Pepe Mompeán: “Quien apuesta por la cultura, siempre gana”

Pepe Mompeán: “Quien apuesta por la cultura, siempre gana”

  1. Pepe Mompeán, asesor de música de la Dirección General de Promoción Cultural de la Comunidad de Madrid, es alguien que no necesita presentación, aunque quizás sí, fuera del ambiente cultural. Le gusta definirse como un profesional independiente en diseño de proyectos culturales y planificación estratégica, encargado de la dirección y programación del Festival Clásicos en Verano y del Festival Internacional de Arte Sacro (FIAS) desde 2016. A punto de comenzar la 30ª edición del FIAS, uno de los ciclos con mayor personalidad e interés del panorama musical español —que tiene lugar entre el 27 de febrero y el 2 de abril de 2020— llenando de música museos, teatros e iglesias de toda la región, con un total de 51 conciertos (de ellos, 35 estrenos y 13, encargo del propio festival)

Ha ampliado usted el concepto musical de lo sacro, con enorme éxito en pasadas ediciones, pasando de lo exclusivamente litúrgico, a un concepto más amplio de lo sagrado y lo trascendente ¿diría usted que esto fue una apuesta arriesgada?

Bueno, estaba seguro que iba a funcionar, y la respuesta del público y el tiempo nos ha dado la razón. El punto de partida era casi una revolución: pasar de un festival con marcado carácter litúrgico en iglesias a otro que tuviera un carácter más abierto, que tuviera que ver con la con la espiritualidad, con lo sagrado desde un punto de vista absolutamente universal y contemporáneo, que nos hiciera reflexionar sobre lo que es sagrado en el mundo contemporáneo.

Algunos, más tradicionales, prefieren separar la música clásica y antigua de otros géneros. ¿Qué le motivó a abarcar desde los comienzos, en un mismo festival diferentes tipos de música? 

Entiendo lo que me plantea, desde fuera puede dar una sensación de que el festival se ha polarizado. Hay una programación de música antigua y otra programación que tiene que ver con música actual, y hay un punto de partida que son los espacios. Estoy muy limitado a la hora de programar por los espacios con los que cuento, pues el festival no tiene una sede propia y tiene que estar sujeto a las posibilidades limitadas de iglesias y teatros.

Hablemos de esa programación en las iglesias.

En las iglesias, donde va la programación de carácter histórico, tiene un peso grande la música antigua, pues da respuesta al momento glorioso que está viviendo esta música en España. Debo decir que los músicos de antigua están haciendo un trabajo de investigación, de recuperación, de propuestas, de calidad que es muy difícil no atender. Mi problema ahora mismo es tener que dejar fuera propuestas que me encantaría incluir en el festival y que no puedo por motivos obvios.

Y en cuanto a las músicas de los siglos XIX y XX.

Tengo unas limitaciones como programador que espero ir acomodando, pues en su momento teníamos un ciclo de música contemporánea que hacíamos en el auditorio del museo Reina Sofía, pero no pudimos seguir programando allí. No es una programación que se pueda hacer en iglesia por tener planteamientos, a veces, performativos. En cuanto al siglo XIX,  suelen ser obras de presupuestos muy elevados: misas con doble coro, propuestas sinfónicas… Y, además, no hay lugar para llevarlas a cabo, pues el festival trabaja con iglesias de otro formato, de la época barroca, representativas del patrimonio monumental madrileño. En el mundo del siglo XIX y del XX, y entre los músicos de estos periodos, no encuentro tantas propuestas que encajen en el perfil del festival.

¿Considera usted que el FIAS cumple su misión de crear nuevos públicos y acercar a gente a músicas y estilos que les son desconocidos?

Estoy seguro porque ya lo estoy viendo, ha sucedido. En los últimos años el público que ha ido conociendo la programación del festival ha generado un marco de confianza. El público que no es habitual de otro tipo de propuestas musicales nos está llegando, y ese trasvase esta yendo en todas las direcciones. Público de música clásica se acerca a propuestas, ya no solo de jazz o de flamenco, sino incluso de las más experimentales de la música alternativa. Hay un comentario muy común: “No sé  lo que voy a escuchar, pero sé que me va a interesar…”. Y al terminar el concierto me lo confirman.

Como programador, ¿cómo ve los festivales?

