Naroa Intxausti: “Tiene que haber verdad en lo que uno canta”

La soprano Naroa Intxausti rinde homenaje al universo de Federico García Lorca en su primer disco en solitario, Lorca de amor y muerte (Cezanne Producciones). Acompañada al piano por Aurelio Viribay, la cantante vasca interpreta un original programa con canciones de Miguel Asins Arbó, Hermes Luaces, Borja Mariño y Elisenda Fábregas inspiradas en textos del poeta andaluz.
¿Cómo surge la decisión de dedicar su disco a la figura de Federico García Lorca?
El Festival Musika–Música del 2023 en Bilbao tenía como temática “Notas y letras”. Para este festival junto al pianista Aurelio Viribay elaboramos un programa en torno a Federico García Lorca, con obras de Mompou, Obradors o Montsalvatge, entre otros. Ahí surgió una primera idea de indagar en el repertorio con textos de Lorca.
Tuvimos muy claro desde el principio que queríamos centrarnos en la composición actual o contemporánea. Poco a poco fuimos seleccionando obras de gran calidad vocal y pianística que mostrara la amplitud de la poesía de Lorca. En este disco hay textos de diversos poemarios: El Romancero gitano, El Diván del Tamarit, Poema del cante jondo y Poeta en Nueva York.
¿Por qué cree que la poesía de García Lorca sigue inspirando a tantos compositores?
Es una poesía muy simbolista que gira en torno a temas fundamentales como el amor, la identidad personal o la muerte. Sin duda, ha sido el poeta de la generación del 27 más influyente del siglo XX. Tiene un idioma pasional, drámatico y treméndamente actual. Cuando uno conoce la vida tan trágica que tuvo y las poesías tan bellas que fue capaz de escribir, es imposible no sentirse cautivado por su mundo.
Hábleme de las características vocales y musicales de las obras (y los compositores) que ha seleccionado para su disco.
Cada uno tiene un estilo propio, marcado, y eso hace que el trabajo del músico sea apasionante; hemos intentado acercarnos lo máximo posible a lo que ellos han querido expresar.
Las obras de Miguel Asins Arbó son fáciles de escuchar, de bonitas melodías y cálidas. Hermes Luaces se centra en la transparencia de la música para que el texto florezca, creando este tríptico en el que cada canción es un mundo en sí. Borja Mariño escribe de un modo muy vocal, dando espacio al desarrollo de la voz y creando unas frases casi “puccinianas”; siendo este un ciclo con textos de poeta en Nueva York, hay incursiones jazzísticas. Elisenda Fábregas crea en cada una de sus Cinco canciones un cuadro distinto: un homenaje a la guitarra, un canto a la muerte con las campanas resonando en el piano…
La mayoría de los autores elegidos están vivos y no son demasiado conocidos. ¿No le parece que el mundo de la lírica tiende a refugiarse demasiado en la seguridad del pasado y del repertorio ya consagrado?
Creo que a ciertos programadores les da miedo poner en cartel repertorio menos conocido, aunque cada vez algunos espacios se atreven más y consiguen atraer a un público inquieto, que quiere descubrir nueva música de calidad, nuevas corrientes musicales, nuevos colores y estilos compositivos. La canción de concierto española vive un momento estupendo. El mundo del Lied cada vez se amplía más y se escuchan recitales de música de cámara y vocal de otros países, en lenguas que no entendemos… Pero estos cambios llevan un tiempo para establecerse en un mercado más bien conservador. Una buena manera de acercar a la gente al repertorio más desconocido son los microconciertos, que ya se hacen y no asustan tanto al público más conservador.
¿Qué tipo de trabajo establece con el pianista, en este caso Aurelio Viribay?
Aurelio y yo llevamos colaborando desde hace años. Hay entre los dos una comprensión y sensibilidad muy similares, que hace que cada vez que hacemos música juntos, surjan momentos de verdadera “magia”. Esta confianza que hay entre los dos hace que tengamos una visión similar de hacia dónde entendemos que va cada obra, y entonces las cosas fluyen solas.
