MÁLAGA / Leticia Moreno, violinista estelar

MÁLAGA / Leticia Moreno, violinista estelar

Málaga. Teatro Cervantes. 28-II-2021. Orquesta Filarmónica de Málaga (OFM). Leticia Moreno, violín. Director: José María Moreno. Obras de Mendelssohn y Schubert.

Tres circunstancias se dieron en el octavo concierto de temporada de abono de la OFM que vinieron a destacarlo: la conmemoración del trigésimo aniversario de la orquesta, el haberle sido otorgada la distinción honorífica de Bandera de Andalucía de las Artes y la presentación de su grabación de la Quinta sinfonía de Gustav Mahler realizada el pasado verano bajo la dirección de su recién nombrado director titular, José María Moreno, todas ellas coincidentes en una matiné celebrada el Día de Andalucía y que, por el contenido del programa, ya había generado expectación.

Este estuvo ocupado por obras de dos autores del gran repertorio romántico como fueron Franz Schubert con la obertura Rosamunda D 797 y su Octava sinfonía en Si menor D 759,”Incompleta”, y Félix Mendelsshon con su admirable Concierto para violín y orquesta en Mi menor op. 64, que permitía que se pudiera contar con la intervención de una de las intérpretes españolas de mayor prestigio, la violinista madrileña Leticia Moreno, que se encuentra en un momento dulce de su carrera.

Lo inmediato que se percibe de su modo de tocar es el balance al que llega entre la comprensión de la estructura musical y su capacidad expresiva, desarrollando tal equilibrio con una espontánea naturalidad verdaderamente asombrosa, que sólo se puede entender desde un hacer suya esta genial obra de Mendelssohn, como si, desde una perspectiva creativa, ella la hubiera pensado originariamente. Lo segundo fue que, para llegar a tal grado de trascendencia, se servía de una capacidad técnica prodigiosamente consolidada,  resultante de una disposición vital absoluta y orgánica de su ser musical orientada a la recreación como un hecho irrepetible. No cabe entrar en detalles sobre su ejecución si se parte de que manifestó en todo momento una afinación perfecta, una articulación clara y precisa, un sentido del tempo, que justificaba y consolidaba el mensaje y una capacidad de diálogo realmente sensitiva, favoreciendo siempre una fácil concertación con la orquesta. Su autonomía musical se puede encuadrar dentro un profundo conocimiento de la obra y en exigirse un constante perfeccionamiento, planteamientos que la llevan a un alto grado de formulación sólo posible en los intérpretes elegidos por los dioses olímpicos, Apolo y la musa Euterpe.

De todo esto, el mejor testigo fue el maestro José María Moreno que, en un alarde de complacencia, hizo suyas las directrices marcadas por la solista respetando la lógica de su enorme musicalidad. Ambos mantuvieron en todo momento esa entente tan necesaria, por infrecuente, para que surja gran lucimiento en una obra concertante. Como respuesta a la cerrada aclamación del auditorio, Leticia Moreno serenó la vivacidad del movimiento final del concierto con una meditativa versión de la zarabanda de la Segunda partita para violín, BWV 1004 de Johann Sebastian Bach, que supuso todo un armonioso bálsamo emocional para el oyente.

El concierto se abrió con la obertura Rosamunda con la que José María Moreno simultaneó esa solemnidad que presenta su inicio con una posterior declinación del mejor estilo vienés. Supuso una presentación del pensamiento musical schubertiano que iba a reafirmarse en la sinfonía que cerraba el programa. Con el gesto expansivo que imprime a sus evoluciones, mantuvo en la Incompleta la cohesión expresiva del instrumento orquestal, transmitiendo ese sentido lírico que tiene esta obra de Schubert, condensando acentos a la vez que hacía fluidas las frases al organizar su alternante discurso como una paradójica y tenue resonante exclamación. La experiencia lírico-dramática del maestro balear se puso de manifiesto en el Andante de manera atractiva y convincente, matizando ese cierto simbolismo de carácter emocional que se puede extraer del segundo y último movimiento de esta singular sinfonía. Se ponía fin así a un concierto de hermoso contenido y excelente ejecución.