ROMA / Las Termas de Caracalla se convierten en festival

Roma. Basilica di Massenzio. 1-VII-2025. Georg Friedrich Sara Blanch, Ana Maria Labin, Teresa Iervolino, Charles Werkman, Giorgio Caoduro. Dirección musical: George Petrou. Dirección escénica: Ilaria Lanzino. Orchestra Nazionale Barocca dei Conservatori. Haendel: La Resurrezione.
Roma. Terme di Caracalla. 5-VII-2025. Marek Zurowski, Sofia Caselli, Sam Brown, Sergio Giacomelli, Natascia Fonzetti. Dirección musical: Michele Mariotti. Dirección escénica: Damiano Michieletto. Coreografía: Sasha Riva y Simone Repele. Orchestra e Corpo di Ballo del Teatro dell’Opera di Roma. Bernstein: West Side Story.
Basilica di Massenzio 20-VII-2025. Wolfgang Amadeus Roberto Frontali, Vito Priante, Mihai Damian, Gianluca Buratto, Anthony León, Maria Grazia Schiavo, Carmela Remigio, Eleonora Bellocci. Dirección musical: Alessandro Cadario. Dirección escénica: Vasily Barkhatov. Orchestra e Coro del Teatro dell’Opera di Roma. Mozart: Don Giovanni.
Terme di Caracalla. 23-VII-2025. Corinne Winters, Piotr Buszewski, Luca Micheletti, Maria Elena Pepi, Sofia Barbashova, Roberto Accurso, Alejo Alvarez Castillo, Mattia Denti, Christian Collia. Dirección musical: Francesco Lanzillotta. Dirección escénica: Sláva Daubnerová. Orchestra, Coro e Corpo di ballo del Teatro dell’Opera di Roma. Verdi: La traviata.
El Teatro de la Ópera de Roma, gracias a los fondos del Jubileo, ha convertido la tradicional temporada estival en las Termas de Caracalla en un auténtico festival con un programa articulado en el que se alternan espectáculos de danza, conciertos y óperas en dos escenarios: las imponentes ruinas de las Termas de Caracalla, unas de las más grandiosas de la antigüedad, y la nueva incorporación de la Basilica di Massenzio. Este lugar acogió la temporada de verano de la Academia de Santa Cecilia y los ciclos de cine de la memorable «Estate romana» (Verano romano), ideada por el concejal Renato Nicolini a partir de 1977 durante un breve pero muy feliz arco de tiempo.
Una peculiaridad del Festival es que tiene una dirección artística diferente a la del Teatro de la Ópera. Se ha confiado al niño prodigio de la dirección escénica, Damiano Michieletto, que ha tenido carta blanca.
Cuatro son los títulos operísticos en línea con el tema del festival “Entre lo sagrado y lo humano”: La Resurrección de Georg Friedrich Haendel, Don Giovanni de Wolfgang Amadeus Mozart, La traviata de Giuseppe Verdi y West Side Story de Leonard Bernstein, espectáculos distribuidos equitativamente entre los dos escenarios, absolutamente únicos y espectaculares, con 4500 y 1200 butacas, respectivamente. El éxito del evento, a pesar de las críticas a las puestas en escena «demasiado» modernas, también se ha reflejado en la taquilla.
Michieletto ha privilegiado el teatro de regia, y el provincial público romano más tradicional ha torcido el gesto. La decisión es sin duda positiva. El primer resultado de esta «internacionalización» es la tendencia gradual, lenta pero constantemente progresiva, del aumento de un público más joven y de muchos extranjeros.

La Resurrezione es un oratorio que ya en su estreno en 1708 en el Palazzo Bonelli, residencia del marqués Ruspoli, mecenas romano del Sajón, se representó en versión escénica, al igual que en Massenzio. La dirección corrió a cargo de Ilaria Lanzino, muy apreciada en Austria y Alemania, donde reside, y que trabajaba por primera vez en Italia, aunque es originaria de Pisa. Una de las llamadas «fugas de cerebros».
El suyo es Regietheater en estado puro, en esta producción con un toque de blasfemia que no contempla lo sagrado. La parábola de la muerte y resurrección de Cristo se convierte en la muerte de un niño. Una muerte prematura que sumerge a la madre en la desesperación hasta llevarla al suicidio. Mientras, el padre José se consuela en los brazos de otra. El ángel irrumpe en el escenario con un micrófono en la mano, al estilo Lady Gaga… ¡el diablo drag queen! Escenografía de Dirk Becker que, gracias a una plataforma giratoria, pasa del interior de la familia al exterior.
La dirección musical está a cargo de George Petrou, referente en la interpretación del repertorio del siglo XVIII y de Haendel en particular, que saca lo mejor de la Orquesta Barroca Nacional de los Conservatorios. Inevitable la amplificación, resultó desconcertante la ausencia de espacialidad de las voces, que siempre procedían de la misma dirección, de los altavoces, lo que dificultaba identificar quién estaba cantando. Buen reparto. Homogéneo en cuanto al nivel. Ana Maria Labi (Magdalena) comenzó con un poco de vibrato, pero, a medida que avanzaba, su voz creció en intensidad dramática. Impecables Teresa Iervolino (Cleofe) y Charles Workman (San Juan). Sara Blanch (Angelo) afrontó la difícil coloratura con la soltura de un pájaro. Exuberante y brillante Giovanni Caoduro (Lucifero).

