OPORTO / Comienza el Año de Portugal en Casa da Música

Oporto. Casa da Música. 20-I-2024. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Director: Sylvain Cambreling. Obras de Nunes, Ravel y Mendoça.
Desde que en 2007 la Casa da Música de Oporto comenzase a estructurar sus programaciones anuales en torno a un país-tema, muchos han sido los viajes musicales a los que nos ha invitado el que es uno de los auditorios con una programación propia más interesante y avanzada de Europa. Había sido España, precisamente, la primera etapa de un recorrido que nos ha llevado desde el Nuevo Mundo al Lejano Oriente, con destacadas paradas en los principales centros de la gran tradición europea; algunos de los cuales, como Alemania, Francia, Austria e Italia, han repetido (por razones más que sobradas) hasta en dos ocasiones protagonismo en Casa da Música.
En esa larga singladura por los paisajes acústicos del mundo, se echaba de menos el que Portugal fuese el eje temático de una de las programaciones anuales de Casa da Música: centralidad que, por fin, asume en 2024, coincidiendo con tres efemérides que su director artístico, António Jorge Pacheco, cree suficientemente relevantes para la cultura portuguesa: el medio siglo que el 25 de abril se cumple de la Revolución de los Claveles, los quinientos años del nacimiento de Luís de Camões y el primer centenario del compositor lisboeta Joly Braga Santos.
Este protagonismo de la música portuguesa propiciará, también, el que Casa da Música se pueda mirar en su propio espejo, haciendo un balance del trayecto hasta ahora recorrido, pues quien fue su primer compositor en residencia, Emmanuel Nunes, gozará de una atención especial en su programación anual; mientras que el portuense Vasco Mendoça (primer joven compositor residente, en 2007) cierra su personal círculo musical alrededor del mundo, convirtiéndose en 2024 en el compositor en residencia. Por su parte, la azoriana Sara Ross será la joven compositora residente, sumándoseles Nuno Coelho como maestro en asociación, para completar una mirada a Portugal que no sólo incluye a la mejor composición lusa, sino a sus más reconocidos intérpretes, como Maria João Pires, que visitará Casa da Música el próximo 15 de febrero.

Con el ciclo de conciertos À Nossa!, del 9 al 26 de enero se da la salida a este Año de Portugal, no dejando en ningún momento de dialogar con los principales compositores de la tradición europea, de forma que en el comienzo de 2024 escucharemos partituras de autores portugueses como Duarte Lobo, Fernando Lopes-Graça o Luís de Freitas Branco, entre otros, junto con reencuentros con la música de Haydn, Mozart, Schumann, Debussy o Prokofiev; todo ello, en manos de destacados directores.
El concierto del que hoy les damos cuenta, celebrado el pasado 20 de enero, tuvo como protagonista en su primera parte al compositor portugués que gozó de un mayor prestigio en los centros neurálgicos de la avantgarde europea: Emmanuel Nunes, un creador cuyos últimos años de vida estuvieron estrechamente vinculados a Casa da Música, donde el estreno de piezas de gran formato, como La Douce (2008-09), gozó de muy cuidadas interpretaciones, así como del unánime favor del público.
En esta ocasión, pudimos disfrutar de una partitura colosal, Nachtmusik II (1981, rev. 2000), página perteneciente al ciclo A Criação (1977-2007) que subió al escenario de la Sala Suggia a casi cien músicos que, además de una disposición antifonal de las cuerdas (con hasta diez contrabajos), presenta una curiosísima distribución de viento-madera y metales, todos ellos entremezclados fuera de su ubicación tradicional, además de con refuerzos que completan una paleta armónica impresionante, como lo hacen los numerosos sets de percusión: tan poblados como heterogéneos tímbricamente.
Como es habitual en el compositor lisboeta, Nachtmusik II presenta una estructura de una densidad extremadamente compacta, organizada a través de pares instrumentales que son una de las pocas señas de identidad que comparte con Nachtmusik I (1978), página camerística de la que no supone una orquestación ni un desarrollo en sentido estricto, aunque, como parte de A Criação que ambas son, sí encontramos en ellas un uso recurrente del «par rítmico»: técnica que articula una obra de una minuciosidad endiablada que mantiene nuestra atención en constante alerta ante la abrumadora proliferación de señales, timbres y transformaciones armónicas como se producen en escena por doquier.

