Muere Hans van Manen, coreógrafo y decano del ballet moderno

El exbailarín, director y coreógrafo holandés Hans van Manen ha muerto a los 93 años en Ámsterdam. Era probablemente el coreógrafo vivo más importante del orbe, en activo prácticamente hasta el final de sus días y figura patrimonial indiscutida del ballet moderno holandés, europeo y universal. Había nacido en Nieuwer-Amstel, el 11 de julio de 1932. Su monumental e influyente catálogo de creaciones coreográficas se suma a su dilatada y exitosa carrera como fotógrafo profesional con numerosas exposiciones y libros. Fundador del Nederlands Dans Theater y figura seminal de la estética del ballet holandés del siglo XX, su uso culto, consciente y refinado de la música, especialmente la del siglo XX, también distinguió y jerarquizó un catálogo que pasa ampliamente del centenar de obras.
En 2011, con ocasión de un programa monográfico en Londres con coreografías de Van Manen, el crítico Sanjoy Roy del diario The Guardian, publicó un extenso trabajo esclarecedor. Me fio de lo que propone Sanjoy Roy: es muy serio; llegó a The Guardian de la mano de Judith Mackrell, lo que ya es un buen marchamo y garante, respondiendo a una tradición que el crítico senior saliente propone una continuidad con rigor y calidad.
Roy explica cómo a lo largo de su carrera, Van Manen recibió varios epítetos: el Mondrian del ballet (por su concepción geométrica de las figuras), el Versace del ballet (por su atención hedonista a la figura masculina); el Pinter del ballet (por un cierto distanciamiento actoral) y el Antonioni del ballet (por la elaborada tensión interna de los bailes en pareja), pero concluye Roy, “en realidad, él es simplemente el Hans van Manen del ballet, con un estilo personal distintivo que mezcla austeridad formal y elegancia con carga erótica”. Puede añadirse que, quizás es una curiosidad especial, Van Manen gusta también a quienes no siguen estrechamente el ballet, traspasa en ámbito cerrado del ballet para entrar en la obra de amplio interés social.
Hans van Manen nació en 1932 en Nieuwer-Amstel, y cuando tenía apenas 7 años, la muerte de su padre por tuberculosis en 1939 empujó a la familia a mudarse al centro de la ciudad, cerca del teatro de Ámsterdam desde donde observó la vida teatral y se sintió atraído por la danza. Con apenas 18 años, ya era discípulo destacado de Sonia Gaskell, pasando a las filas del Ballet Recital. Fue el comienzo. Tras su paso por el ballet de la Ópera de los Países Bajos y la compañía de Roland Petit, en 1960 junto a sus antiguos compañeros del Ballet Recital fundan en La Haya el Nederlands Dans Theater, donde permaneció como coreógrafo y formando parte de la dirección artística colectiva casi una década.
Hans van Manen nos deja un repertorio variado y de amplio espectro plástico y estético. Su manera de usar la técnica académica del ballet, sin negarse actualizaciones, modas y experimentos tendientes a elaborar un lenguaje prismático y accesible. Hubo algunos hitos de importancia, como que en 2016 rechazó un importante premio del estado turco al considerar que en ese país se vulneraban los derechos humanos fundamentales, acción que repitió en varias ocasiones. En España, las obras de Hans van manen han estado en el repertorio de la Compañía Nacional de Danza y en el Ballet de la Comunidad de Madrid que dirigía Víctor Ullate.
La carrera como fotógrafo profesional de Hans van Manen discurrió paralelamente a la del ballet, con un éxito y reconocimiento mundiales a través de exposiciones y libros.

Fue a partir de 1970 cuando se dedicó solamente a coreografiar en el formato de free-lance; entonces su estilo se dibujó con más claridad, progresando hacia la abstracción muy intencionada (sin embargo, Feestgericht, su primer ballet, era casi canónicamente narrativo). Desde entonces, su pasión por Stravinsky, Debussy o Ravel, nos regalarían piezas de gran peso estético y calidad creativa. Van Manen fue un refinado redactor de combinaciones musicales. Se diría que ahí estuvo precisamente el eje de su estilo, porque si hay una Escuela Holandesa de coreografía de ballet moderno, en gran parte es lo que ha salido y progresado desde el catálogo personal de Van Manen, no como imitación, sino como padrinazgo estético.
Esto se pone de manifiesto cuando vemos las obras del checo Jiri Kilian, que se formó como coreógrafo precisamente en Holanda y a la sombra estética de Van Manen (aun procediendo de Stuttgart); en menor medida esto sucede con el español Nacho Duato e incluso con un contemporáneo de Van Manen: Rudi van Dantzig. Ellos, Rudi y Hans, fueron compañeros en la barra desde las clases de Gaskell y en el Ballet Recital, y en justicia hay que hablar de una cierta retroalimentación mutua. Mientras Dantzig era más cerebral y oscuro, Manen era más liberado y expansivo, con cierto humor sardónico presentándose en los zapatos de tacón para las bailarinas o en las referencias explícitas a los bailes de salón (muy presentes en Five Tangos (Astor Piazzola, 1977), Twilight [mus. John Cage] o Black Cake).
Una de sus piezas más famosas y extendidas al repertorio internacional es Adagio Hammerklavier (mus. Beethoven, 1973) y Grosse Fugue donde las parejas establecen un fortísimo juego de dependencia física y de tensión corporal; esta obra está en el cenit del estilo de Van Manen, puede funcionar como su decálogo estético y fue también el primer ballet europeo moderno en que los hombres aparecían con largas faldas negras y el torso desnudo a la manera oriental.
Roger Salas