West Side Story es el único espectáculo que se beneficia de la amplificación, al tratarse prácticamente de un musical. Michieletto sitúa la guerra entre bandas rivales en una piscina abandonada, una ruina urbana como las que suelen encontrarse en los suburbios, que se convierte en tierra de nadie, metáfora del espacio circunscrito disputado por las bandas callejeras. Bandas que también se identifican con la vestimenta, que se convierte en un signo distintivo de pertenencia, como suele ocurrir entre los adolescentes. Además, la elección de intérpretes «nativos» estuvo muy acertada. Unos tenían el acento inglés de los latinos inmigrantes de habla hispana y los otros, el acento neoyorquino.
Este Romeo y Julieta de hoy en día contó con unos protagonistas muy buenos. Michele Mariotti dirigió con un brío que realzó la partitura y sus muchos ritmos ardientes de danza. Bonita la idea de las grandes letras luminosas que formaban palabras que contextualizan la situación. Quién sabe por qué las magníficas ruinas de las Termas, un fondo espectacular único, a menudo quedaron ocultadas por una cortina de humo (por cierto, el mismo efecto se produjo también en La traviata…). Además, los picos de decibelios de la pista de baile de la Festa dell’Unità situada enfrente, no quedaron bloqueados por las ruinas, sino que llegó su eco.

Don Giovanni es una obra maestra absoluta, perfecta tal y como es. Fue encomendada al director Vasily Barkhatov, el mismo que firma la dirección de Lady Macbeth nel distretto di Mtsensk, que inaugurará la nueva temporada del Teatro alla Scala de Milán. La expectación era grande, la curiosidad también… y todos quedaron decepcionados. Aquí Don Giovanni es un anciano que cuenta su vida de libertino en un… ¡parque de atracciones! ¿Quiere decirnos que ha vivido pasando ligeramente de una atracción a otra hasta la última vuelta: la cena con el Comendador que marca el final de su parábola humana? ¡Se ha eliminado el sexteto final! Es una mala costumbre modificar el libreto para adaptarlo a la idea del director de escena. Aquí también hay una lectura psicológica: un niño huérfano de padre encuentra al final la figura paterna que no tuvo, y sube con sus padres a la noria omnipresente en escena. Escenografía sugerente firmada por Zinovy Msrgolin. A veces se ridiculiza y se banaliza la historia. Sobre todo, se cuenta otra historia. Pensemos en los tres personajes disfrazados de pulpo, abeja y…
Buen reparto. Roberto Frontali, un Don Giovanni anciano de gran valía. Donna Anna (Maria Grazia Schiavo), Donna Elvira (Carmela Remigio), voces que tienen agilidad y intensidad dramática. Elegante y delicada la Zerlina de Eleonora Bellocci. Elegir a Vito Priante como Leporelllo es ir sobre seguro: firma una interpretación elegante. Equilibrada, la dirección de Alessandro Cadario.

Por último, La traviata. También con algunas… locuras. ¡Violetta con corpiño y guêpière negros! Sin duda, no es la vestimenta de una cocotte de alto nivel, sobre todo en una época en la que las mujeres vestían crinolinas muy recatadas. Quizás la imaginaban o querían verla así… Luego, en la fiesta de Flora, el ballet de las gitanas con velo negro según la tradición islámica… En escena, el imponente busto sin cabeza de una mujer con una larga herida que le atraviesa el pecho: ¿el dolor de Violetta que debe negar el amor de Alfredo? Metáfora de la tisis que devora a la protagonista… El reparto fue bueno. Corinne Winters (Violetta) tiene una voz muy bonita, al principio un poco fría, pero que pronto se calentó. Autoritario Germont de Luca Micheletti. Piotr Buszewski (Alfredo) cantó con una voz ágil y bien entonada.
Franco Soda


