SAN SEBASTIÁN / Cierre por todo lo alto

SAN SEBASTIÁN / Cierre por todo lo alto

San Sebastián. Auditorio Kursaal. 29-VIII-2020. Quincena Musical Donostiarra. Les Musiciens du Louve. Director: Marc Minkowski, Mozart, Sinfonías nº 39 y 41.

La Quincena Musical Donostiarra clausuró su edición de 2020 con un concierto que era esperado como agua de mayo por la afición. Escuchar a Les Musiciens du Louvre bajo la batuta de su alma mater, Marc Minkowski, es siempre un placer, redoblado en este caso dadas las actuales circunstancias que han obligado a programar muchos menos recitales de los que todos habríamos querido. Los franceses ofrecieron sendas sinfonías de Mozart, las nº 39 y 41, compuestas ambas en el verano de 1788 en pleno frenesí creador. Dos obras llenas de un irrefrenable impulso vital y de una alegría casi contagiosa que Minkowski y los suyos supieron trasladar a la sala.

Aún estaba en el recuerdo de muchos la anterior prestación del conjunto con una sinfonía de Haydn y también la Júpiter del salzburgués, que quizá fue aún más enfervorizada y solar. Esta vez disfrutamos de una versión de igual calidad, pero quizá asentada en una mayor madurez, con mayor deleite en los detalles y mayor decantación en el fraseo. En Mozart siempre está presente el aspecto dramatúrgico, pero quizá sea la Sinfonía nº 39 una de sus obras menos influidas por esta vena y más directamente orquestales, en el sentido que recogerá la gran tradición alemana. Destacó la energía y la compenetración de la agrupación y, muy especialmente, el empaste y complicidad de la sección de viento, sobre todo en el Minueto con trío, uno de los más bellos jamás escritos , aunque quizá se echó de menos una mayor presencia de la flauta solista, con un muy bello sonido pero un tanto escaso.

La Sinfonía nº 41 está más cercana al mundo operístico mozartiano y ahí Mikowski, que sigue siendo un maestro en el arte de crear la sorpresa y gestionar con picardía los silencios, dio una verdadera lección. Maravillosos fueron el Andante cantabile y el exultante Molto Allegro. Como propina, escogieron lo más apropiado: el primer movimiento de la Sinfonía nº 40. Nos faltaron el resto de moviemientos para que la velada fuera perfecta.