Paolo Pinamonti: “Existen todavía recorridos fascinantes a descubrir alrededor de Falla”

Con una amplia experiencia como musicólogo y gestor musical, Paolo Pinamonti ha sido nombrado nuevo director del Archivo Musical Manuel de Falla, cargo que asumirá el próximo mes de septiembre. Su trayectoria incluye la dirección del Teatro La Fenice de Venecia, el Teatro San Carlo de Nápoles, el São Carlos de Lisboa o el Festival de Ópera de Macerata, pero también de instituciones españolas como el Teatro de la Zarzuela de Madrid (2011-2015). Su nombramiento como director del Archivo Manuel de Falla es de alguna manera un regreso a sus raíces de musicólogo: en 1987, Pinamonti fue el responsable del simposio internacional Manuel de Falla tra la Spagna e l’Europa en Venecia.
¿Cuándo y cómo nace su interés por Falla?
Surge en la Universidad de Venecia, al poco tiempo de licenciarme. En aquel momento trabajaba sobre la música italiana de principios del siglo XX y, más en concreto, sobre autores como Malipiero y Respighi. Contextualmente, La Fenice tiene la idea de organizar un ciclo importante sobre Falla y me pide que eche una mano. Contacto así con el Archivo Falla y, sobre todo, con Isabel de Falla, que con gran amabilidad me pone a disposición un gran número de informaciones y viene a Venecia para hablar de este proyecto en noviembre de 1986. Con ella establezco de inmediato una relación de simpatía y cariño. Me invita a visitar el archivo en febrero de 1987, cuando estaba todavía en calle Bretón de los Herreros 44. En el Archivo, conozco a los mayores musicólogos que estaban trabajando sobre Falla después de la generación de Sopeña y Enrique Franco. Me refiero a Antonio Gallego, Antonio Martín Moreno, Emilio Casares y Josep Crivillé i Bargalló, entre otros. Allí Antonio Gallego me habla de la primera versión del Amor brujo, que había reconstruido a partir del libreto original y de los esbozos conservados en el archivo.
Fue entonces cuando usted propone a Italo Gomez, director artístico de La Fenice, estrenar en Venecia la primera versión del Amor brujo.
Sí. Fue un acontecimiento importante, tal como reconoció la crítica del momento, porque revelaba ya a un Falla cercano a la música stravinskiana. En el festival hicimos también El corregidor y la molinera en versión de pantomima. Como curiosidad, recuerdo que el director de aquel estreno fue un jovencísimo Christian Thielemann, entonces asistente de Peter Maag. En la segunda parte sonó el Concierto para clave con Rafael Puyana.
A partir de ahí desarrolla una continuidad de trabajo sobre Falla.
Sí. Me apasiono por la música de Falla, siempre moviéndome entre la investigación musicológica y la gestión musical, y en 1988 organizamos un festival dedicado a la música española en el Teatro Olímpico de Vicenza. Momento central de la programación fue la representación de El gran teatro del mundo de Calderón de la Barca con la música incidental de Falla que habíamos encontrado en el archivo. Todas aquellas experiencias dieron un notable impulso al interés por la música de Falla en Italia y en Europa en general.
Tampoco se olvidó de Falla cuando estuvo al frente del Teatro de la Zarzuela.
En Madrid. Lo elegí como título inaugural con el excelente espectáculo ¡Ay, Amor!, que Wernicke había realizado para Basilea y Bruselas emparejando la primera versión del Amor brujo y La vida breve. Luego quise proponer el encuentro de Falla con la zarzuela y programé Los amores de la Inés, que pudimos recuperar gracias a que todas las partes orquestales se conservaban en el archivo. Fue en 2013, con puesta en escena de José Carlos Plaza.
¿Qué objetivos se pone como director del Archivo Manuel de Falla?
Profundizar en el maravilloso proyecto de la publicación y difusión de la correspondencia de Falla. Es un epistolario con más de 25.000 documentos que abarca todo el mundo de la cultura, no sólo musical, de principios del siglo XX. Se trata de una red de relaciones importantísima. Poner a disposición todo este material a través de su publicación y digitalización (con las posibilidades que permite cruzar bases de datos) puede ofrecer una nueva visión de lo que ocurría en aquellos años. Como curiosidad, hubo una transmigración de la música de Falla hacia Oriente a través del pianista francés Henri Gil-Marchex, que actuó en Japón entre 1925 y 1937. Seguramente entre el público se encontraba el joven Fumio Hayasaka, el gran músico de Kurosawa, que en algunas de sus bandas sonoras cita a Falla. También hay un eco explícito de Noches en los jardines de España en la banda sonora de Miss Oyu de Mizoguchi. Existen todavía recorridos fascinantes a descubrir alrededor de Falla.
Asume la dirección del archivo en un buen momento, en medio de las celebraciones del centenario del estreno del Retablo de Maese Pedro.
El trabajo de Elena García de Paredes y de los anteriores directores del archivo ha sido encomiable. También hay un fuerte compromiso de apoyo a la Fundación por parte del Ayuntamiento de Granada y del Ministerio de Cultura. Están todas las premisas para hacer un buen trabajo de ulterior desarrollo, buscando colaboraciones con otras instituciones europeas con las que tengo buenos contactos.
Stefano Russomanno


