‘Poeta en Nueva York’ llega al Teatro de la Zarzuela convertido en ópera de cámara

En un momento en el que la figura de Federico García Lorca es noticia gracias a la película La bola negra, el Teatro de la Zarzuela acoge este jueves 8 de octubre, en una única función, Poeta en Nueva York, ópera de cámara de Alberto Carretero construida a partir del poemario homónimo del poeta andaluz. La producción, auspiciada por el coliseo madrileño y el Espacio Turina de Sevilla, se estrenó en este último escenario el 12 de junio de 2025 y llega ahora por primera vez a Madrid. La obra combina música contemporánea, flamenco, danza, teatro, artes visuales y electrónica bajo la dirección escénica de Rita Cosentino.
Carretero firma la música y el libreto, que toma como punto de partida la estancia de Lorca en Estados Unidos y Cuba entre 1929 y 1930. La dramaturgia entrelaza versos de diferentes poemas con cartas escritas durante aquel viaje y fragmentos de la conferencia que el poeta pronunció posteriormente sobre Poeta en Nueva York, sin plantear una lectura única del libro. Tal como señala el compositor, música, dramaturgia, texto y espacio dialogan para abrir distintas vías de escucha y de percepción ante un poemario que continúa interpelando al presente.
La obra, de unos 80 minutos, prescinde de personajes convencionales y distribuye la palabra lorquiana entre el barítono Javier Povedano, el cantaor Sergio Gómez «El Colorao» y la voz grabada de Laura García-Lorca, sobrina del poeta. A ellos se suma el bailaor Marco Flores, Premio Nacional de Danza 2026. La parte instrumental corre a cargo del Trío Arbós —Ferdinando Trematore, violín; José Miguel Gómez, violonchelo, y Juan Carlos Garvayo, piano—, mientras el propio Carretero se ocupa de la electrónica.
La dramaturgia se articula en quince escenas y aborda algunos de los asuntos centrales del poemario, como la mecanización, el materialismo, las desigualdades, la alienación y la libertad. Rita Cosentino organiza la puesta en escena en tres grandes bloques que transitan desde la infancia y la pérdida de la inocencia hasta la violencia y despersonalización de la gran ciudad y, finalmente, un ámbito de carácter más terrenal y próximo a lo sagrado.
(foto: Luis Ollero)


