoretti, Ruth González, Marifé Nogales, José Manuel Díaz, Alberto Núñez. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Coro Landarbaso. Director: Unai Urrecho.

La zarzuela ha vuelto a la Quincena Musical Donostiarra tras largos años de ausencia. Y lo ha hecho con gran éxito de público, como se pudo apreciar en un Kursaal abarrotado. El motivo: el 125º aniversario del nacimiento compositor donostiarra Pablo Sorozábal (1897-1988), autor de algunas de las mejores y más memorables obras de ese repertorio, entre ellas La tabernera del puerto que se representó aquí con un elenco de campanillas.

Cada vez soy más partidaria de las versiones en concierto o semiescenificadas de obras lirico-dramáticas, básicamente porque las puestas en escena me despiertan también cada vez menos interés. Muchos ya estamos cansados del feísmo ambiente, de tener que estar en primera fila para poder apreciar cada ocurrencia del ponedor en escena de turno y de necesitar un manual de exégesis del concepto para entender La traviata (o la que sea), y de ver las intenciones del libretista saltar por los aires, haga o no haga falta. Dicho esto, fue una auténtica pena que La tabernera no se representara escénicamente. Una zarzuela como ésta, con muchos momentos cómicos y que precisa de mucha actuación, se queda corta en versión concierto. Eso de ver una pelea con las coralistas-pescateras a un montón de metros de la increpada solista, bien tiesas y formales mientras la llaman “guarra” y con sus partituras bien sujetas, como si de la Pasión según San Juan se tratara, no sólo provoca que se pierda mucha gracia y salero, sino que la implicación musical resulta prácticamente imposible. Y conste que no culpo a la Quincena, que de sobra sé de lo magro de su presupuesto y de las virguerías que hacen para conseguir estas programaciones, sino a quienes se precian de participar económicamente. En este caso pongo el foco en el Ayuntamiento de San Sebastián, por tratarse precisamente del aniversario de uno de sus hijos más ilustres, que merecía un homenaje realmente a la altura de su arte. No se debería olvidar que Sorozábal ha procurado mucha más gloria a la ciudad de la que sin duda procurará nunca ese famoso metro en construcción cuando se abra de una vez.

Siempre que escucho esta obra me sorprende la maestría con la que el compositor supo aunar las características propias del género, incluyendo canciones populares, romanzas al uso pero de una inspiración tan grande que siguen siendo de las favoritas de cantantes y público, con finuras orquestales y armónicas herederas principalmente del impresionismo francés (a pesar de su formación fundamentalmente alemana), como se puede apreciar desde la Introducción del primer acto. Fueron precisamente esos fragmentos puramente orquestales en los que la Orquesta Sinfónica de Bilbao, bajo la batuta de Unai Urrecho, ofreció los momentos más destacados de su prestación.

El elenco vocal funcionó muy bien, con voces muy adecuadas a los papeles. La gran protagonista, como Marola, la soprano donostiarra Miren Urbieta-Vega, ganadora de multitud de premios y con una carrera ascendente e imparable, tiene una voz realmente muy hermosa, de lírica plena pero con facilidad para las ligerezas y agudos redondos y bien proyectados que la hacen apta para afrontar multitud de personajes, a lo que se une una solidez técnica evidente. Realmente es muy grato disfrutar de unos recursos así. Sin embargo, su Marola resultó un tanto plana. Se trata de un personaje complejo, que lleva sobre sí una carga difícil de soportar y disimular (ser la hija de Juan de Eguía pero que todos piensen que es su mujer) y que tiene que enfrentarse a las comidillas de las mujeres del pueblo mientras los hombres suspiran por ella, por su alegría y gracia. Pues fue precisamente esta complejidad, esta mezcla de fragilidad emocional y fortaleza de personalidad lo que no se tradujo ni en su faceta actoral, ni tampoco en la interpretación musical. La conocidísima romanza “En un país de fábula” estuvo muy bien cantada pero poco interpretada, con escasa implicación emocional. Quizá fue en el dúo del tercer acto con Leandro donde más salieron a relucir sus dotes musicales al completo.

La voz de Andeka Gorrotxategi también es magnífica y perfectamente ajustada para el Leandro, que interpretó con soltura y gran prestancia. Lástima que en la archiconocida y siempre esperada No puede ser pareciera ser un tanto arrastrado por el director hacia un tempo que no era exactamente el que hubiera deseado, lo que produjo precipitación en la sección central. Esta falta de conexión se reflejó especialmente al final de la romanza, cuando la orquesta lo tapó sin piedad. El público, siempre deseoso de escuchar una buena voz interpretando esta partitura, no lo tuvo en cuenta. Y aquí apunto lo que fue seguramente el mayor fallo del concierto: la falta de conexión entre director y cantantes. Desde luego, no es lo ideal tener a los solistas situados un poco por detrás y seguro que el tiempo para ajustar según qué cosas no fue el que se hubiera deseado, pero hay que ingeniárselas. Por muy buen músico que se sea, a veces no basta sólo con el oído: faltó echar una mirada a los solistas de cuando en cuando, flexibilizar los tempi y ser un poco más dúctil en los rubati.

El barítono Damián del Castillo, uno de nuestros valores canoros más importantes fue, sin duda alguna, lo mejor de la velada. El ubetense posee una muy bella voz, un gusto exquisito, una técnica que le permite pasar de unos personajes a otros con total solvencia y una capacidad escénica fuera de toda duda. Él sí que dibujó completamente a su personaje, pasando del enfado a la risa y del reproche a la súplica con total versatilidad y convenciendo. De hecho fue en su romanza del tercer acto No te acerques, no me persigas en la que se vivieron los momentos más emocionantes de la representación. Tendremos ocasión de escucharlo de nuevo estos días en La Fille du régiment.

Estuvieron fantásticos los secundarios, comenzando por el bajo Rubén Amoretti, que conoce el repertorio al dedillo y que encarnó un Simpson de lujo, sobre todo en esa estupenda Despierta, negro. Simplemente perfecta Ruth González como el muchachito Abel, que derrochó gracia y candor tanto en sus más numerosas intervenciones habladas como en las cantadas, en las que pudimos apreciar su bonita voz. También magnífica y divertidísima Marifé Nogales como Antigua, esa pescatera descarada y borracha. Lástima que su parte cantada sea tan breve y no nos dejara disfrutar más de su hermoso color de voz. Muy convincentes y en su sitio también José Manuel Díaz como Chinchorro y Verdier y Alberto Núñez como Ripalda, aportando ritmo y frescura a esta Tabernera sin puerto y en dique seco. Correctas y eficaces las intervenciones del Coro Landarbaso que, repetimos, habría lucido más si las barcas hubieran estado sobre el agua y las pescateras reparando redes y tirándose de los pelos.

Ana García Urcola

(Foto: Íñigo Ibáñez)