MÁLAGA / Exquisita sobriedad musical

MÁLAGA / Exquisita sobriedad musical

MÁLAGA. Auditorio Museo Picasso Málaga. Cuarteto Quiroga. Obras de Ludwig van Beethoven y Johannes Brahms.

Una de los conciertos más relevantes del XIII Ciclo de Cámara que, con la colaboración de la Orquesta Filarmónica de Málaga, organiza como actividad cultural paralela el Museo Picasso Málaga ha sido el protagonizado por el admirado Cuarteto Quiroga, uno de los grupos musicales de cuerda con más reconocido prestigio de España. Se presentaba con dos obras paradigmáticas del repertorio como son el Cuarteto nº 15 en La menor, Op. 132 de Beethoven y el Cuarteto nº 2, Op. 51 de Brahms, ambos en la misma tonalidad.

Como si se tratara de un banco de pruebas de un laboratorio científico, el Cuarteto Quiroga, con exquisita sobriedad de expresión, se dispuso a interpretar la antepenúltima obra para este tipo de formación de cuerda que se recoge en el catálogo de Beethoven. Hago esta comparación por la exigencia analítica que requiere el hacer sonar este cuarteto de Beethoven situado estilísticamente en el umbral del efecto que produce la escucha de la música serial, sin que el compositor prescinda en momento alguno del patrón diatónico de sus armonizaciones.

Con una homogeneidad tímbrica realmente admirable, los cuatro componentes del Quiroga se adentraron en la compleja indecisión que Beethoven mantiene en el primer tiempo de la obra, que fue tratado como una gran interrogación hasta que se definió de alguna manera en la creciente aceleración que dieron a su coda, con la que se llegaba a la primera concreción de la deseada lógica musical esperada por el oyente.

En el segundo, Allegro ma non tanto, Aitor Hevia, primer violín, después de la muy contrastante exposición temática, llevando su instrumento, un espléndido Amati de 1682, desde un gran dominio técnico a una muy variada expresividad, asumió la responsabilidad de dulcificar tensiones en una especie de sencilla danza que perdía su aparente ingenuidad con el sustento de los sones que emitía Cibrán Sierra como segundo violín. La intensidad de este scherzo quedó justificada en su recapitulación ejecutada con redoblada energía.

Un sentimiento de íntimo recogimiento fue el aliento que los músicos mantuvieron a lo largo del Molto adagio, queriendo así acentuar el carácter sustancial de este movimiento dentro de la obra con sus enigmáticos silencios repartidos en cada instrumento como ocultos impulsores de su discurso. El Cuarteto Quiroga dejó patente en este largo pasaje su alta musicalidad como en ningún otro momento del concierto, llegando a ese punto de plegaria de alto contenido espiritual que con él desea manifestar el compositor. En los últimos dos tiempos, unidos por la inminencia de un attaca emocionalmente necesario, los cuatro intérpretes alcanzaron su máximo exponente virtuoso consiguiendo, tras la factura romántica del violín en el marcial aire indicado en el cuarto, inmiscuirse en las complejidades beethovenianas del apasionado allegro final con determinación técnica y definido compromiso estético, consiguiendo así cerrar el círculo del sublime mensaje musical de esta obra eternamente vanguardista.