Mieczyslaw Weinberg

Mieczyslaw Weinberg

El 8 de diciembre se cumplen cien años del nacimiento de Mieczyslaw Weinberg, nacido en aquella Varsovia en que la convivencia de judíos y cristianos no era ejemplar, hasta el punto de que la cosa no era entre dos religiones, sino entre polacos y judíos. Weinberg es como uno de los justos, uno de los escogidos de que nos habla la Biblia, y nos recuerda Borges: “Dios no destruye el mundo porque hay gentes como él”. En este dosier recorremos aspectos de su vida atormentada, sus huidas, las muertes de los seres queridos… Y el aparente milagro de su tardía recuperación: el rescate, primero en soportes audio, de sus obras sinfónicas y sus cuartetos; la persecución y, en especial, eso que conocemos bien en nuestro país, el ninguneo: no existes, Moishei, y Moishei seguía componiendo obra tras obra, incansable. Gozó de la protección de Shostakovich cuando este estaba mal visto, pero ya no estaba en peligro de muerte. Era muy joven a la muerte de Stalin, y pese a numerosas servidumbres (el cine soviético no siempre lo filmó Kozintsev, y Weinberg escribió partituras para películas, algunas pavorosas) legó una obra amplia y muy bella. Menos ácida que la de Shostakovich, acaso producto del sufrimiento de una raza, aunque ser judío no sea una raza. Ambos músicos son parientes en lo sonoro, pero no hay relación ancilar, de epígono, de continuador. Es otra obra. Entre la soledad, el miedo y ese don de Dios que se llama talento creativo.

Este dosier se compone de los siguientes artículos:

Pruebas, tribulaciones y triunfos, por Michelle Assay y David Fanning
La isla del tesoro camerístico: los cuartetos, por Juan Manuel Viana
Mi Weinberg, reflexiones en torno a sus partituras orquestales, por Anna Duczmal-Mróz
Siete operas entre 1968 y 1986, por Santiago Martín Bermúdez

(Dosier publicado en el nº 357 de la revista Scherzo, de diciembre de 2019)