Nunca nos cansaremos de escuchar a Martha Argerich

MARTHA ARGERICH
The Warner Classics Edition (grabaciones completas para EMI, Teldec, Erato y Warner). WARNER (46 CDs)
Algunos intérpretes no se detienen ante nada para llamar la atención. Otros la rehuyen como aves amenazadas. No es difícil adivinar a qué categoría pertenece Martha Argerich. Esta pianista nacida en Buenos Aires nunca ha concedido una entrevista en su vida, jamás ha posado para una portada, ni se ha posicionado políticamente. Sin embargo, a pesar de todas sus precauciones, Argerich se convirtió en la pianista más solicitada del mundo. Hoy, a sus 83 años, y tras varios achaques de salud, cada recital suyo se antoja un milagro.
El presente estuche, que combina antiguos lanzamientos de EMI, Teldec y Erato, así como conciertos en el festival que ella misma fundó en Lugano, no es más que un testimonio parcial de su carrera. Faltan sus colaboraciones con Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Seiji Ozawa o Gidon Kremer, que aparecieron en una compilación de 48 CD que Deutsche Grammophon publicó con motivo de su 80 cumpleaños. Sospecho que, cuando usted haya acabado de escuchar todos y cada uno de los 46 CD, aún se quedará con ganas de más.
Sus primeras grabaciones se produjeron poco después de ganar el Concurso Chopin de Varsovia en 1965. Fue la primera y -hasta la fecha- la única sudamericana que triunfó en la fortaleza de Chopin y, desde entonces, ningún ganador ha dotado al certamen de mayor lustre. Sus primeras mazurcas y polonesas grabadas muestran más libertad que Arthur Rubinstein en sus momentos más distendidos. Su sonata de Bartók tiene el veneno de una serpiente de cascabel encerrada.
No se puede decir que exista un ‘estilo Martha Argerich’. La pianista parece abordar a cada compositor desde un ángulo que nadie había considerado antes. Un concierto de Mozart o Beethoven es una batalla contra los elementos. Visions de l’Amen de Messiaen, interpretado a cuatro manos con Alexandre Rabinovich, parece una obra más profana que religiosa.
En todos los casos, el toque es inconfundiblemente el de Martha, sin concesiones. Grabó los conciertos de Chopin en Montreal con su exmarido, Charles Dutoit, dejándole que diese saltitos sobre el podio mientras ella encontraba joyas insospechadas en cada frase. Nadie debería atreverse a tocar Rachmaninov sin escuchar antes a Argerich. Su sensibilidad para los ritmos rusos se encuentra a medio camino entre el borscht y el samovar.
Pero luego la oímos tocar obras hispanas y nos da la sensación de que lleva castañuelas en los calcetines. De los innumerables tesoros que contiene esta caja, Argerich logró hacerme saltar de la butaca con el Libertango de Piazzolla, una pieza escrita no muy lejos de donde ella había nacido y tan vivificante como la leche materna. ¿Cómo demonios lo consigue? ¿Cuándo podré volver a escuchar algo así?
Pero deje de leer. Escuche.
Norman Lebrecht


