PAMPLONA / Perry So y la orquesta virtuosa de Richard Strauss y Gustav Holst

Pamplona. Auditorio Baluarte. 22-V-2025. Orquesta Sinfónica de Navarra. Coral de Cámara de Pamplona. Dirección: Perry So. Richard Strauss: Muerte y transfiguración. Gustav Holst: Los planetas.
El penúltimo concierto de la temporada de abono de la OSN ofreció un programa coherente y atractivo, al presentar dos composiciones vinculadas por su densa plantilla orquestal, su tratamiento como solista y virtuosa y las referencias extramusicales al servicio de una amplia gama de expresiones y emociones humanas. Al esfuerzo de gestión necesaria para subir al escenario una orquesta reforzada en todas sus secciones, se sumaba la cantidad de solos o protagonismo de familias tímbricas en las dos obras. Este trabajo en los recursos y en la planificación artística permitió al público de Pamplona deleitarse con dos composiciones que pareciera surgieron “con el pie cambiado”, cuando la llegada de la modernidad comenzaba a romper con la tradición de la música sinfónica. Mientras en Strauss encontramos referencias wagnerianas, con Holst comprendemos mejor la referencia de John Williams en el universo galáctico de George Lucas o la de Hans Zimmer en Gladiator de Ridley Scott. Y aunque al propio Holst no le gustaba hablar del éxito que tuvo su obra, lo cierto es que con la llegada del posmodernismo y en plena actualidad, sigue siendo una composición muy atractiva para el gran público.
Ello se dejó notar en la buena acogida que tuvo por parte de los espectadores asistentes a una sala de Baluarte que, aunque no se llenó, tuvo una muy buena entrada. La colaboración con el Planetario de Pamplona supuso una puesta de escena que quiso contextualizar estéticamente la idea compositiva de la que partió Holst, los planetas. Además, cada número estuvo interrumpido por una narración en la que se unían explicaciones de astronomía con otras musicales. Más allá del resultado, la idea refleja una tendencia a modificar planteamientos fosilizados en la planificación de programas de conciertos de abono, un camino, sin duda difícil, pero necesario. De nuevo, la Coral de Cámara de Pamplona dirigida por David Gálvez, intervino junto a la OSN en esta temporada para concluir la obra de Holst, con un coro femenino oculto, cuyo canto se iba desvaneciendo poco a poco hasta el final, un efecto de anticlímax que funcionó a la perfección.
Tanto la obra de Richard Strauss como la de Holst destacan por su orquestación imaginativa y su uso expresivo de todos los recursos de la orquesta, logrando paisajes sonoros ricos, contrastados y profundamente evocadores. Sin embargo, se trata de dos composiciones conceptualmente muy diferentes. Strauss muestra en un solo movimiento más densidad musical, más riqueza de temas que van hilándose en una narrativa que busca el “yo” del artista.
La OSN comenzó tan titubeante como pueden ser los latidos de un hombre moribundo y los solos de oboe y flauta sonaron hermosos y delicados para abrir el camino a una parte que finaliza con la llegada de la muerte. A partir de aquí, Perry So condujo la orquesta con gran energía y precisión, manejando los contrastes dinámicos de manera que el clímax final sonara como tal. El tempo elegido favoreció una lectura de la segunda parte de la obra más turbulenta que polifónica, porque también así lo permite una composición de gran relevancia. En la segunda parte llegó el espectáculo de escuchar una todavía mayor orquesta, con efectos al servicio de la evocación de cada planeta. Una escucha, sin duda diferente, pero con la que el público asistente disfrutó mucho.
Marcos Andrés Vierge