Me parece una pena que no se hagan festivales con este tipo de planteamientos más a menudo, porque hay un publico que demanda este tipo de programación. Los festivales casi se convierten muchas veces en giras encubiertas, propuestas que no llaman la atención. Nosotros hemos planteado otra manera de hacer las cosas y se agotan las entradas en cuestión de días.

¿Se planteó la idea de un hilo conductor, de una temática para las diferentes ediciones?

Pensé al principio, cuando me hice cargo del festival, si convenía plantear una temática diferente cada año. Aunque era atractiva la idea, llegué a la conclusión de que nos limitaba demasiado. El festival va cada año sobre ese concepto de la espiritualidad absolutamente abierto y contemporáneo, que tiene que ver con lo simbólico, lo antropológico, con lo ritual, con lo pagano y, también, con lo religioso… es decir, con los grandes interrogantes de la vida.

¿Cómo surgen las ideas de las que parten los encargos y temas del festival?

Las ideas nacen del festival, algunas de mí que lanzo y otras veces son los músicos, que han entendido perfectamente de que va el festival, los que me plantean la idea y la propuesta. Cada año buscamos ideas, en muchos casos de efemérides que creemos interesantes, a veces aspectos que a priori parecerían no estar conectados con un festival de música. Por ejemplo, con Hölderlin, un poeta absolutamente místico. Cuando veo que se cumplen los 250 años de su nacimiento, puede parecer una exageración, pero me parece más interesante traerle al festival este año que a Beethoven, que sé que este año va a estar en todas partes. O Paul Celan, poeta del que se cumplen 100 años de su nacimiento y que, si no es por el festival, pasarían sin pena ni gloria. Figuras cumbres de la cultura europea occidental y universal, que tengo la oportunidad de traer a la programación. Al plantearles las propuestas a los músico,s se amplifica todo. Si yo me encontrase la mayoría de las veces la duda o el no, pues diría me estoy equivocando, pero es al revés: el festival es lo que es gracias a la complicidad que hemos establecido con los músicos, que son los primeros que están agradecidos de recibir este tipo de propuestas.

¿Pretende el FIAS ser plataforma importante para la visibilidad de nuevos músicos y grupos españoles emergentes?

Sin duda, desde el primer momento es uno de los objetivos, pero es que no me parece que haya otra manera de plantear un festival que está financiado con dinero publico y que depende de una consejería de Cultura, como es la de la Comunidad de Madrid. Hay una obligación, una responsabilidad, que va mas allá de hacer una serie de conciertos. Una institución publica tiene que apostar por hacer visible el talento, reforzarlo,trabajarlo… establecer conexiones para que grupos de artistas, que no han tenido muchas oportunidades pero tienen el talento para estar inmersos en el circuito, puedan disfrutar de una oportunidad ante el público. Después de casi cinco años, el resultado ha sido fantástico. Todos los músicos que han pasado por el festival, se han visto reforzados en su trabajo y en el reconocimiento. Es común que tiempo después, a los músicos que han estado en el festival, les ha permitido tener fechas y estar en programaciones de circuitos e instituciones, con mas capacidad y poder del que tenemos en la consejería. Para mí de nuevo es una felicidad, y esa conexión y agradecimiento que hay al final es compartido.

Sobre la aplicación de las políticas culturales, ¿es algo aún demasiado efímero e ingrato sujeto a cambios?

Estando en la Consejería de Turismo y Cultura de la Comunidad de Madrid, hacemos todo lo que podemos en la medida de nuestras posibilidades, con el presupuesto que tenemos. Evidentemente, con más dotación presupuestaria y con más apoyo haríamos más cosas, pero todo está en un marco en donde la cultura no estáa lo presente que debería estar. En los discursos políticos, lo estamos viendo, en las campañas políticas, la cultura es algo absolutamente inexistente y creo que es un error sinceramente. Ya no lo digo como asesor, sino como alguien que ha estado trabajando siempre en el mundo de la cultura, y como espectador y como alguien que ama la cultura, la belleza y todas las propuestas que surgen en esa mezcla. Creo que quien apuesta por la cultura siempre gana. No tiene que ver con una propuesta ideológica ni partidista, la cultura habla de nosotros, de lo que somos, de lo que queremos ser, de nuestras representaciones del mundo simbólico… Hay unas urgencias en cuanto a presupuesto, la sanidad la educación, la jubilación… pero al final, hay una frase hecha que dice: eso es lo que nos hace estar vivos pero esto hace que merezca la pena vivir.

