MÁLAGA / Genuinos sones americanos

MÁLAGA / Genuinos sones americanos

Málaga. Museo Picasso. 4-VII-2020. Jardín del Museo Picasso Málaga (MPM). Claudio Constantini, piano. Obras de Gershwin y Piazzolla.

En el ciclo de eventos musicales organizados por el Museo Picasso Málaga en este final de temporada -y salida de confinamiento- dedicados a la música clásica, el jazz y el flamenco, ha sido muy interesante el recital de piano protagonizado por el músico limeño Claudio Constantini, con un programa genuinamente americano centrado en dos autores de gran singularidad: el platense Ástor Piazzolla y el neoyorquino George Gershwin.

Constantini ofreció del rey del tango y la milonga una versión para piano, realizada por el propio intérprete, de sus Cuatro estaciones porteñas, con las que introdujo al oyente en el sensual y sensitivo ambiente de ese Buenos Aires que, en su particular mezcla ítalo-franco-española, adquiere esa singularidad que hacen de la literatura y de la música allí surgidas una de las referencias del gran arte de aquel continente. Por ser natural del hemisferio suramericano y por su identificación con Piazzolla en su condición de acordeonista, Constantini extrajo del instrumento rey el estilo cadencioso propio de esta música, convirtiendo el canto del bandoneón para el que fue compuesta originalmente la pieza en esa explosión polifónica que permite el piano, tratado en este caso con particular sentido expresivo. Cada una de las cuatro piezas que componen la suite Cuatro estaciones parecía una consecuencia de la anterior, creando en el oyente esa impresión de unidad que producen las estaciones vivaldianas, que piden ser escuchas en su totalidad para poder disfrutar de cada uno de sus detalles, pasajes y tiempos. Tal fue la intención que caracterizó la interpretación de Constantini, a quien se veía disfrutar en el teclado conforme avanzaba en la obra.

La segunda parte estuvo dedicada a una de las obras más representativas de George Gershwin, Rhapsody in blue, en la versión para piano escrita por el autor. Constantini se acercó a la obra con instintiva y flexible capacidad recreativa, descubriendo las diversas características rítmicas de esta música norteamericana contextualizada en la gran técnica pianística europea. Su interpretación dio la sensación de fluir entre un discurso espontáneo, casi improvisado, y el  rigor en la dicción, produciendo en el oyente un efecto sonoro caleidoscópico. Conforme Constantini avanzaba en la ejecución se iban reafirmando los elementos compositivos particulares de esta genial partitura, estimulando el recuerdo del espectador de la versión original para orquesta y perfilando la voz particular de un compositor que, con esta extraordinaria versión para piano, demostraba su maestría absoluta con el teclado.

El público, encantado, disfrutó con estas obras surgidas de dos de los focos culturales más singulares de la América del siglo XX.