La definida por Paulo de Assis como «antifonía de parámetros» sirve a Nunes para organizar dicha proliferación, así como para articular las relaciones dentro de la orquesta, con estructuras métricas que crean constantes reagrupaciones internas a nivel instrumental, potenciando pares tímbricos fascinantes que evocan sonoridades cuasi electrónicas (aunque dentro de un trabajo puramente armónico, sin adentrarse en técnicas extendidas o ruidistas). Este inmenso flujo orquestal (tan deudor de compositores que tanto influyeron a Nunes como Stockhausen y Boulez), que es puro pálpito e incansable vibración, conoce una radical metamorfosis en su última sección: verdadera puerta a otro mundo sonoro en el que los polirritmos, el tenso contrapunto de materiales complejos y el arduo estructuralismo hilvanan un paisaje mágico.
Será el corno inglés (con una cita extraída de Nachtmusik I) el que abra esta sección conclusiva, de pátina tardorromántica que evoca tanto al Wagner de Tristan und Isolde como al Mahler de la Séptima sinfonía (con sus respectivas Nachtmusik). El desarrollo del motivo del corno inglés se transforma, por medio de un intrincado trabajo de la percusión, en toda una evocación del ambiente enrarecido y suspendido de la cuarta de las 6 Stücke op. 6 de Anton Webern. Los contrastes de registros entre triángulos, crótalos y, muy especialmente, los grandes sets de plattenglocken, hacen que el final de Nachtmusik II transforme la ensoñación melódica del corno inglés en pura sustancia textural, a la que la firmeza armónica de los contrabajos confiere un peso que trasciende no sólo esa noche oscura a la que se refiere el título de la partitura, sino el propio tiempo, otorgando, como señala Paulo de Assis, una «dimensión mística» a la obra.
Resulta siempre apasionante adentrarse en el pensamiento de Emmanuel Nunes, tan ajeno a las banalidades que hoy en día nos rodean. Una música, la del lisboeta, que es puro rigor, seriedad y trascendencia. Así la ha enfocado un Sylvain Cambreling que, tras el concierto, me reconocía las inmensas dificultades que Nachtmusik II comporta para un director, a la hora de estudiar la partitura, por su ruptura del orden instrumental al uso. La Orquestra Sinfónica do Porto ha dado notable cuenta de todo ello, con buena técnica, pulso rítmico y un final que, casi convertido en un concierto para percusión, nos ha transportado a una vivencia musical única y privilegiada, sabedores, en todo caso, de que cada nueva versión de Nachtmusik II es un mundo propio y diferente, dados sus retos y la extrema complejidad que pone sobre los atriles.
Ya en la segunda parte del concierto, la lectura realizada por la OSP de la Rapsodie espagnole (1907-08) de Maurice Ravel nos volvió a demostrar por qué, como destaca Félix de Azúa en nuestra revista de enero, Cambreling tiene en la gran escuela francesa del siglo XX su mayor especialidad. Y es que, desde un delicadísimo Prélude à la nuit, tan ondulante y sereno, a una rutilante Feria en la que maderas, metales y una racial percusión (soberbias, las castañuelas) han mostrado ya no sólo a ese mago del timbre y la sensualidad que fue Ravel, sino al gran dominador de la estructura que es Cambreling, toda esta Rapsodie ha brillado a una sobresaliente altura, y nada fácil lo tenía la orquesta portuense, tras el tour de force que representó Nachtmusik II.
Como lo había hecho en Nunes, Sylvain Cambreling apuesta en Ravel por una idea camerística en la construcción de las voces orquestales: algo de lo cual los juegos armónicos de contrafagot y contrabajo fueron un estupendo ejemplo en la Malagueña, en medio de un radiante ejercicio de volumen, planos dinámicos y color; mientras que en la Habanera han primado el frenesí rítmico y el exotismo: todo un viaje musical que renueva nuestro amor por ese mago del sonido orquestal que fue Maurice Ravel.
Tras esta invitación al diálogo musical entre Francia y España, regresamos a Portugal, para cerrar el concierto con Vasco Mendoça: uno de los mejores representantes de la cosmopolita escuela de compositores portuenses del siglo XXI, así como un perfecto ejemplo de cómo Casa da Música ha potenciado su trabajo y ofrecido un rico medioambiente musical en la propia Oporto para que estos creadores hayan podido escuchar, en vivo, esas corrientes estéticas de las que, de un modo tan evidente, se han ido nutriendo para la creación de sus mejores partituras.
Group Together, Avoid Speech (2012) resulta paradigmática, ya desde una disposición orquestal que bien hubiese podido firmar Nunes, emplazando en los primeros atriles a un cuarteto de maderas y a un quinteto de cuerda. Con ello refuerza Vasco Mendoça su formulación de esta partitura como un concerto grosso moderno, variadísimo en presencias de voces solistas y colores tímbricos, por lo que el diálogo con las obras de Nunes y Ravel resultó tan consecuente como bello y directo.
Libremente inspirada en el poema de T. S. Eliot The Hollow Men (1925), sobre Group Together, Avoid Speech gravitan influencias que van de Wolfgang Rihm, en su primer movimiento, a Enno Poppe, en el nocturnal segundo, por los delicados melismas del dúo solista de viola y violonchelo: una de las muchas organizaciones camerísticas a través de las cuales Mendoça reorganiza y vivifica a la orquesta. Como tan a menudo sucede en Poppe, los acordes microtonales crean aquí halos y espectros (muy audibles, en los metales) que parecen llegados de otra dimensión y temperamento instrumental: procedimiento que se traspasa a un tercer movimiento en el que refulge la impronta de Gérard Grisey y un uso de los recursos orquestales muy imaginativo y variado a nivel textural. Todo ello fue reforzado por una Orquestra Sinfónica do Porto que, año tras año, demuestra su magisterio en la música actual, muy mejorado su nivel interpretativo gracias a un trabajo continuado con algunos de los directores más prestigiosos en este repertorio, como con Sylvain Cambreling ha vuelto a ser el caso.
Paco Yáñez
(Fotos: Casa da Música)


