OVIEDO / Un agradable ‘Barbero’ en el Teatro Campoamor

Oviedo. Teatro Campoamor. 8-X-2024. Nico Darmanin, Germán Olvera, Karina Demurova, David Menéndez, Fernando Latorre, Isaac Galán, Yolanda Montoussé, Aarón Martín, Francisco Sierra, Eduardo Pintado. Dirección musical: Lucía Marín. Dirección escénica: Rita Cosentino. Vestuario: Gabriela Hilario. Iluminación: David Bofarull. Rossini: Il Barbiere di Siviglia.
Il barbiere di Siviglia de Gioacchino Rossini es uno de los títulos operísticos más interpretados y queridos por el público que se representa cientos de veces en un año a lo largo y ancho del mundo. Tal como expresó el máximo especialista en Rossini Alberto Zedda, es una obra “capaz de elevar las emociones de la normalidad de lo cotidiano a la excepcionalidad de la poesía”, palabras de este maestro que recoge el cuidado programa de mano de la ópera del Campoamor. Cualquier acercamiento a esta magna obra maestra debe de implicar un vértigo añadido a sus intérpretes por su popularidad ‒incluso la persona más ajena a la lírica conoce partes de ella‒, por su genialidad y su dificultad. También en Oviedo es un título recurrente que se escucha relativamente a menudo, y siempre se agradece.
En este caso, la Fundación Ópera Oviedo realiza la producción e incorpora a sus cuatro funciones una quinta de sus Viernes de Ópera, una iniciativa estupenda que renueva y rejuvenece el público operístico cada vez que se programa. Es, sin duda, una obra perfecta para personas de cualquier edad que se acercan por primera vez al género operístico, allanado por el hecho de ser un género buffo. Esta iniciativa se completa con la interpretación de la siempre impresionante labor de Maite García Heres con su compañía infantil La Federica, residente de la Ópera de Oviedo, que redondea este título con dos representaciones el sábado 19 de octubre.
Los distintos personajes de la ópera siguen una trama hilarante, y los cantantes del elenco de la segunda función se esforzaron para resaltar comicidad de la obra y asegurar la diversión del público, en una propuesta que resultó, en conjunto, adecuada. No será esta la mejor versión que se haya visto en el Campoamor, pero, desde luego, es una producción que permite disfrutar de una de las más grandes óperas de historia. Así lo mostraron los muchos aplausos que obtuvo al final de la representación de la segunda función.
La propuesta escénica de Cosentino es simple, pero bonita, creada a partir de cuatro cajas que se convierten en coloridas estancias en un estilo infantil: la barbería de Fígaro, la entrada de la casa de don Bartolo, la habitación de Rosina y el despacho del doctor. El vestuario y la peluquería son encantadores, a juego con la escena rosa, naranja y verde, principalmente, colores que visten los personajes principales, que se presentan casi como marionetas o muñecos, tendiendo a la pantomima. Un conjunto de baile acompañaba la acción.
En ocasiones hubo falta de cohesión entre la orquesta y los cantantes. Estos últimos estuvieron pendientes de la batuta de la maestra Marín, a pesar de lo cual no se logró evitar algún desajuste. También ocurrió en algunos de los muchos concertantes que tiene esta ópera que los solistas se vieron, a veces, tapados por la sonoridad orquestal, algo que habría que cuidar. La elección de los tempi fue más lenta de lo que hoy es habitual, lo que no necesariamente es desfavorable; al contrario, ofreció momentos de gran belleza, ya desde la obertura. La Oviedo Filarmonía consiguió una sonoridad bella, compacta y, al mismo tiempo, colorida.
En los cantantes, Nico Darmanin como Almaviva, en su esfuerzo por la comicidad pecó de histrionismo. Es un tenor de voz pequeña, a veces nasal, que tuvo dificultades en las agilidades. No es de extrañar que no se incorporase la última aria del tenor recuperada por los últimos estudios académicos (“Cessa di piu resistere”). Uno de sus mejores momentos fue el aria “Se il mio nome saper voi bramate” en el primer acto. En los roles masculinos, destacó la labor del barítono Olvera en el rol de Fígaro, con voz rotunda y capacidad teatral. El asturiano David Menéndez como Bartolo, estuvo espléndido y, aunque no es bajo, su color le permite abordar este rol. Estuvo muy divertido con su vis cómica, natural en él. En este sentido, Yolanda Montoussé destacó también por su capacidad cómica, y en su breve pero encantador rol de Berta, con su aria di sorbetto, hizo un muy buen papel. Esperamos verla más veces en las tablas ovetenses. Fernando Latorre estuvo correcto. La mezzo rusa Karina Demurova, con un timbre oscuro y una voz plena, interpretó bien la abundante y difícil coloratura de su papel a pesar de algún problema en los graves. Estuvo estupendo Isaac Galán como Fiorello, y también el integrante del coro Francisco Sierra como partiquino. El coro Intermezzo, en este caso, solo masculino, hizo un magnífico papel, como estamos acostumbrados.
Miriam Perandones Lozano


