Pepe Romero: “Si la guitarra no está feliz, algo estamos haciendo mal”

Pepe Romero: “Si la guitarra no está feliz, algo estamos haciendo mal”

El nombre de Pepe Romero es parte imprescindible de la historia de la guitarra española del último medio siglo. Bien como solista, bien como miembro del célebre cuarteto Los Romeros (junto a su padre y a sus hermanos Ángel y Celín), ha sido un embajador infatigable del instrumento con más de sesenta discos en su haber y multitud de conciertos en todos los rincones del planeta, incluida la Casa Blanca y el Vaticano. Este mes de julio, el guitarrista celebra sus 70 años de carrera con una gira por Madrid, Zaragoza, Valencia y Granada, en la que estará acompañado por la Annapolis Symphony Orchestra (Maryland, USA) bajo la batuta de José Luis Novo y donde interpretará uno de sus caballos de batalla, el Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo.

Tras setenta años de carrera intensa, ¿le queda todavía algo por hacer?

Siempre. Toda mi vida he estado estudiando música nueva y sigo haciéndolo. El repertorio de la guitarra es mucho más amplio de lo que la gente imagina. Acabo de tocar en California la versión de concierto de Medea de Manolo Sanlúcar, que es una maravilla, y el compositor David Leisner está escribiendo para mí un concierto que estrenaré en 2023. Voy alternando cosas nuevas y cosas que me han acompañado toda mi vida.

¿Hay algo en todo este tiempo que recuerda con especial cariño?

Todos los estrenos absolutos que he realizado: los de Torroba, de Rodrigo y de muchos más. También la primera vez que toqué el Concierto para guitarra de Montsalvatge: ya lo había estrenado Yepes, pero llevaba veinte años sin tocarse y tuve el honor de hacerlo en presencia del compositor. Todo estreno es muy emocionante y se queda grabado para siempre. Recuerdo, asimismo, obras que habían permanecido olvidadas durante uno o dos siglos, como los Conciertos para guitarra nº 2 y 3 de Mauro Giuliani, que tuve la oportunidad de dar a conocer tanto en concierto como en disco. Estos momentos quedan en el recuerdo, así como los conciertos con mi familia o el último concierto donde toqué con mi padre.

¿Cuántas veces ha tocado el Concierto de Aranjuez a lo largo de su carrera?

No se lo podría decir; son tantas que me sería imposible hacer la cuenta. Ni siquiera puedo darle un número aproximado, porque ha sido una cantidad impresionante.

¿Se acuerda por lo menos de la primera vez que lo tocó en público?

La primera vez tendría yo diecinueve o veinte años, y dirigía mi hermano Ángel. Y la segunda vez fue un mes después, bajo la batuta de Neville Marriner.

¿Tuvo la posibilidad de estudiar el concierto con el maestro Rodrigo?

El maestro Rodrigo y mi familia hemos sido íntimos amigos. Junto a su mujer, visitaba a menudo la casa de mis padres; era como si fuera uno de mis tíos. He tocado muchas veces el Concierto de Aranjuez con él al piano y también los demás conciertos suyos. Y no solo su música. También tocábamos muchos conciertos de otros compositores. Recuerdo, por ejemplo, los de Mauro Giuliani: le encantaban y le gustaba mucho improvisar al piano mientras yo tocaba la parte de guitarra. Era un grandísimo improvisador y se divertía mucho haciendo eso. Con respecto a su música, tuvimos la oportunidad de hablar varias veces de cuál fue la fuente de inspiración que lo motivó a escribir el Concierto de Aranjuez y otras obras. Estábamos muy compenetrados y quizá uno de los elogios que más me han llenado de emoción y alegría fue cuando un día me dijo: “Pepín, siempre que tocas mi música sabes lo que hay en mi corazón”. Pero todo esto surge de esa gran intimidad y cariño, de tantas largas y profundas conversaciones que tuvimos no solamente yo, sino todos los miembros de mi familia. Lo mismo ocurrió con Federico Moreno Torroba. (…)

Stefano Russomanno

[Foto: Antón Goiri]

(Comienzo de la entrevista publicada en el nº 386 de SCHERZO, de julio de 2022)