Salsipuedes

Salsipuedes

Es popular el dicho de “me trae por la Calle de la Amargura” en referencia a aquella persona o situación que nos da mal, o al menos, nos produce dolor de cabeza. En su momento pensé que la cosa se limitaba al dicho, hasta descubrir que la calle en cuestión existió en Madrid (hoy denominada Siete de Julio) y existe aún en Colmenar Viejo, por ejemplo, salvo que haya sido cambiada muy recientemente en esa manía que tenemos por aquí de liar al personal cambiando los nombres de las calles a cada rato, generalmente con más capricho que fundamento. Los nombres de las calles tienen a veces su aquel, igual que los de las empresas. Ahí está, sin ir más lejos, esa funeraria que se llama nada menos que “La Siempreviva”, que supongo que maldita la gracia que les hará a los familiares de los finados. Pero no hagamos lo que aquel diputado en la viñeta de Forges, recogiendo la maqueta de los cerros de Úbeda de manos de un ujier del congreso, y volvamos a las calles.

El otro día me topé, por casualidades de esas que tiene la vida, con otra calle, que existe en Villaverde (y creo que en algunos otros lugares también), y cuyo nombre no deja lugar a dudas: la calle de Salsipuedes. Vaya por Dios, me dije, al ver el nombre, que tiene algo de chiste, como eso de “sal tú, que a mí me va a dar la risa”, porque este verano nos han caído algunas perlas de esas para las que el castizo de hoy diría aquello de “ahora vas y lo cascas”, pero que en realidad son más bien de “sal, si puedes”. Hemos tenido de todo. Primero fueron las oposiciones del Conservatorio en Madrid, que tras treinta años de ayuno se han desarrollado de aquella indigesta manera hasta adquirir el carácter de culebrón de los que ha terminado en la Fiscalía. A estas alturas, no se me alcanza dónde puede terminar el serial. Lo del tribunal de cuerda ha sido una chapuza, sin duda, y veremos en qué queda la repetición del asunto y si la fiscalía detecta otras cosas que puedan acarrear males mayores. Entretanto, otros han salido a la palestra en plan yo también, creo que con desigual acierto, y ya veremos cómo terminan esas otras quejas voceadas desde el mismo diario (importante por demás) y que parecen, cuando menos, borrosas. Creo que aún vamos a tener sorpresas en este asunto.

Continuando por la travesía de Salsipuedes, apareció el listado provisional de ayudas del INAEM, con generosas dádivas a artistas bien establecidos, a conocidos certámenes bien financiados por otras fuentes (Perelada), o con alguno de los vocales que juzgaban las solicitudes de ayuda conectado, mira por dónde, con las ayudas mismas (Torroella de Montgrí). En la otra cara de la moneda, también denegaciones, difíciles de explicar, mecachis, a pequeñas organizaciones dedicadas al impulso de los jóvenes. Pero es lo que hay. Salsipuedes, o entiéndelosipuedes. Debe de ser que yo tengo las entendederas estrechas, porque cada vez entiendo menos.

Poco después asistimos a la nueva campaña propagandística de James Rhodes (“el pianista que revolucionó el mundo de la música clásica”, toma castaña, y nosotros, con estos pelos), sin que ninguno de sus responsables o voceros, aparentemente, tuviera que acudir a urgencias a curarse de una crisis aguda de sonrojo. Uno no deja de sorprenderse de que alguien cuyo bagaje es una desgraciada historia personal (vamos a dejarlo ahí, porque en la materia artística mejor no entrar), sea “ascendido” por prominentes medios de comunicación a las cumbres del panorama pianístico mientras algún joven talento español (Pérez Floristán en los Proms, por ejemplo) ande por ahí en escenarios de primera sin que los susodichos medios se enteren de qué va la guerra.

Y si lamentable era ese desequilibrio, mucho peor es la explosión de la demencial ‘historia’ sobre Plácido Domingo, en la que el tufo a manipulación interesada, medie o no la turbulenta Cienciología (que me da que sí que media) alcanza grados desagradables de hedor. Deplorable espectáculo el que las redes (y algunos medios) están dando con este asunto. Definitivamente parece que hemos perdido el oremus, y por este camino, va a ser que no, que no podemos salir, o al menos que no podemos salir ilesos, como si nos venciera el reto de la calle esa. Hay que coger otra, y pronto. No estaría mal tomar la calle Con Sentido. Por ejemplo. Y si no existe, inaugurarla con urgencia.