¿Cómo definiría su voz?
Creo que poseo una voz de timbre bonito. Tengo facilidad en las coloraturas y con la evolución de mi voz puedo abordar repertorios cada vez más líricos. Mi aproximación hacía las obras que interpreto es siempre expresiva. Siento la voz como un canal de expresión. Los cantantes nos guiamos por una línea musical y un texto que nos da muchísima información y nuestro trabajo es hacer sentir esas emociones por medio de nuestra voz e interpretación. Siempre tiene que haber verdad en lo que uno canta.
El disco es una reivindicación de la canción de concierto. ¿Qué características posee este género y qué es lo que pide al cantante con respecto, por ejemplo, a la ópera?
Es un formato más íntimo. Una emoción contenida, un susurro, una lágrima… es una conexión que se da en un recital que no se puede reproducir de la misma manera en una ópera. En ella, todo es más grande y a más distancia. Musicalmente hablando, el piano y la voz también crean un ambiente más íntimo, donde la sutileza, la sencillez y la manera de decir un texto, ya rico de por sí, no necesita nada más que la intimidad y la calma de escuchar las palabras. Es una oportunidad preciosa de conectar a un nivel muy íntimo con el público.
¿Qué figuras han sido referentes o le han servido como modelo en su formación y carrera como cantante?
¡Hay muchas figuras o referentes y no podría nombrarlas todas! Me ha llamado mucho la atención la capacidad de la Callas para impregnar cada rol con su personalidad arrolladora, la belleza de los filados de Monserrat Caballé y la perfecta técnica que ha permitido a Kraus cantar hasta sus 71 años. Me ha inspirado mucho también la elegancia canora de Lucia Popp, Ileana Cotrubas o Kiri Te Kanawa. Y las coloraturas imposibles de Cecilia Bartoli. Y me quedan muchos en el tintero…
¿Cuáles son sus roles preferidos?
Susanna o Rosina me han dado muchas satisfacciones. ¡También Donna Anna o Linda di Chamounix son roles que me ha gustado mucho interpretar… siento que mi voz camina hacia un repertorio más lírico ¡Hay mucho aún por descubrir! ¡Esa es la maravilla de este trabajo, una está siempre en constante evolución!
¿Cuáles han sido los momentos álgidos de su carrera y qué roles le gustaría interpretar en el futuro?
Cada uno de los roles que he interpretado me ha enseñado cosas, he evolucionado con ellos… hay momentos que se te quedan grabados en la retina, ya sea porque tiene prestigio cantar en sitios como una Filarmónica de Berlín o la Alte Oper de Frankfurt, porque trabajes con una compañía muy aclamada como la de Pina Bausch en Wuppertal con un Orfeo y Euridice maravilloso o por trabajar con orquestas y festivales de gran prestigio como la Festspielorchester Halle o la Schwetzinger Festspiele. También hay personalidades con las que he trabajado que han ampliado mis horizontes como Michael Hofstetter, Emilio Sagi o Calixto Bieito, con quienes estaría encantada de volver a colaborar.
En cuanto a los roles que quisiera interpretar, en los roles mozartianos, echo de menos enfrentarme a una Fiordiligi. De Rossini quisiera abordar óperas serias como Tancredi (Amenaide) o Semiramide. Las reinas Tudor me fascinan. Por la belleza canora me encantaría abordar una Liú pucciniana y también una Leila de Bizet. Entre las óperas menos programadas me gustaría cantar Anne Trulove en The Rake’s Progress.
¿Cuáles son sus próximos compromisos?
Estoy preparando una gala mozartiana en la que cantaré Ilia, Donna Anna, Fiordiligi… El 3 de octubre presentaremos el disco en el Tetro de la Zarzuela de Madrid y continuaré con la Orquesta Sinfónica de Navarra, bajo la batuta de Juanjo Mena con un Lobgesang de Mendelssohn y acabaré el año en una gira de conciertos por Alemania.
Stefano Russomanno
[Foto: Philippe Schwarz]
Caja
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