PAMPLONA / Mozart y el mambo, un cóctel servido por el virtuosismo de Sarah Willis

Pamplona. Auditorio Baluarte. 24-X-2024. Orquesta Sinfónica de Navarra. Sarah Willis, trompa. José Antonio Méndez Padrón, director. Mozart y mambo.
El programa del abono 2 de la Orquesta Sinfónica de Navarra presentó un repertorio diferente, atrevido en versiones y referencias que fueron desde la orquesta de Mannheim, que tanto influyó en Mozart, hasta los ritmos del Mambo y Son cubano o la fiesta de San Fermín. Sin duda, un reto arriesgado por lo canónico del repertorio habitual para los ciclos de abono, pero sobre todo por el resultado estético de un cóctel musical tan singular. La virtuosa trompista Sarah Willis (primera mujer instrumentista de metales en lograr un puesto en la Filarmónica de Berlín), con una carrera profesional que no ha obviado la enseñanza y la divulgación de la música clásica, llegó a Pamplona con su proyecto Mozart y mambo, colocando al compositor de Salzburgo como eje vertebral del concierto: en la primera parte, con la obertura de El rapto en el serrallo y una maravilla que siempre agradecerán las solistas de trompa como Willis, el Concierto para trompa nº 3 en Mi bemol mayor. Tras el intermedio, una obra de Mozart menos habitual en las programaciones, pero composición atractiva, elegante y con numerosos detalles: la Sinfonía nº 33 en Mi bemol Mayor.
Del resto del programa, quizás lo más esperado, el Rondo alla Mambo, versionando la tercera parte del concierto para trompa programado. De este modo, un instrumento como la trompa, tan importante para el timbre del sinfonismo, por así decirlo, desde la retaguardia, se mostró en el escenario de Baluarte protagonista por la belleza de su sonido que en manos de Willis estuvo a la altura de la escritura de Mozart y por demostrar su maleabilidad con otros repertorios. A la habilidad de Mozart al escribir un concierto plenamente melódico para un instrumento que entonces no disponía de las válvulas actuales, se unió el virtuosismo de Willis que destacó especialmente en los planos sonoros más graves (su cadencia del primer movimiento fue relevante en este sentido).
A los numerosos detalles técnicos, sonoros y expresivos del concierto se sumó la sutileza organizativa de la sinfonía, como en el segundo movimiento, con una “distorsión” de la forma tipo, con la que Mozart buscaba dentro del equilibrio una serie de “reflejos” sonoros de una delicada y elegante belleza. La cuerda de la OSN brilló de manera especial en este movimiento y Méndez Padrón (lacónico en sus gestos, pero muy técnico) contuvo el lirismo del movimiento ofreciendo un aire más galante que prerromántico.
Del resto del programa, el arreglo de Jorge Aragón de Dos gardenias suplió la voz por una conjunción de trompa y trompeta que empastaron de manera perfecta, y solo con eso la versión funcionó a la perfección. La sala de Baluarte presentó casi un lleno y el público aplaudió un espectáculo que estuvo entre dos aguas, la música clásica y la popular, occidente y Latinoamérica, el mambo y Mozart, todo un cóctel capaz de sostenerse por la habilidad del compositor de Salzburgo y el virtuosismo de Sara Willis.
Marcos Andrés Vierge
(foto: Elena Moreno)


