Muere la soprano estadounidense Martina Arroyo

La soprano Martina Arroyo no fue sólo una de las principales intérpretes verdianas de los años sesenta y setenta del pasado siglo; también perteneció a esa generación de cantantes afroamericanos que contribuyeron a superar las barreras raciales de los grandes teatros estadounidenses. Dotada de una voz de soprano spinto de extraordinaria amplitud, supo combinar la potencia sonora con un fraseo de gran nobleza, una emisión homogénea y una notable capacidad para sostener las largas líneas melódicas de Verdi.
Nacida en Harlem, Nueva York, en 1937, de padre puertorriqueño y madre afroamericana, Martina Arroyo estudió en el Hunter College y se formó vocalmente con Marinka Gurewich. Su incorporación al Metropolitan Opera se produjo tras ganar las audiciones del teatro en 1958, aunque durante sus primeros años tuvo que conformarse con papeles secundarios. Su carrera comenzó a adquirir verdadera proyección internacional en Europa, antes de que una sustitución de Birgit Nilsson en Aida, en 1965, la situara entre las principales sopranos del Metropolitan, escenario al que permanecería vinculada durante más de dos décadas.
Aida fue, precisamente, uno de sus personajes más representativos, junto con las dos Leonoras de Il trovatore y La forza del destino, Amelia de Un ballo in maschera, Elisabetta de Don Carlo y Elena de I vespri siciliani. Su voz, de naturaleza lírico-dramática, reunía el volumen necesario para imponerse a una orquesta nutrida y una flexibilidad que, sin convertirla en una especialista del canto de agilidad, le permitía resolver con solvencia buena parte de las dificultades de este repertorio. Su principal virtud residía, sin embargo, en la continuidad del legato y en la nobleza de una línea vocal que encontraba en los momentos elegíacos una intensidad particular. También abordó obras de Mozart, Puccini, Ponchielli y Wagner, y actuó en teatros como La Scala, Covent Garden y la Ópera de París.
Entre sus registros operísticos destacan La forza del destino con Lamberto Gardelli (EMI), Un ballo in maschera con Riccardo Muti (EMI), I vespri siciliani con James Levine (RCA) y Les Huguenots de Meyerbeer con Richard Bonynge (Decca). Particular interés revisten sus dos grabaciones de Don Giovanni: como Donna Elvira con Karl Böhm (Deutsche Grammophon) y como Donna Anna con Colin Davis (Philips), que muestran una vertiente mozartiana menos frecuentada de su actividad. A ellas se suman el Réquiem de Verdi con Leonard Bernstein (CBS/Sony) o la Missa solemnis de Beethoven con Eugene Ormandy (CBS/Sony).
También desarrolló una importante labor pedagógica. En 2003, creó la Martina Arroyo Foundation, destinada a la formación de jóvenes cantantes mediante la preparación integral de papeles operísticos. Entre sus reconocimientos figuran el NEA Opera Honor de 2010 y el Kennedy Center Honor de 2013. La cantante falleció el pasado 13 de octubre en su domicilio de Manhattan, a los 89 años.


