SAN LORENZO DE EL ESCORIAL / Barbieri: a propósito de un bicentenario

San Lorenzo de El Escorial. Teatro Carlos III. 31-III-2024. Carolina Moncada, Gerardo Bullón, Juan de Dios Mateos. Carlos Díez, pianista y maestro concertador. Director de escena y texto: Francisco Matilla. Coordinador artístico: Fernando Poblete. Barbieri, 200 años.
Se han cumplido 200 años del nacimiento de Francisco Asenjo Barbieri sin que se hayan organizado actos especiales para festejar la efeméride. Hay personas que llevan mucho tiempo batallando para que se recuerde como se merece a músico, musicólogo, coleccionista, historiador tan insigne. Entre ellos el profesor Emilio Casares, que es quien firma las rigurosas notas del programa de mano de esta convocatoria. Parece que el área de cultura de la Comunidad de Madrid empieza a contemplar el aniversario. Fruto de ello es la organización de un pequeño ciclo de cuatro conciertos en homenaje al compositor.
Hemos asistido al primero y nos lo hemos pasado muy bien. La idea, lograda, era hacer una especie de repaso a la historia del género desde Antonio Literes (Acis y Galatea, 1708) hasta mediados del siglo XX (Las de Caín de Sorozábal, 1958). Hasta trece fragmentos de otras tantas obras, bastantes de ellas, como era lógico, salidas del caletre del músico protagonista, la mayoría poco conocidas –Entre mi mujer y el negro, Robinsón, Las Chichones– han desfilado ante nosotros junto a las celebérrimas Jugar con fuego y El barberillo de Lavapiés.
A las citadas hay que añadir Las Labradoras de Murcia de Rodríguez de Hita (1769), La Generala de Vives (1912), Los caracoles de Guerrero (1931), Me llaman la presumida de Alonso (1935) y Déjame soñar de Guridi (1943). Como vemos, muchos títulos hoy poco o nada conocidos. De ahí la importancia de la labor de exhumación llevada a cabo por la compañía y el gran trabajo realizado por Paco Matilla, fundador y director durante años de Ópera Cómica de Madrid, que tanto y tan bien trabajó en pro del género.
Los fragmentos aparecen engarzados a lo largo de una narración bien trabada que recrea variadas imágenes surgidas de la imaginación de un periodista que trata de redactar en 1923 un artículo sobre el primer aniversario del nacimiento de Barbieri. En esas y mientras se echa un sueñecito recibe la visita de dos curiosos personajes: un hombre que representa el pasado y que conoce la zarzuela desde sus inicios hasta el final de la vida del compositor; y una mujer que representa el futuro y conoce lo acontecido en el género hasta que se acabaron los estrenos.
“Los tres –se nos explica– se convierten en intérpretes y cantan fragmentos de una colección de títulos representativos de cada momento”. Se producen constantes idas y venidas, entradas y salidas, conversaciones alusivas, diálogos. La dama adopta con frecuencia aires de y acentos ingleses, algo que hace con mucha gracia Carolina Moncada, soprano lírico-ligera de vibrato y colorido muy agradables, que dice y canta con propiedad, como demostró en su solo de Las de Caín. El tenor, Juan de Dios Mateo, mostró, con su timbre ligero, aplomo, seguridad, afinación, extensión y una rara homogeneidad. Su voz corrió ayudada de un curioso tinte metálico.
Junto a ellos Gerardo Bullón, barítono lírico bien pertrechado, de nobles acentos y canónica emisión, con agudos fáciles y bien guarnecidos, fraseo amplio y claro, con centro rotundo y vigoroso, compuso un terceto que se entendió a las mil maravillas y animó un cotarro estupendamente movido, con permanente cambios de ropa empleando un variadísimo vestuario diseñado por Mariana Mara. Todo fluyó de forma imparable animado por continuas proyecciones alusivas a lo largo de un espectáculo no por modesto menos eficaz.
Carlos Díez realizó un espléndido trabajo desde el teclado, pegándose muy musicalmente a cada una de las intervenciones vocales, siendo cómplice permanente. Hacia el final de la sesión se abrió un paréntesis y se exhibió en una suerte de fantasía para piano solo de su cosecha en la que escuchamos fragmentos enlazados de algunas de las zarzuelas más conocidas de los años 20: Los Gavilanes, La Dolorosa, Los claveles y un largo etcétera.
Con todo ello, el público que llenaba el pequeño y antiguo Teatro se lo pasó muy bien y aplaudió con calor y reconocimiento. Con justicia, pues había contemplado un espectáculo realizado con medios relativos, pero bien organizado, pensado y dirigido.
Arturo Reverter


