MADRID / Yuja Wang: precisión rítmica y sutileza

Madrid. Teatro Real. 14-XI-2024. Yuja Wang, piano y dirección. José María Blumenschein, concertino y líder. Mahler Chamber Orchestra. Obras de Stravinsky, Ravel y Tsfasman.
Organizado por Impacta y dentro de su sustanciosa y bien planificada e “impactante” temporada se ha desarrollado este nuevo concierto de la serie en el marco de un Teatro Real aparentemente colmado. Y con un buen éxito y reconocibles y positivos resultados. Todo giraba en torno a la figura, cada vez más asentada, de la pianista china Yuja Wang (1987), una artista en permanente crecimiento.
Como otros pianistas jóvenes y dotados, esta artista aprendió muy rápido, entre otros del pianista norteamericano Gary Graffman. Las manos son ligeras, el sonido atrayente, aunque no excesivamente grande. Y huye del edulcoramiento. Es muy espabilada y dispuesta, ágil y virtuosa, fraseo bien ceñido no exento de fantasía. Una de esas jóvenes instrumentistas que “las dan todas”, lo que a veces puede hacer peligrar la línea, el estudio atento, la matización superior. Algo que, en las veces que la hemos visto y oído, ha orillado con inteligencia. Puede dar una imagen distinta y atrayente de la partitura.
Y así se nos ha mostrado en esta ocasión. La hemos visto más madura, más asentada, con un claro concepto de cada obra, que toca con convicción y calor, con una digitación precisa y firme y una diligencia formidable, respetando y aun reafirmando las anotaciones rítmicas, lo que proporciona a su maniera una gracia espirituosa que embauca. Con esas bases ofreció una versión muy nítida y luminosa, ligera y precisa, del Concierto en Sol de Ravel. Nos gustó su manera de recrearse en las partes cantabile del Allegramente inicial y la forma en la que, muy suavemente, introdujo el tema que abre el Adagio assai, en un pianísimo rumoroso. Buena intervención, algo apagada eso sí, del corno inglés en la frase más famosa, y trinos finales delicadísimos.

Animosa y virtuosa, Wang, que en la segunda parte lució un breve pantaloncito corto, se regodeó con soltura en la interpretación de la Suite para piano y orquesta (Jazz Suite) de Alexander Naumovich Tsfasman, que bajo su orientación y agilidad sonó fresca y natural, con un estupendo impulso rítmico y unos contratiempos divertidos. La música, fácil, reconocible, diáfana, no está alejada de ciertas piezas de Shostakovich. Mucho salero y bien hacer con el apoyo ágil y diligente de la Mahler Chamber Orchestra llevada de la mano por su concertino Blumenschein, que dirigió desde su atril las otras dos piezas que completaban la sesión.
De la primera, el Concierto en Mi bemol mayor “Dumbarton Oaks” de Stravinsky, escuchamos una interpretación intencionada, bien acentuada, precisa y clara, de rítmica contagiosa y gran movilidad. Fue una saludable inauguración que nos puso las pilas para Ravel. Del músico francés los 45 instrumentistas nos ofrecieron una recreación muy en su punto, por el manejo de las dinámicas y la consecución de una sonoridad a veces etérea, de Le tombeau de Couperin. Matices justos, discreción sonora en el Prélude, manejo de las dinámicas, con un crescendo-diminuendo final muy logrado, de la Forlane (Allegretto). El Assez vif del Rigaudon nos llevó en volandas.
Divertida sesión, pues, bien elaborada y mejor dispuesta. El público, discreto hasta entonces, se entusiasmó con los vaivenes jazzísticos de Tasman, especialmente con el lírico Vals y el arrojo de Career, ofrecido al final como regalo. Excelentes y didácticas notas el programa (de verdad, en papel, no en el móvil) de Rafael Fernández de Larrinoa.
Arturo Reverter
(fotos: Teatro Real)


