PAMPLONA / Aplausos para la magia de las hermanas Labèque y ‘El pájaro de fuego’ de Stravinsky

Pamplona. Auditorio Baluarte. 18-XII-2025. Katia y Marielle Labèque, pianos. Orquesta Sinfónica de Navarra. Dir.: Perry So. Obras de Wagner, Dessner y Stravinsky.
La programación de abono de la Orquesta Sinfónica de Navarra se presenta desde un nexo poético, cuyo vínculo obedece a conexiones de muy diferente índole. Es el caso del título del cuarto concierto de temporada, Magia, con el que la OSN cerraba el otoño en Baluarte de Pamplona y en el que se pudo escuchar, desde la narrativa épica de Wagner, hasta un compositor actual tan singular como Bryce Dessner, un músico procedente del rock alternativo, miembro del grupo The National. Uno de sus últimos trabajos es precisamente el Concierto para dos pianos, que compuso para las hermanas Katia y Marielle Labèque, un dúo conocido y querido en el auditorio de Pamplona, que constituyó, sin duda, uno de los atractivos de la velada. Pero la verdadera magia del programa procedía de la página musical del compositor ruso Igor Stravinsky, quien todavía muy joven, sorprendió, en el género del ballet con El pájaro de fuego.
El programa presentaba, por tanto, la majestuosidad de Wagner, un compositor que tensionó tanto la armonía tonal, como Stravinsky lo hizo con la métrica convencional del sinfonismo europeo. En el caso de Dessner —la llamada para algunos “Tercera vía”, se pudiera pensar que con sus evidentes referencias minimalistas—, el proceso compositivo se simplifica y sin embargo, el desarrollo del segundo movimiento presenta un romanticismo apasionado, donde los dos pianos se funden con la orquesta en un momento de clímax que fue muy bien conducido por Perry So. Con todo, no se trata de una obra concertante que permita especialmente subrayar el virtuosismo de las solistas. Y ello, teniendo en cuenta que en el concierto de Pamplona se estrenaba una versión de la obra original con orquestación reducida.
En cambio, la música de Wagner y la de Stravinsky requieren de una gran orquesta. En el caso de la Despedida de Wotan y la música del fuego mágico de La Valquiria, hubo una tibia acogida por parte del público, tal vez por su encaje en el programa, quizás por el mayor interés en escuchar a las hermanas Labèque que tocaban a continuación, o porque al sonido de la orquesta le faltó algo del brillo que requiere Wagner. Una orquesta que con El pájaro de fuego sí produjo un sonido más acorde con la estética de la obra. La composición de Stravinsky tiene tantos solos memorables que resulta difícil destacar alguno de ellos. Así lo entendió Perry So, cuando hizo levantar paulatinamente a cada solista, pero también a grupos de metales, percusión, finalmente a toda la orquesta, que tras ese final histórico, esta vez sí fue aplaudida de manera muy notable. Como también lo fueron Katia y Marielle Labèque, que ofrecieron como propina una de las piezas de la suite a cuatro manos de Ma mère l’Oye, momento en el que los dos pianos sonaron delicadamente como uno y la magia de Ravel cautivó al público de Baluarte.
Marcos Andrés Vierge


