MADRID / Una ‘Magelone’ diferente y llena de atractivos en el ciclo de la Fundación BBVA

Madrid. Palacio del Marqués de Salamanca. 22-V-2026. Fundación BBVA-Brahms, el progresivo. Joan Martín-Royo (barítono), Cristina Oñoro (narradora), Santiago Serrate (dirección). Orquesta de Cámara Andrés Segovia J. Brahms: Die schöne Magelone.
El pasado viernes 22 de mayo tuvimos la ocasión de disfrutar de un inusual y muy interesante concierto en la sala de la Fundación BBVA, tanto en lo que al propio programa se refiere como a la formación elegida para su interpretación: Die schöne Magelone op. 33 de Brahms, pero en la versión para barítono y diez instrumentos de Heribert Breuer. Como decíamos, si no es frecuente la interpretación de este ciclo del hamburgués, menos aún lo es la posibilidad de asistir al estreno de esta versión en España. Debemos esta estupenda iniciativa al director Santiago Serrate [arriba, en la foto], actual responsable de la temporada musical del ciclo, músico bien conocido en todos los teatros nacionales y buena parte de los internacionales, que amén de estar muy comprometido con la creación contemporánea (lo pudimos ver dirigiendo el Tenorio de Tomás Marco en el Teatro Real hace dos años) no duda en sumergirse en enfoques audaces de obras más alejadas en el tiempo, como es el caso de esta Magelone. En esta aventura se puso al frente de la Orquesta de Cámara Andrés Segovia y se vio acompañado de uno de los mejores barítonos del panorama, como es el barcelonés Joan Martín-Royo, cuya trayectoria, de una solidez y versatilidad difíciles de igualar, es bien conocida de los aficionados. Además, contó con la participación de la escritora Cristina Oñoro que ejerció como narradora de una selección de textos del original de Ludwig Tieck (publicado en 1797) —selección que corrió a cargo del propio Serrate— para ilustrar cada paso de la historia que se detalla en los correspondientes lieder.
En sus estupendas notas al programa, Serrate nos cuenta que el compositor y director Heribert Breuer decidió arreglar la partitura pianística de Die schöne Magelone para cuarteto de cuerda más quinteto de viento para celebrar el 175º cumpleaños de Brahms en un concierto celebrado el 7 de mayo de 2008 en la Filarmónica de Berlín, acompañadas de dos obras para piano de la última etapa compositiva del autor, que también tuvimos ocasión de escuchar en esta velada: la Balada op. 118 nº 3 y el Intermezzo op. 117 nº 1.

Desde el comienzo quedó patente que Martín-Royo era el cómplice ideal para esta obra en la que no sólo entran “en acción” cuatro personajes (dos hombres y dos mujeres) que narran las aventuras y desventuras amorosas del príncipe Pierre y la princesa Magelone a través de una serie de romanzas que son más un retrato de sentimientos que un detalle de los hechos (de ahí el acierto de insertar un narrador). Y precisamente en esta plasmación de sentimientos a través del fraseo y lo apropiado de la ejecución de articulaciones y matices fue donde descolló el barítono catalán. Estupendo el registro heroico que encontró para Traun! Bogen und Pfeil, en contraste con ese Sind es Schmerzen, sind es Freuden y en Liebe kam aus fernen Landen, especie de respuesta de la amada al príncipe —con claros ecos temáticos— en los que hizo gala de un fantástico legato en esos larguísimos fraseos brahmsianos. Estuvo fantástico en el dibujo de la zozobra del amor pasando de la tristeza a la alegría o de la calma a la exaltación en Wie soll ich die Freude, ayudándose incluso sabiamente del apoyo en ciertas consonantes (qué maravilla de dicción alemana la suya) y consiguiendo, junto a la estupenda dirección de Serrate, hacernos pensar en esa parte final del lied, como en un guiño, a “O namenlose Freude” del Fidelio beethoveniano. De la misma forma esa misma exaltación sonó contenida y ensoñadora en War es dir, dem diese Lippen bebten. Pudimos disfrutar de la homogeneidad de todo su amplio registro en Wir müssen uns trennen, que, bajo apariencia de naturalidad arrastra al cantante por líneas más que complicadas con matices casi imposibles. Controladísimas las dinámicas en esos lieder tan delicados como Ruhe Süßlienchen, Wie schnell verschwindet o Muß es eine Trennung geben, para dar una lección de gracia en Sulima y recuperar de nuevo esa mezcla, ese contraste entre el heroísmo primero y el lirismo en las dos últimas piezas del ciclo, donde Pierre y Magelone ya se encuentran y disfrutan de su amor, con especial mención de nuevo a ese magnífico fraseo suyo con un legato digno de admiración y un fantástico agudo —incluido el mecanismo de cabeza— en Treue Liebe dauert lange.
Magnífico trabajo el de Santiago Serrate y la Orquesta de Cámara Andrés Segovia en esta versión orquestada, más aún teniendo en cuenta la no muy adecuada acústica de esta sala. Sin duda, en un espacio más amplio se podría doblar la cuerda y encontrar un equilibrio más adecuado, a pesar de lo cual, el trabajo tanto de los integrantes de la orquesta como de Serrate tuvo un resultado magnífico. Personalmente considero que una de las mayores dificultades de llevar la obra a una instrumentación tan amplia consiste en que el pulso rítmico no se pierda, debido a esa escritura tantas veces sincopada. Sin embargo, el buen hacer de Serrate —y su experiencia pianística— hicieron que la obra fluyera como si de un único músico se tratara y pienso en un lied como War es dir dem diese Lippen bebten, un verdadero reto en este sentido. Sin duda hubo un gran trabajo de conjunción con Martín-Royo y un cuidado extremo por parte de Serrate, siempre atento y pendiente tanto de las inflexiones y respiraciones de su solista y del balance con el conjunto instrumental. Muy buen trabajo también el destacar sutilmente aquellos elementos más evocadores, como esa forma tan bien ejecutada al grado napolitano que llevaron a cabo precisamente en el tercer lied, que nos habla de esa Nápoles, cuna de Magelone.

Hay que destacar que cada intérprete del conjunto hizo el doble papel de músico de orquesta y de solista y en este sentido hay que felicitar a todos y cada uno de ellos, con muy destacadas intervenciones del fagot (Ruhe, Süßliebchen), clarinete (Wir müssen uns trennen, Wie schnelle verschwindet), la trompa (Verzweiflung) y ese estupendo contrabajo, que realizó un gran trabajo con unos ostinati que prácticamente llegaron a conformar una voz propia en muchos momentos. No por menos vistoso fue menos intenso el trabajo del cuarteto de cuerda, pero sí, desde donde estaba quien escribe, menos lucido a nivel sonoro por la ya aludida peculiar acústica de la sala.
Dos palabras sobre las dos transcripciones de Heribert Breuer de esas obras tardías para piano. Sin duda, me satisfizo mucho más la instrumentación del Intermezzo op. 117 nº 1, esa famosa nana que encontró un timbre diferente, más luminoso y apacible quizá que en su versión original para piano, con un bello contraste en la sección en modo menor que Serrate condujo con gran gusto e intención. En cambio, la Balada op. 118 nº 3 me pareció que, frente a la partitura pianística perdía esa gravedad solemne que parece contradecir a la articulación picada y que, sin embargo, debe estar ahí.
Sinceramente, esperamos poder volver a escuchar esta nueva visión de Magelone con estos fantásticos intérpretes en un ámbito más amplio que el de la BBVA para poder disfrutar plenamente del sabor que destila y del buen hacer de estos músicos.
Ana García Urcola


