PARÍS / Pablo Heras-Casado y Calixto Bieito finalizan el ‘Anillo’ de Wagner

París. Ópera Bastilla. 11-X-2026. Andreas Schager, Johannes Martin Kränzle, Mika Kares, Brian Mulligan, Tamara Wilson, Sinéad Campbell Wallace, Eve-Maud Hubeaux, entre otros. Orquesta y Coros de la Ópera Nacional de París. Dirección musical: Pablo Heras-Casado. Dirección escénica: Calixto Bieito. Richard Wagner: Götterdämmerung.
Esta producción de Pablo Heras-Casado y Calixto Bieito, inaugurada en enero de 2025 con Das Rheingold, termina como empezó, con la reaparición de algunos elementos escénicos —aunque menos numerosos que los motivos conductores, musicales y literarios, que Wagner sintetiza de manera extraordinaria—, como el perro robot semejante a los diseñados por Boston Dynamics o el anillo en forma de corona, y con una dirección musical que suaviza las dinámicas y los contrastes. Como en el resto de la producción, con la excepción de Siegfried, presentado el pasado enero y que constituye su entrega más consistente, aquí hay poca coherencia. La excepción más notable es el prólogo, que hace presagiar una velada lograda: las Nornas tejen el hilo del Destino en un telar Jacquard, anticipo de una futura evolución macroeconómica que sume a los protagonistas en una fuerte dependencia de la tecnología. Entretanto, Waltraute aparece como una zombi, vestida con harapos y temblando exageradamente, para suplicar a su hermana Brünnhilde sin el menor atisbo de nobleza.
Es cierto que Calixto Bieito, que pone el acento en la modernidad presente y futura y evita cualquier referencia mitológica para jugar con la contemporaneidad de la acción, sitúa esta última en una alta burguesía inconsciente de los riesgos y las consecuencias de un apocalíptico fin del mundo. La mayor parte de la dramaturgia gira alrededor de una gran mesa rectangular, omnipresente desde la primera escena de los guibichungos en el acto I. Se trata de una familia decadente y degenerada, hasta el punto de que el pacto de sangre entre Siegfried y Gunther tiene lugar alrededor de un recipiente metálico que reaparecerá en varias ocasiones. Así ocurre hasta la penúltima escena, cuando Hagen sacrifica a Siegfried, no durante una cacería, sino sobre una larga mesa de banquete, como si fuera una pierna de cordero o un jabalí, clavando tenedores y cuchillos en las partes más carnosas del cuerpo del héroe. Los vídeos muestran diversos monumentos célebres y estanterías de una biblioteca nacional, hasta desembocar en un inmenso agujero blanco rodeado de negro que aniquila el mundo. El final transcurre entre una espesa niebla gris, mientras Brünnhilde se desahoga ante una cabeza de caballo ensartada en el extremo de un palo de escoba, antes de girar con ella sobre sí misma como una derviche giróvaga y desaparecer con los últimos acordes… Al salir del espectáculo, uno acaba pensando que, después de todo, las óperas de Wagner en versión de concierto son ampliamente preferibles, como demuestra la entusiasmante velada vivida con esta misma obra en el Théâtre des Champs-Élysées, bajo la dirección de Kent Nagano, el pasado 13 de septiembre.
Desde el punto de vista musical, el oído disfruta con el tupido entrelazamiento de leitmotivs que Wagner construye a partir de los presentados, retomados, reelaborados y fundidos a lo largo del ciclo para realzarlos. Pablo Heras-Casado conduce las transiciones con serena flexibilidad y la Orquesta de la Ópera seduce por la untuosidad de su sonido, pero la concepción del director español carece de nervio y roza por momentos la letargia. Evita con excesivo cuidado cualquier tentación de patetismo y atenúa los relieves sonoros, como si quisiera proteger a un elenco vocal que, sin embargo, es brillante.
Los cantantes muestran una indudable homogeneidad, aunque algunos intérpretes resulten ligeramente menos convincentes que los del reparto dirigido por Nagano. Destacan una intensa Tamara Wilson como una Brünnhilde inconstante y apática; el valiente Siegfried de Andreas Schager, convertido en un advenedizo antipático; un sólido Mika Kares (Hagen); una ardiente Sinéad Campbell Wallace, Gutrune después de encarnar a la tercera Norna en el prólogo; y un Gunther de noble presencia y dicción clara, aunque de voz escasa de amplitud, a cargo de Johannes Martin Kränzle. Eve-Maud Hubeaux presta su voz aterciopelada a una Waltraute suplicante. Las Nornas (Aude Extrémo, Marie-Andrée Bouchard-Lesieur y Sinéad Campbell Wallace) y las tres Hijas del Rin (Margarita Polonskaya, Isabel Signoret y Katharina Magiera) completan brillantemente el reparto, al igual que el impresionante Coro de la Ópera de París, al que, no obstante, habría venido bien una mayor cohesión.
Bruno Serrou
(fotos: Herwig Prammer / OnP)


