Richter y la música rusa

Richter y la música rusa

Sviatoslav Richter. Russian composers (obras de Chaikovski, Borodin, Glinka, Liadov, Glazunov, Rachmaninov, Scriabin, Dargomizhski, Prokofiev, Shostakovich, etc.) / Profil. Hänssler. 13 CD.

Esta imponente caja reúne conciertos en vivo o en estudio interpretados por Sviatoslav Richter entre 1945 y 1963. Es continuación de dos anteriores, Richter plays Rachmaninov & Prokofiev y otra dedicada a Shostakovich. Con este conjunto se van completando las grabaciones de música rusa a manos del gran ucraniano que guardaban los archivos soviéticos. La que ahora comentamos es la más completa. Baste con citar los compositores: Chaikovski, Borodin, Glinka, Liadov, Glazunov, Rachmaninov, Scriabin, Dargomizhski, Prokofiev, Shostakovich. Es decir, la historia de la música rusa leída por uno de los más grandes artistas del siglo XX.

Remarco algunas joyas. Vienen aquí grabaciones en las que Richter acompaña a su mujer, la soprano Nina Dorliak. Para todos será una sorpresa oír su voz cristalina en “El jardín de infancia”, una delicia de Mussorgski. Es una pena no tener los textos líricos del propio compositor. Lo mismo sucede con las “Trece canciones” de Glinka o las “Tres canciones” de Dargomizhski.

Hay más sorpresas. Una de las más volcánicas versiones del concierto n.1 de Chaikovski es el de Richter con Karajan y la orquesta de Viena en el 62, pero aquí la acompaña la de 1950 con Ivanov y la orquesta de Brno. Otra sorpresa es el casi ignorado concierto de Rimski-Korsakov que se edita por primera vez. O el de Glazunov, tan próximo al primero de Rachmaninov. O los estudios de Scriabin ordenados al gusto de Richter y de una deslumbrante brillantez. Fue el joven Richter uno de los virtuosos más veloces e intensos del siglo y se puede comprobar en las “Visiones fugitivas” de Prokofiev, partituras de feroz dificultad a las que se añade la casi imposible Sugestion diabolique.

No hay más espacio, pero el aficionado ya se habrá percatado de que se trata de una edición excepcional. La transcripción digital es milagrosa.