Manuel Tévar: “Cuanto mayor es el carisma del solista, más fácil es encontrar la química”

La Atlántida Chamber Orchestra acaba de dar comienzo a su cuarta temporada en el Auditorio Nacional con Maxim Vengerov como solista del Concierto para violín de Sibelius, en un programa completado por la obertura de Ruslán y Ludmila de Glinka y la Octava sinfonía de Dvořák. Su director Manuel Tévar explica a SCHERZO el crecimiento de una orquesta que también amplía considerablemente su actividad fuera de Madrid y de España.
¿Qué ha cambiado desde las primeras temporadas hasta un curso como el que ahora comienza?
La orquesta se encuentra en su mejor momento. Hemos alcanzado un nivel artístico que nos permite desarrollar una temporada con artistas de primer nivel mundial, y lo más importante para mí: hemos conseguido una identidad que nos hace muy reconocibles y que creo que es la clave del éxito actual.
¿Qué supone para una formación como Atlántida trabajar con un músico de la trayectoria de Vengerov y qué busca usted en particular en este primer programa?
Para nosotros es un completo placer poder contar con un artista de su categoría, y especialmente cuando se trata de Maxim Vengerov, que siempre ha sido reconocido no solo por su brillante técnica, sino de manera especial por su enorme musicalidad. Por otro lado, la propia orquesta ha demandado con su enorme crecimiento un programa de la más alta exigencia artística. Creo, además, que este programa nos permite exhibir todo nuestro potencial y seguir aprendiendo y creciendo en el escenario, que es nuestro lugar favorito.
Vengerov, Ainhoa Arteta, Estrella Morente, Mischa Maisky o Silvia Careddu dibujan una nómina de invitados muy heterogénea. ¿Existe un criterio artístico común detrás de estas colaboraciones?
Después del salto cualitativo de nuestro proyecto, seleccionar una colección de joyas musicales como la que tenemos este año y unirlo a una semántica estética como la que buscábamos, que nos ayudara a seguir exhibiendo nuestra identidad y personalidad, fue lo que le dio título y forma a nuestra temporada, “Piezas de una gran historia”.
Una de las características de la programación es precisamente su amplitud: conviven Sibelius, Dvořák, Beethoven, Mozart, Brahms o Haendel con programas dedicados a John Williams y con un proyecto como El amor brujo junto a Estrella Morente. ¿Cómo se encuentra el equilibrio entre ampliar el público de una orquesta y mantener una identidad artística reconocible?
Creo que una de nuestras mejores características es la versatilidad, y gozamos de una extraordinaria primera generación de profesionales que nos ayuda a atrevernos con cualquier repertorio desde el Barroco hasta nuestros días. Pienso también que el gran público, más allá de sus obras favoritas, lo que realmente disfruta en nuestros conciertos es cómo conseguimos conectar con ellos a través de cualquier obra del repertorio.

La colaboración con Estrella Morente en El amor brujo adquiere una dimensión especial porque no se limita al concierto del 8 de enero en el Auditorio Nacional, sino que se convierte en una gira por distintas ciudades españolas. ¿Cómo nació este proyecto?
Sin duda, la gira con Estrella es uno de los platos fuertes de nuestra temporada, no solo por lo que representa su voz en el flamenco, sino porque nos ayuda a ser fieles al concepto original de Falla: que una cantaora interpretase El amor brujo. El proyecto nació de nuestra pasión por la obra y profunda admiración por Falla, ya que la música española es una de nuestras señas de identidad.
Hay también una voluntad de crecimiento sinfónico y sinfónico-coral: aparecen en la temporada obras como la Quinta de Beethoven, el Réquiem de Mozart, Un réquiem alemán de Brahms o El Mesías de Haendel. ¿Hasta qué punto sigue teniendo sentido hoy la denominación de «Chamber Orchestra» para una formación que está ampliando de este modo repertorio, plantilla y ambiciones?
Nuestra esencia, independientemente del número exacto de componentes, es la de la orquesta de cámara de tradición europea, porque nos permite trabajar con un techo de calidad muy alto. Desde ahí, podemos añadir músicos cuando el programa lo demanda, sin perder la naturaleza de nuestra manera de trabajar.
El 3 de abril llegará Mischa Maisky para interpretar el Primer concierto para violonchelo de Saint-Saëns, en un programa que culmina con la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvořák. Como director, ¿cambia su manera de trabajar cuando se encuentra ante solistas con una personalidad musical tan definida y con décadas de experiencia sobre los escenarios?
Mi forma de trabajar con cualquier solista es ponerme a su servicio completamente, y conseguir que la orquesta esté preparada para ello. Cuanto más grande es el carisma y el carácter del solista, más fácil es encontrar la química que convierte el momento del concierto en una experiencia inigualable. En ese sentido, figuras como Mischa y Maxim son únicas.
La dimensión internacional de Atlántida crece esta temporada con las giras por Europa y los conciertos previstos en ciudades como Praga, Viena y Salzburgo. ¿Qué importancia tiene esa presencia internacional para el desarrollo de la orquesta y qué se aprende —artística e institucionalmente— al confrontar el trabajo realizado en España con públicos y tradiciones musicales diferentes?
Para nosotros, las giras internacionales son una gran oportunidad no solo para exportar nuestro proyecto, sino para, además, difundir nuestro patrimonio musical y nuestro compromiso con la nueva creación. El mayor aprendizaje es el encontrar públicos y promotores internacionales que reciben con enorme entusiasmo nuestras interpretaciones.
El 27 de mayo de 2027 la orquesta se presentará en el Weill Recital Hall del Carnegie Hall de Nueva York con un proyecto en torno a Francisco Alonso y nuevas versiones para orquesta de cámara realizadas por usted. Resulta significativo que para un debut de esta importancia hayan elegido precisamente patrimonio musical español. ¿Por qué Alonso y qué imagen de nuestra música quieren llevar a Nueva York?
Para nosotros, la figura de Francisco Alonso tiene un valor extraordinario, y representa esa frescura polifacética con la que tanto nos identificamos. Su música es capaz de trasladarte desde el andalucismo más profundo a la verbena madrileña, pasando por los cafés parisiens. En este camino de descubrimiento del compositor, hemos encontrado música completamente olvidada de influencia americana, que desde el primer momento soñamos con llevar a Nueva York. Todo esto, unido a nuestra obsesión latente por elevar el género de la zarzuela, nos ha llevado a crear este homenaje y presentarlo en una de las mejores salas del mundo.
Atlántida nació en 2015 y acaba de superar, por tanto, su primera década de existencia. Si observa conjuntamente la temporada del Auditorio Nacional, las giras europeas, el proyecto con Estrella Morente y el debut neoyorquino, ¿estamos ante la culminación de una etapa o ante el comienzo de una nueva fase en la historia de la orquesta?
Creo que esta temporada se abren nuevas perspectivas maravillosas para la orquesta, a la vez que retos muy importantes. Creo mucho en el día a día, pero lo que estamos viviendo hoy nos hace mirar al futuro con muchísima ilusión. Aunque, sin duda, todo el trabajo de estos últimos años culmina en esta temporada, para mí estamos frente al comienzo de una nueva era.
Laura Chacel


