Scherzo | ENTREVISTAS / Moisés Marín: "Hoy, para ser cantante, la voz es un extra más en la formación y en el proceso", por Nacho Castellanos

Moisés Marín: “Hoy, para ser cantante, la voz es un extra más en la formación y en el proceso”

Moisés Marín: “Hoy, para ser cantante, la voz es un extra más en la formación y en el proceso”

Moisés Marín sigue subiendo peldaños en su carrera operística, convirtiéndose en uno de los tenores españoles con más proyección en el panorama internacional. Tras  su sonado éxito a principios de mes en las celebraciones del 70º aniversario de la de la Asociación Amigos de la Ópera de La Coruña, el cantante granadino vuelve al Teatro Colón para encarnar el papel de Pollione en la nueva producción de Norma que el coliseo coruñés estrenará los días 22 y 24 de este mes. Además, presenta una agenda llena de compromisos en los principales teatros nacionales, de los que destacan sus participaciones en la Tosca del Liceu o en la Turandot del Teatro Real.

Comencemos por el principio. En los últimos años se ha convertido en uno de los tenores españoles más aclamados, pero usted nunca pensó que terminaría dedicándose a la ópera. ¿Cómo fueron sus primeras andaduras musicales?

Mis estudios musicales empezaron con la flauta, pese a que yo iba a ser ingeniero de caminos. Aun así, la música siempre parecía acompañarme a donde fuese: comencé a cantar en un coro, después en dos y, sin darme cuenta, en menos de diez meses ya estaba colaborando con tres coros y recibiendo clases de canto. Mi hobby se iba a convertir en mi profesión, y todavía no me había dado cuenta de ello. Cuando llevaba tres años participando en agrupaciones corales, decidí empezar a viajar por Europa, haciendo cursos en algún operastudio en Italia.

¿Llegó a cursar estudios superiores de canto en algún momento?

No, nunca cursé un superior de canto. En España existe un mal endémico que impide compaginar el escenario con las clases. Puedes haber sido cabeza de cartel durante cuatro temporadas en el Teatro alla Scala que, como no tengas el título superior de canto, jamás podrás enseñar en un conservatorio. Carlos Chausson, por ejemplo, ha sido de nuestros artistas más internacionales. Lo ha cantado todo en gran parte de los teatros más importantes del mundo. Pero gracias a nuestra burocracia, tan restrictiva y aferrada al diploma, jamás podrá enseñar en un conservatorio. ¡Qué lástima! Quien más pierde por todas estas nimiedades legislativas son los alumnos y los conservatorios, que podrán aplaudir a grandes artistas desde el teatro, pero nunca desde el aula. Lo que más lástima da es que España es de los pocos países en lo que esto ocurre.

Del 22 al 24 de septiembre llega al Teatro Colon de La Coruña para encarnar al Procónsul de Roma por excelencia: Pollione, en una nueva producción de Norma capitaneada por José Miguel Pérez Sierra y Emilio López. Recientemente, además, ha participado en el 70º aniversario de la Asociación Amigos de la Ópera de La Coruña. ¿Cómo se le presenta esta Norma?

Llego a esta Norma en un momento crucial en mi carrera: las experiencias se van haciendo más sólidas, comienzo a tener un bagaje que me permite desarrollar mis libertades vocales sin problemas, y entiendo dónde están mis límites. Tengo al personaje en voz. Comprendo sus conflictos, pasiones e inquietudes. Sé que puedo subirme a un escenario y mostrar al Pollione en el que creo y confío. La única forma de hacer crecer a estos personajes es interpretándolos. Seguramente cuando haga Pollione durante cien funciones, los gestos habrán madurado, descubriré mil matices que hagan la experiencia escénica más rica y, durante todo ese tiempo, me habré enfrentado a decenas de conflictos que me habrán hecho crecer como artista…

¿Qué convierte a Norma en uno de los títulos más imprescindibles en la historia de la ópera?

La respuesta siempre es y será… Bellini. Bellini convierte lo intelectual del belcanto en pasiones universales a las que todos estamos sometidos. Los celos, la envidia, el enamoramiento, el desdén… son realidades comunes en todas las culturas. El público, por muy intelectual que sea el lenguaje, sabe comprender perfectamente dónde se esconde la emoción, y es participe de ella en el rito que supone la ópera.  Incluso los niños, cuya experiencia vital no sea tan amplia en la paleta de emociones, saben entender las lágrimas, saben aplaudir el amor… Norma es universal porque celebra al ser humano como realidad viviente.

Pollione es un personaje con muchas aristas que se van matizando según las actitudes de Norma. ¿Cómo se muestra el Pollione de Moisés Marín y de qué forma ha estado trabajando el desarrollo dramático del personaje?

