PAMPLONA / La Sinfónica de Navarra con el Orfeón Pamplonés: con luz propia

Pamplona. Auditorio Baluarte. 15-X-2026. Jone Martínez, Ana Vieira Leite, Rodrigo Carreto, Ferrán Albrich. Orfeón Pamplonés. Orquesta Sinfónica de Navarra (OSN). Director: Perry So. Arriaga: Sinfonía en Re. Mozart: Gran Misa en Do menor, KV 427.
La nueva temporada de abono de la OSN comenzó con las dos agrupaciones que finalizaron el ciclo pasado: la propia orquesta y el Orfeón Pamplonés, dos instituciones que son marca de identidad de la Comunidad Foral. Además, el primer concierto de abono ofreció un programa muy atractivo, como pudo notarse en la importante afluencia de público. Porque la Gran Misa en Do menor de Mozart es una de esas composiciones de referencia, que atrapa por muchos factores, pero principalmente por su belleza. Aunque la obra quedó inconclusa, su música es pura, sin fractura y acabada. El compositor de Salzburgo siempre fue sincero a su verdadera vocación, que fue crear belleza a partir de cualquier estímulo vivido que necesitaba proyectar en hermosos y armoniosos sonidos. Por ello, el origen de la composición importa por diversos factores, pero ello nunca es obstáculo para que Mozart cree su particular belleza, a la vez feliz y trágica, como sucede en esta obra.
En su proceso compositivo, poco debió importar el carácter religioso porque Mozart muestra un festín de sonidos y melodías hermosas, con diversas referencias (ópera italiana y coros fugados propios del último barroco) que conmueven más allá de los textos musicalizados. Y por ello, en la interpretación hubo protagonismo para toda la plantilla, solistas, coro y orquesta. Las dos sopranos solventaron las dificultades de momentos tan bellos como complicados, como en el Kyrie, el Laudamus te y especialmente en Et incarnatus (el número más célebre) donde la flauta, oboe y fagot se unieron a Jone Martínez para protagonizar ese bello juego de melismas que solo a Mozart se le pudo ocurrir. El Orfeón Pamplonés, dirigido por Igor Ijurra, fue de menos a más, consiguiendo en el Jesu Criste y el Credo sus momentos culminantes. Y aunque el bajo Ferrán Albrich solo intervino en el Benedictus final, junto a las dos sopranos y tenor, su voz se mostró segura, precisa y hermosa.
En la primera parte, la orquesta se unió a muchos conciertos del panorama nacional que durante este año han recordado la figura de Juan Crisóstomo Arriaga, al cumplirse el bicentenario del fallecimiento del compositor de Bilbao. Y lo hizo con la Sinfonía en Re. Con una plantilla clásica, la sinfonía muestra una elegancia exquisita. Las líneas melódicas son transparentes y amplias, especialmente en el Allegro con moto final, momento en el que la cuerda brilló, sobre todo en su primer tema. Además, la colocación de los chelos en el centro fue importante porque su protagonismo melódico fue más evidente, algo que además influyó en la dinámica de toda la obra. Perry So optó por subrayar los gestos dramáticos de la obra, pero en el último movimiento dejo fluir la melodía, primando la elegancia y como en Mozart, la belleza de la música de Arriaga.
Marcos Andrés Vierge


