Rosanna Carteri, una voz gozosa

Rosanna Carteri, una voz gozosa

Se nos ha ido otra estupenda voz, que campaneó gozosa y alegre de finales de los cuarenta a primeros de los sesenta. Una carrera voluntariamente corta cerrada en plena madurez artística y vocal con poco más de 30 años, con el instrumento aún en sazón. Un instrumento satinado, de transparente cristal, de sólidos apoyos, de extensión envidiable y de anchuroso lirismo; de inusitadas plenitudes, de una tersura y carnosidad reconocibles, manejado a partir de una magnífica técnica emisora, de un dominio de la respiración ejemplar y de una maravillosa e irreprochable reproducción de fonemas, producto de un hábil y flexible dominio de los movimientos faciales. Todo ello hecho con gran naturalidad. Eso es lo bueno. El canto es un artificio, ya se sabe; cuanto menos se note, mejor.

Desde muy jovencita, Carteri, nacida en Verona el 14 de diciembre de 1930, mostró sus cualidades de natura, su límpida voz, su elegancia, su femineidad, su belleza. No fue raro que por ello, tras tomar clases con Ferruccio Cusinati y el tenor Nino Ederle, que reforzaron felizmente sus innatas cualidades, se le abrieran las puertas del éxito. Se dio a conocer en la RAI. Los responsables de las Termas de Caracalla vieron enseguida sus posibilidades y le echaron el guante para hacerla debutar, con tan solo 19 años, nada menos que en el papel de Elsa de Lohengrin de Wagner. En la temporada siguiente estaba ya en el escenario de la Scala para protagonizar una exhumación de La buona figliuola de Piccinni dirigida por Victor de Sabata con reggia de Giorgio Strehler.

A los pocos meses la encontramos en Salzburgo como Desdemona de Otello bajo la batuta de Furtwängler. Una parte que ponía bien a las claras sobre el tapete su cualidad de soprano fundamentalmente lírica, de buen volumen y excelente proyección. Aunque no desdeñaba vestir a otras criaturas de menos fuste vocal, como la más ligera Nannetta de la última obra de Verdi, Falstaff, parte que interpretó en Zurich poco después. Pero lo suyo era, en efecto, lo lírico puro y bien definido. Hizo memorables recreaciones de personajes clave como Marguerite de Fausto, Mimi de La Bohème, Liu de Turandot y, por fin, de Violetta de La Traviata, con la que se presentó en la Ópera de París en 1961. Existe un video de la RAI de 1957 en el que, acompañada del tenor Nicola Filacuridi y del barítono Carlo Tagliabue, se la puede ver y admirar pese a la mala calidad de las imágenes y del sonido. Hacía una gran creación del personaje y cantaba especialmente bien Addio del passato. Su tinte vocal y sus modos iban bien a la cortesana, tanto en las partes más ligeras como en aquellas de mayor exigencia dramática.

A pesar de los pocos años que estuvo en activo tuvo tiempo para estrenar unas cuantas óperas de relieve, lo que ponía de manifiesto su aplicación, su profesionalidad, su adaptabilidad y su amor por lo nuevo. Anotamos entre sus descubiertas por el repertorio no tradicional los estrenos de dos obras de Ildebrando Pizzetti: Ifigenia (RAI, 1950) y Calzare d’argento (La Scala, 1961). También anotamos Proserpina e lo straniero de Juan José Castro (La Scala, 1957), Vivi de Franco Manino (La Scala, 1961), Il Linguaggio dai fiori de Renzo Rossellini (Piccola Scala, 1961), Il Mercante di Venezia de Castelnuovo-Tedesco (Comunale de Florencia, 1961). Y, como cosa curiosa, Opéra d’Aran de Gilbert Becaud (Campos Eliseos, París, 1962).

Inopinadamente, Carteri decidió retirarse en lo mejor de su carrera en 1966, parece que para dedicarse a la familia. Dejó una estela gozosa, con algunas memorables actuaciones, muchas de ellas localizables, al menos los audios, en youtube, como La Traviata apuntada y fragmentos de otras óperas muy bien servidos, como, por ejemplo, el aria de Micaela de Carmen o la de Doretta de La Rondine (esta, como Traviata, con imágenes). Entre sus grabaciones discográficas cabe destacar precisamente Traviata (RCA), Falstaff, Guillermo Tell, Suor Angelica, La Bohème (Cetra), La serva padrona (Columbia), un curioso Requiem de Brahms dirigido por Bruno Walter (Roma, 1952, Fonit-Cetra), Carmen y Turandot (Cetra Opera Live) y La donna del lago de Rossini (EJS).

Hay un buen libro biográfico de la cantante escrito por Paolo Padovan, que fue presentado hace seis años, con la soprano entre el público, en Montecarlo y en Venecia.