ROMA / Un ‘Peter Grimes’ para el recuerdo

Roma. Teatro dell’Opera. 17-X-2024. Allan Clayton, Sophie Bevan, Simon Keenlyside, Cleve Bayley, Jacques Imbrailo, Catherine Wyn-Rogers, Clare Presland, John Graham-Hall, Jennifer France, Natalia Labourdette, James Gilchrist, Stephen Richardson, Paolo Burrini. Dirección musical: Michele Mariotti. Dirección escénica: Deborah Warner. Benjamin Britten: Peter Grimes.
Peter Grimes, de Benjamin Britten, cuenta la triste parábola de un outsider en una comunidad que desconoce la tolerancia y la aceptación en nombre de la respetabilidad y el conformismo. Para Britten la historia tiene un carácter biográfico: la supervivencia en un país donde la homosexualidad era un delito. Hoy en día, la integración es uno de los leitmotiv de las sociedades occidentales sometidas a oleadas de refugiados atraídos por el espejismo de la riqueza y la seguridad. Así pues, el tema de esta ópera de 1944 sigue siendo de gran actualidad, universal. Y, lo que es más importante, está contado con una música que es un puñetazo en el estómago en términos de intensidad y fuerza dramática. Michele Mariotti extrae violencia y tragedia de la sublime partitura con una riqueza cromática y tímbrica que subraya el drama del protagonista. Aunque se mide a este repertorio por primera vez, la orquesta responde con brillantez, siempre en equilibrio entre tragedia y violencia, desgranando la línea melódica.
El reparto es ideal. Loable la elección de cantantes de lengua materna con una dicción preclara que hace innecesarios los subtítulos. El actor-cantante Allan Clayton, con el physique du rôle adecuado, es un Peter Grimes apesadumbrado e introspectivo, con un timbre suave y una voz aterciopelada que engancha al oyente. Sophie Bevan (Ellen Orford), soprano consumada, pliega su voz a la expresión del sentimiento: la técnica (¡y qué técnica!) es siempre funcional a la interpretación. Voz melódica, segura, suave…
Aplausos también para todos los demás personajes interpretados por voces con clase, todas creíbles en sus papeles: actores bregados en la más pura técnica interpretativa de la escuela británica. Destacan especialmente James Gilchrist, que hace un cameo como el reverendo Horace Adams, así como las sobrecogedoras «sobrinas» Jennifer France y Natalia Labourdette. Bravo Simon Keenlyside (Capitán Balstrode). Sobresaliente Catherine Wyn-Rogers como Auntie. El coro, dirigido por Ciro Visco, está llamado aquí no sólo a cantar (loable en su dicción, brillante y compacto en su función coreográfica), sino también a actuar. Y no parece esperar otra cosa. ¡Bravo!
La celebrada directora escénica Deborah Warner, tras sus éxitos en París, Londres y Madrid, aterriza en Roma. Su admirable dirección escenifica el libreto sin resultar plana o puramente ilustrativa, captando inteligentemente el núcleo narrativo subrayado por la escenografía de Michael Levine. Icónico es ese barco obsesivamente en escena: ahora colgado ahora varado en la playa, se erige en metáfora del trágico destino de Grimes. Las escenas de la tormenta con el pub-refugio y eje de la comunidad y la fiesta son muy acertadas. Permanecen en la memoria. Al igual que el cuerpo del marinero de cubierta que, colgado de cuerdas elásticas, flota en el aire como si se hundiera en las profundidades del mar.
Franco Soda
(foto: Fabrizio Sansoni)


