MARTINA FRANCA / Dos compositores del Barroco napolitano inauguran el Festival della Valle d’Itria

MARTINA FRANCA / Dos compositores del Barroco napolitano inauguran el Festival della Valle d’Itria

Martina Franca. Cortile di Palazzo Ducale. 29-VII-2021. Festival della Valle d’Itria. A. Scarlatti: Griselda. Carmela Remigio, Raffaele Pe, Francesca Ascioti, Mariam Battistelli, Miriam Albano. Director musical: George Petrou. Directora de escena: Rosetta Cucchi. 30-VII-2021 Porpora: L’Angelica. Teresa Iervolino, Ekaterina Bakanova. Director musical: Federico Maria Sardelli. Director de escena: Gianluca Falaschi

Entre las propuestas del Festival della Valle d’Itria de Martina Franca de este año ha tenido especial repercusión la última ópera de Alessandro Scarlatti, Griselda, estrenada en Roma hace 300 años, en 1721, y basada en un libreto de Apostolo Zeno, que fue debidamente ampliado para la ocasión. Resulta sugerente que, con Griselda, Scarlatti pretendiera establecer un modelo de calidad ejemplar. El acontecimiento central de esta ópera es el de las terribles pruebas a las que Gualtiero, rey de Sicilia, somete a su esposa, Griselda, para demostrar a todos que la virtud de esta está muy por encima de su humilde origen. Entrelazado con este cruel asunto, está el amor entre Roberto y Constanza (la hija que Gualtiero robó a Griselda y la confió a un rey amigo, Conrado), y también aparece un personaje malvado, Ottone.

En Martina Franca hubo una gran Griselda, que fue Carmela Remigio, con un estilo impecable y una intensa fuerza expresiva en cada una de sus arias. También hubo un Gualtiero muy válido, el contratenor Raffaele Pe. Asimismo, resultó encomiable la calidad del resto del conjunto vocal, con Francesca Ascioti (Ottone), Mariam Battistelli (Costanza), Miriam Albano (Roberto) y Krystian Adam (Corrado). El grupo instrumental La Lira d’Orfeo, bajo la dirección de George Petrou, estuvo estilísticamente seguro, aunque la interpretación al aire libre dificultó que los colores más sutiles pudieran ser apreciados en toda su intensidad. La directora Rosetta Cucchi quiso ambientar la ópera en la Sicilia de principios del siglo XX, y en algunos momentos exageró las torturas que Griselda soporta con heroismo.

Igualmente La Lira d’Orfeo, bien conducida por Federico Maria Sardelli, se ocupó de la rarísima L’Angelica de Nicola Porpora (Nápoles 1720), serenata sobre un texto de Metastasio, cuya fragilidad dramatúrgica (inevitable, porque eso es algo inherente al género) fue masacrada por la pretenciosa y falaz puesta en escena de Gianluca Falaschi, el conocido diseñador de vestuario que se estrenaba aquí como regista.

Sin embargo, la música de esta obra de Porpora es de gran interés, más en las delicias pastorales de los amores de Tirsi y Licori y de Angélica y Medoro que en los furores de la locura de Orlando. El momento cumbre es Bella diva, aria de Tirsi con violonchelo obbligato. Los jóvenes intérpretes que participaban en esta producción resultaron de lo más adecuado: Teresa Iervolino (Orlando), Ekaterina Bakanova (Angelica), Paola V. Molinari (Medoro), Barbara Massaro (Tirsi) y Gaia Petrone (Licori).

(Foto: Clarissa Lapolla)