SAN SEBASTIÁN / El Clasicismo se instala en el Kursaal

SAN SEBASTIÁN / El Clasicismo se instala en el Kursaal

San Sebastián. Auditorio Kursaal. 19-VIII-2020. Quincena Musical de San Sebastián. Orquesta Sinfónica de Euskadi. Asier Polo, violonchelo. Director: Junjo Mena. Obras de Haydn y Beethoven • 21-VIII-2020. Orquesta Sinfónica de Bilbao. Javier Perianes, piano. Director: Erik Nielsen. Obras de Mozart, Prokofiev y Falla.

La Quincena Musical prosigue su actividad sorteando dificultades y restricciones con la mejor disposición y ánimo posibles. Agradezcamos a la ‘nueva normalidad’ —por aquello de sacar algo positivo de lo más negativo, algo absolutamente contrario a la naturaleza de quien suscribe, por otra parte— el haber descubierto que, ¡oh, sorpresa!, se puede no toser durante un concierto. Ahora la gente se aguanta por miedo a ser fulminados por decenas de ojos circundantes. El día que consigamos que sientan los mismo por dejar el móvil encendido, inundaremos de lágrimas de alegría los auditorios.

Los dos últimos conciertos ofrecidos en el Kursaal han tenido como protagonistas a las dos agrupaciones orquestales de la Comunidad Autónoma Vasca, la Orquesta de Euskadi y la Sinfónica de Bilbao. De la primera sesión se encargó la orquesta residente en la capital donostiarra bajo la batuta de Juanjo Mena. En la primera parte, consagrada a Haydn, se interpretaron la Sinfonía nº 44, “Fúnebre”, y el Concierto para violonchelo en Do mayor, con Asier Polo como solista. Mena consiguió una versión precisa, elegante y equilibrada que fue creciendo en intensidad hasta un Presto final enérgico y bastante vibrante que fue un digno final a esta hermosísima obra. No hace falta desgranar las virtudes del genial concierto que tuvo en el bilbaino Asier Polo un intérprete a la altura de las expectativas: buena proyección de sonido, perfecto control técnico, una concepción muy vitalista de la partitura  y una evidente conexión con el director y la orquesta. Cerró la velada la Séptima sinfonía de Beethoven, prestación en la que la orquesta pareció sentirse más cómoda que con la Eroica dirigida por Bychkov días antes. Desde luego, una idea más matizada en cuanto a planos sonoros y tempi desde el podio contribuyó no poco a una interpretación más sutil y al mismo tiempo con más energía del carácter beethoveniano. Muy destacable la actuación de la sección de viento madera a lo largo de todo el programa.

Tras la apoteósica integral de los conciertos para piano de Beethoven interpretada el verano pasado en el mismo auditorio, la intervención de Javier Perianes con los nº 20 y 21 de Mozart era esperada con verdadera expectación. Aunque quizá las características de este pianista se acomoden mejor a las obras del alemán, su interpretación fue de gran altura y dio muestras, una vez más, de las razones que le han llevado al lugar que ocupa en los escenarios internacionales: una impresionante paleta dinámica, unos pianissimi que llegan a lo prácticamente inaudible, pero que milagrosamente se oyen gracias un control perfecto de la pulsación, una incansable búsqueda de la perfección en la redondez en el sonido y una elegancia incontestable en el fraseo. Como propina nos regaló la Serenata andaluza de Falla que fue simplemente sublime. La Sinfónica de Bilbao acompañó eficazmente e interpretó también la siempre refrescante Sinfonía Clásica de Prokofiev, en la que, en general, la sección de cuerda estuvo más acertada que los vientos.