PARMA / ‘Nabucco’, una ópera cercana

Parma. Teatro Regio. 3-X-2026. Verdi Festival 2026. Ariunbaatar Ganbaatar (Nabuco), Lidia Fridman (Abigaille), Michele Pertusi (Zaccaria), Andrés Moreno García (Ismaele), Laura Verrecchia (Fenena). Dirección escénica: Pier Luigi Pizzi. Dirección musical: Francesco Lanzillotta. Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Coro del Teatro Regio de Parma. Verdi: Nabucodonosor.
Mundos lejanos es el lema del Festival Verdi de este año. Para ello se han escogido tres títulos cuya acción se localiza en lo distante: el antiguo Egipto (Aida), la América colonial (Alzira) y el oriente bíblico (Nabucco). Estas denominaciones sonoras, tan habituales en las programaciones actuales, muchas veces parecen retórica hueca que busca un forzado hilo conductor. En realidad, las programaciones no deben ser coherentes, sino sugerentes. La referencia a lo Otro, lo distante del punto de vista eurocéntrico, tan del discurso poscolonial, resulta de interés y se puede aplicar bien al caso de Alzira y tal vez también a Aida, obra que Edward Said puso como claro ejemplo del Orientalismo. Resulta más difícil de aplicar en el caso de Nabucco, ya que los temas bíblicos forman parte de la cultura occidental. Además, la popularidad de la ópera de Verdi —que incluye el famoso ‘Va pensiero’— hace más difícil relacionarla con un mundo lejano.
El público lo tenía claro: iba a asistir a uno de los títulos más populares de Verdi. Un público italiano que no necesita leer los sobretítulos y sabe tararear la mayor parte de la música. Aquí en Parma es la quinta vez que se programa en los últimos veinte años. La elección del veterano director de escena Pier Luigi Pizzi, quien salió a saludar y supervisó la nueva producción a sus 96 años, no ayudó a explorar estos nuevos caminos. La puesta en escena resultó vacía, articulada sobre el color del vestuario y la luz: blanco, negro y rojo. Escasa en movimientos, incluso prescindiendo de algunos efectos obligados como el fuego que destruye el templo de Jerusalén o el rayo divino que paraliza al rey babilonio. Por supuesto, en una obra que narra la destrucción de un pueblo invadido, ninguna reflexión sobre la actualidad. Se mantiene de forma tópica el kipá en el grupo de los hebreos, arengados por Zacarías para que Dios les anime a dar muerte al extranjero (‘ne’ tuoi servi un soffio accendi /che sia morte allo stranier’); exaltación bélica decimonónica que tiene inevitables resonancias en el mundo actual.
Neutralizado el potencial ideológico de la obra, solo quedaba la música y convertir la función en un hermoso recital operístico. Y así fue, ya que se contaba con un magnífico reparto, encabezado por Ariunbaatar Ganbaatar, magnífico barítono salido de la reciente cantera de Mongolia. De voz grande, con cuerpo y colores, dentro de la tradición de los mejores barítonos verdianos, llenó el teatro en todas sus intervenciones. Marcó los números de conjunto como los dos finales, especialmente la entrada fugada ‘S’appressan gl’istanti’ y lució en todo su esplendor en la gran escena del acto final con la intensa aria ‘Dio di Giuda’ y la fuerza de la cabaletta ‘Cadran, cadranno i perfidi’. La soprano Lidia Fridman sigue mostrando su poderío vocal y escénico. Una voz oscura, de registro muy extenso, con resonantes graves y brillantes agudos, articulada coloratura y un cierto vibrato intencionado. Tan solo se le puede achacar algo de descuido en la emisión del texto. Afrontó con gran solvencia la difícil aria que inicia el segundo acto ‘Anch’io dischiuso un giorno’ junto a la violenta cabaletta ‘Salgo già del trono aurato’, un momento de virtuosismo vocal lleno de energía, que define muy bien el personaje.
Michele Pertusi no se acomoda a pesar de su veteranía, sigue encontrando colores y nuevas formas de expresar del profeta Zaccaria. No es el personaje de voz grande que construyen otros bajos, sino lleno de riqueza y matices, desde la fuerza en sus arengas al grupo a la profundidad psicológica de la profecía (‘Del futuro nel buio’). Uno de los momentos mágicos de la noche fue su plegaria al inicio del segundo acto, manteniendo la tensión con una media voz en ‘Tu sul labbro de’ veggenti’. El público premió con grandes aplausos a este gran bajo parmesano, muy querido en su ciudad natal. Completaron el reparto el breve papel del tenor mexicano Andrés Moreno García, bien cantado de hermosa voz lírica, y Laura Verrecchia que tuvo su momento vocal en su aria del final ‘Oh dischiuso è il firmamento’.
La orquesta resultó algo ruidosa, con poco control desde el foso. Lanzillotta estuvo más atento al coro, dejando la batuta para dirigir con las manos el famoso coro de esclavos. Mención especial merece este excelente coro del Teatro Regio, dirigido por Martino Faggiani, que ha asumido tres títulos verdianos en tres días consecutivos; conocen muy bien el repertorio y cantan con pasión. Como no podía ser de otro modo, la lectura del ‘Va pensiero’ llenó de emoción el teatro, aunque no se llegó a hacer el bis. En definitiva, una función de ópera tradicional, bien llevada musicalmente, disfrutable en muchos sentidos, pero sin hacernos reflexionar sobre los mundos lejanos. Más bien, dejándonos en el mundo que estamos siempre.
Víctor Sánchez Sánchez
(Fotos: Roberto Ricci – Festival Verdi)