El cantante llega a los ensayos con unas ideas que se modificarán durante las construcción de una ópera, gracias a las pautas del director de escena. Para mí, Pollione es un personaje visceral, con la dicotomía entre lo terriblemente humano —por las pasiones que afloran en su pecho— y lo despiadado y cruel —por la posición social y política que desempeña—. Este abanico de posibilidades nos da la oportunidad a los cantantes de vivir en dos realidades antagónicas: desde el amor más puro y primitivo hasta la soberbia más incendiaria. Pollione es un personaje lascivo y carnal, pero esta sexualidad tan abierta no le impide que su amor por Adalgisa sea real. Las interpretaciones de Pollione han ido variando según las épocas. Del Monaco o Corelli desempeñaban estos personajes repletos de testosterona y virilidad. En cambio, si después escuchas el Pollione de Osborn, aprecias una delicadeza más vulnerable. Mi Pollione fluctua según los colores que me vaya dando la orquesta. Voy desde medias voces que suspiran hasta cadencias de locura que se salen de mi registro. Los matices de Pollione se esconden en esa extraña delicadeza que el mismo rechaza, porque frente a ojos ajenos sigue siendo el Procónsul de Roma, pero en su intimidad se enamora, sufre, se siente rechazado… 

Bellini compuso el rol para el baritenor Domenico Donzelli, en un registro que se suele comparar al de tenor lírico-spinto o tenor di forza pero cuyos matices son completamente diferentes…

El baritenor puede aportar dos elementos clave: primero de todo, la ductilidad del registro, que permite más libertad a la hora de desarrollar estos roles belcantistas. Y por otro lado, la tesitura. Hay que tener en cuenta que en el periodo belcantista todas las repeticiones se variaban, y la tesitura es lo que permite que, a la hora de variar, se tenga más posibilidades para subir a los agudos o bajar a los graves.

Tienen además la suerte de contar en el foso con uno de los directores belcantistas por excelencia: José Miguel Pérez Sierra, con el que a demás lleva colaborando estrechamente en los últimos meses por escenarios de todo el mundo…

Trabajar cualquier título  belcantista con José Miguel Pérez-Sierra es sinónimo de éxito. Entiende los tempi del belcanto a la perfección. Sabe cuando acelerar para generar adrenalina, cuando ralentizar en los momentos de dramatismo, pero sobre todo, consigue explotar con gusto la paleta de colores orquestales en cada sección, algo vital en el belcanto pero sobre todo en Bellini. Fue el director que me presentó en el Belcanto Opera Festival Rossini de Wildbad y, además, sigue la escuela del belcantista de Alberto Zedda, uno de mis grandes maestros y referentes. 

¿Existe una escuela belcantista española?

Nuestro máximo exponente belcantista en España es Alfredo Kraus. Todos tenemos en nuestra memoria alguna versión de Il pirata o de Lucia di Lammermoor cantada por él. Estableció los parámetros estilísticos en su época y esto ha trascendido en la nuestra. Pero en los últimos años se ha producido una globalización del estilo belcantista, debido también a la labor musicológica cuyas investigaciones nos acercan más a la especialización en el repertorio. Cuanto más sabemos de algo, más libertad de campo tenemos y, por tanto, más facilidad para ser auténticos. El cantante va modificando y adaptando su técnica en base a todas estas nuevas realidades que los descubrimientos musicológicos nos van aportando. La industria se va adaptando a estas nuevas tendencias. Alberto Zedda siempre me decía: “El privilegio de la voz ya no te convierte en cantante”. Antes, con tener el instrumento, bastaba para hacer carrera. Hoy, para ser cantante, la voz es un extra más en la formación y en el proceso.

Es fundador de la Asociación Alma Lírica, una asociación benéfica en la que, a través de la ópera, recauda fondos para fines humanitarios. ¿Por qué es importante que la ópera se implique en actividades que van más allá del hecho escénico?

Organizar una ópera es una locura absoluta. Alma Lírica surge como un proyecto que busca ayudar y divulgar a partes iguales. Los beneficios van para asociaciones contra el cáncer —de ahí la labor social—, pero también buscamos expandir la ópera como género, produciendo títulos que se alejen del canon. Como artistas, tenemos la responsabilidad de devolverle a la sociedad todos los privilegios que esta nos concede. Este año, por ejemplo, quiero hacer el Otello de Rossini en febrero, en formato semiescenificado.

Por último, ¿qué papeles le gustaría hacer que todavía no le han propuesto o no ha tenido la oportunidad de cantar?

Este año me propusieron dos veces el Otello de Rossini, pero por problemas de agenda fue imposible. Así que espero que me lo propongan más. Me encantaría poder profundizar en todo el repertorio serio de Rossini: Otello, Ermione, La Donna del Lago, Guillermo Tell… Tampoco me importaría cantar un Idomeneo: el claro ejemplo del baritenor mozartiano.