SALZBURGO / Un ‘Don Giovanni’ desmedido

SALZBURGO / Un ‘Don Giovanni’ desmedido

Salzburgo. Grosses Festspielhaus. 7-VIII-2021. 100º Festival de Salzburgo. Mozart: Don Giovanni. Davide Luciano, Vito Priante, Federica Lombardi, Nadezhda Pavlova, Michael Spyres, Anna Lucia Richter, David Steffens, Mika Kares. Coro y orquesta MusicAeterna. Director musical: Teodor Currentzis. Director de escena: Romeo Castellucci.

Se han escrito barbaridades sobre este Don Giovanni desmedido en forma de incontinente batiburrillo, estrenado en el Festival de Salzburgo de la mano escénica de Romeo Castellucci y musical de Teodor Currentzis. El resultado es un fiasco total. La saturación de ideas, la necesidad inútil de que siempre esté pasando algo en escena, los sustos y estrépitos de una acción que parece más empeñada en impactar y provocar que en dar cauce a la ingeniosa obra de arte pergeñada por Da Ponte y Mozart son hechos que se suman al disparate musical que, más allá de la discreta solvencia vocal y estilística de algunos protagonistas, supone agregar o insertar otras músicas, ajenas a la obra maestra mozartiana. Por no hablar de cursilerías tales como crear ‘ambiente’ con grabaciones de pajaritos y cosas así. Un desastre, vamos.

En la escena pasa de todo. Un continuo susto. Igual te cae todo un coche desde el cielo con el consiguiente estrépito al impactar con el castigado escenario, que un piano de cola, una vez descuartizado por el trompazo, sirve, así roto, hecho ciscos, para que Don Giovanni se tire al suelo y simule ante el teclado ser su propio acompañante en los recitativos. Por supuesto, desnudos a raudales, incluso el del propio Don Giovanni en la escena final, bien empalmado en pelota viva mientras se masturba en un apocalipsis del placer, el terror y la chulería. El crítico no quiere ser un pelma como Castellucci, de modo que no sigue un relato de detalles que podría ser tan tedioso como las cuatro horas que dura este abigarrado montaje cargado de talento e ideas, pero que no conducen a nada más que a destrozar la obra de arte. El maestro de periodismo siempre lo dice: “El punto final, siempre lo más cercano posible al comienzo”. Pues eso.

Paradójicamente, el ‘revolucionario’ Currentzis, morcillas y postizos aparte, plantea un Don Giovanni convencional, menos pretencioso y más moderado que su fallida y polémica grabación de 2015. Los tempi tienden ahora a moderarse algo, y obtiene colores y registros realmente atractivos de sus brillantes atriles de MusicAeterna, quienes hacen sonar los instrumentos originales con la calidad y perfección de los modernos, pero con sus colores y registros característicos. En este sentido, el de la calidad y personalidad instrumental, este nuevo Don Giovanni sí es interesante y hasta sobresaliente.

Pero vocalmente el asunto no tiene perdón de dios. Más aún en un lugar como Salzburgo, cuyo Festspielhaus se ubica a pocos metros de la casa en que nació el creador de Don Giovanni, y por cuyo escenario han desfilado los mejores cantantes mozartianos de la historia. Ahora, con un reparto internacional, aunque de mayoría rusa, faltó el estilo, la belleza y calidad vocal que requiere cualquier interpretación mozartiana que se precie, particularmente aquí. Salvo alguna voz femenina, como Federica Lombardi, que compuso una Donna Elvira indemne al atolondrado acontecer dramático marcado por Castellucci, dignificando la baja temperatura vocal de la función. Muy favorita de Currentzis, la también soprano Nadezhda Pavlova no pudo salvar el imposible reto de abordar un rol tan ajeno a su vocalidad como el de Donna Anna. Davide Luciano (Don Giovanni) bastante tuvo con llegar al final de la función después de haber soportado todo y de todo. De lo demás, mejor ni hablar.

Al final, ni un solo abucheo. Aplausos para todos. Comedidos, sí, pero aplausos, al fin y al cabo. Cualquier día saldrá el espectro de Joselito en la escena salzburguesa para cantar Don Ottavio con su vocecita de ruiseñor y le ovacionarán. Al tiempo.

(Foto: Monika Rittershaus)