OPORTO / Casa da Música: un año para enamorarse

Oporto. Casa da Música. 22-I-2022. Messiaen, Turangalîla-Symphonie. Steven Osborne, piano. Thomas Bloch, ondas Martenot. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Director: Stefan Blunier.
Cuando el pasado diciembre se presentó la programación anual de la Casa da Música de Oporto, nos llamó la atención que, tras catorce años tomando un país como centro de interés para organizar sus series de conciertos, en 2022 su director artístico, António Jorge Pacheco, hubiese cambiado esa dinámica para pasar a articular el año musical en torno a un tema, y no a una zona geográfica. Así, tras haber recorrido desde 2007, entre otros países, los mapas histórico-musicales de España, Brasil, Francia, Austria, Italia o Alemania, en 2022 el tema que vertebrará la programación de Casa da Música será el amor, algo que nunca está de más, en estos tiempos de virus y desassossego (si Fernando Pessoa nos permite el préstamo, ya que con Portugal estamos).
Lo que no cambia con respecto a anteriores programaciones de Casa da Música es la estructura de artistas en residencia, con una nómina que hasta el pasado año abarcó a muchas de las figuras clave de la composición contemporánea, como Emmanuel Nunes, Helmut Lachenmann, Kaija Saariaho, Harrison Birtwistle, Péter Eötvös o Jonathan Harvey. En 2022 se les une la británica Rebecca Saunders, flamante compositora en residencia de la que en Oporto disfrutaremos tanto de estrenos como de una detallada revisión de su ya importante catálogo. Completan las residencias en Casa da Música a lo largo de estos doce meses el GrauSchumacher Piano Duo, como artistas en asociación; y la portuguesa Solange Azevedo, como joven compositora en residencia; mientras que las grandes series de conciertos estarán protagonizadas por los que tengan a un dúo como solistas, añadiéndose un nuevo ciclo denominado Pares Amorosos.
Por otra parte, en 2022 la nómina de directores al frente de las cuatro agrupaciones residentes en Casa da Música prorroga sus respectivas titularidades, lo que permitirá afianzar el gran crecimiento experimentado por estos conjuntos a lo largo de los últimos años. De este modo, Laurence Cummings seguirá al frente de la Orquestra Barroca; Stefan Blunier, de la Orquestra Sinfónica do Porto; Peter Rundel, del Remix Ensemble; y Paul Hillier, del Coro Casa da Música. Todos ellos completan una de las propuestas más integradoras, en términos de repertorio, de cuantas en un solo auditorio peninsular se puedan disfrutar hoy en día, abarcando la historia de la música de forma muy equilibrada y en los criterios e instrumentos más pertinentes para cada época, con una apuesta muy valiente e importante por la música de nuestro tiempo.
Dentro de este marco, del 9 al 23 de enero se presentó el primer ciclo del Año del Amor en Casa da Música, titulado If Music Be The Food of Love…: una serie de conciertos de los que hoy les damos cuenta del que el sábado 22 de enero tuvo como protagonista a una de las sinfonías de temática amorosa más bellas y monumentales de todos los tiempos: la Turangalîla-Symphonie (1946-48) de Olivier Messiaen, que la OSPCM ponía sobre sus atriles por tercera vez desde la inauguración de Casa da Música.
Aunque estemos ante una sinfonía, también la partitura de Messiaen tiene un carácter concertante, por su dúo solista; esta tarde, Steven Osborne, al piano, y Thomas Bloch, en las ondas Martenot. Ambos han participado de forma muy integrada en la lectura conducida por Stefan Blunier, rehuyendo el protagonismo que en algunas versiones discográficas de la obra conocemos a los solistas, para pasar a compactar armónica y temáticamente la sinfonía con y desde sus respectivos instrumentos; especialmente, el piano de un Steven Osborne que en el sello Hyperion nos ha dejado excelentes muestras de su enorme dominio de las partituras de Messiaen.
Por su parte, el director suizo Stefan Blunier quizás no sea tan afín a esta música, pero su lectura de la Turangalîla diría que me ha recordado a una versión que —valga la paradoja— nunca he escuchado: la del estreno de Leonard Bernstein, por la efusividad, la exuberancia y el colorido que uno se puede imaginar en esta página en manos del norteamericano. Y es que Blunier no ha dirigido en Oporto una versión tan analítica como las discográficas de un Esa-Pekka Salonen (CBS, 1985) o un Riccardo Chailly (Decca, 1992), optando por el énfasis en lo expresivo y en las masas orquestales, con especial hincapié en lo cromático, para lo que explotó las tesituras extremas de los instrumentos de su orquesta; así como en lo rítmico, aspecto en el que Blunier ha acertado con ese complejísimo equilibro de métricas sincopadas y discrepantes que recorren la Turangalîla, haciendo de ella un polirrítmico festín de vitalidad.
De entre las secciones de la OSPCM, es obligado destacar a la de percusión, que nos ofreció una contundencia y una paleta de matices realmente impresionante, ya desde la Introduction. En el resto de la formación lusa ha pesado más un ejercicio de sensualidad; especialmente, en cuerdas y maderas, reforzado por el rubato que Blunier ha aplicado, para hacer más personal su lectura; extremando, asimismo, los rangos dinámicos con generosidad y opulencia: algo que se agradece, pues una Turangalîla timorata pierde muchos enteros. Ello ha deparado contrastes fascinantes entre movimientos rápidos, como una fastuosa Joie du sang des étoiles que ha puesto a todo un universo en danza (en la parte más lograda de esta versión portuense), y un Jardin du sommeil d’amour suspendido y lírico, marcado por las resonancias, la sinestesia y el vibrato en los trinos aviares, con un bellísimo empaste de cuerdas y ondas Martenot, y un piano de gran realce y perfección, tanto en teclado como en pedal.
En otros movimientos, como Turangalîla 2, se apostó por la modernidad, con timbres dignos de un Edgard Varèse en piano, vientos y percusión: más acerados y disonantes; con análoga contundencia en un metal grave siempre robusto y asertivo en la OSPCM. A través de estos contrastes, entre lo exuberante y lo voluptuoso, por los grandes éxtasis de Développement de l’amour y sus serenas suspensiones fuimos conducidos, subidos a la prolija dispersión tímbrica y rítmica de Turangalîla 3 (plena de complejidad y capas superpuestas), a un Final bien construido y sin efectismos, integrando de forma muy notable y organística los materiales previos, con el piano como eje armónico. Todo ello rubricó una versión expuesta con desparpajo, como un canto a la vida y al amor, que nos sigue mostrando la continua mejoría de la OSPCM: fruto, no tengo duda, de adentrarse en repertorios estilísticamente tan diversos y de trabajar partituras que son hitos y referencias históricas; una progresión que se afianza desde los atriles hasta los despachos, y cuyo empeño técnico y humano supone una apuesta artística, cultural y social que habla de toda una ciudad en constante desarrollo.
Paco Yáñez
(Foto: Alexandre Delmar – Casa da Música)