Conociendo su labor, la escucha y atención que presta a los músicos y a sus propuestas, que desgraciadamente no es tan frecuente en los programadores, ¿qué le mueve a la hora de elegir una propuesta y cómo considera qué es esa labor de escucha y dedicación?

Es cierto que cada vez tengo menos tiempo. Encontrar momentos cuesta, porque mi trabajo está siendo una barbaridad  y cada vez voy asumiendo más responsabilidad. Sirva de disculpa, a veces me es imposible y me da rabia, porque esa conexión con los músicos no quiero perderla. Escucharles es fundamental desde el primer momento. Lo primero que hice cuando llegué, fue abrir la puerta para escuchar a todo el mundo. Recuerdo el primer año que fue una pesadilla con cuatro y cinco reuniones todos los días. De repente, me encontré con músicos que ni siquiera sabían que había una asesoría de música en la Comunidad, que no sabían que había subvenciones y ni siquiera que había festivales. Gente que tenía su agenda llena de conciertos fuera de España y, siendo muchos de aquí, no tenían oportunidades de tocar en su país. Desde mi visión, amplia del sector de la cultura, tal vez al no pertenecer al sector de la música, eso me daba una mirada limpia, una manera de trabajar que era la que había empleado a la hora de abordar otros proyectos. No entiendo este trabajo de otra manera, ni tampoco creo que sea algo extraordinario,me sale de forma natural y creo que el punto de partida debería ser este, lo que me parece extraordinario es que se trabaje de la otra manera. Ha habido una comunión, una complicidad con los músicos desde el primer momento, y de nuevo estoy muy agradecido con como han salido las cosas.

¿El público madrileño ha ido evolucionando a lo largo de estas ediciones ? ¿Cómo ha sido la respuesta del festival a nuevos géneros, a nuevas propuestas?

Ha ido aumentando. En 2017 ya hubo un cambio importante. El publico disfrutó muchísimo de la edición de 2016, ya venía con la capacidad de dejarse asombrar, que es una cualidad importante por parte del publico de cualquier propuesta cultural para disfrutar. Se han convertido casi en embajadores del festival, lo que para mí es una maravilla, ver como el publico responde así, y nos llena todos los espacios. Hay muchísima gente, lo siento en el alma, que se quedan fuera de las iglesias porque no pueden entrar o en los teatros porque se han agotado las entradas y no podemos hacer nada. Y sólo tengo palabras de agradecimiento para el publico que nos sigue.

¿Estamos asistiendo a la creación de un público intergeneracional ?

Es muy interesante ver público joven con público mayor, alternativo con tradicional, aunque no me gustan las etiquetas, pero esta sucediendo, es decir público joven de música alternativa, que va a una iglesia, a un concierto de música y no ha escuchado en su vida una viola da gamba o un clave y, de repente, alucina, al igual que una persona de mayor edad y de perfil de música clásica va a una propuesta de electrónica y de pronto dice “es más interesante de lo que yo podía pensar a priori”. Esto les abre su universo sonoro y dicen “¡cómo no conocía antes esto!”… Para mí, es la clave del festival. No es que sea extraordinario, es que es un perfil de gente que responde, el festival es fiel reflejo de alguien a quien le guste escuchar música. Música donde hay verdad en lo que se hace.

¿Qué espera del FIAS en futuras ediciones?

Estamos haciendo propuestas ya para 2021, porque necesitan tiempo. Y la idea es la misma: seguir trabajando en esta línea. Evidentemente, sería feliz con una sede propia para poder tener toda la libertad del mundo a la hora de programar el festival, pero eso no puede ser, aunque sí el ir extendiendo los tentáculos del festival, ampliando las colaboraciones institucionales, ampliando la colaboración con teatros, con salas de música en directo —que nos han hecho una petición este año que quieren estar en el festival—… Salir también a la región, descentralizar el festival creo que es fundamental. El festival tiene una ambición que llega hasta donde llega el presupuesto, pero también queremos apoyarnos en otros municipios, y ojalá lo consigamos el año que viene. El festival cada vez es más valorado, ya no solo por el festival, sino por las propuestas de los músicos. Al final, confío en las propuestas de los músicos, confío en lo que van a hacer, veo la pasión que ponen en lo que plantean y entonces la suma es imbatible. Seguro que los conciertos van a funcionar no sólo bien, si no que van a tener un resultado de excelencia como el que hemos tenido estos años.