MADRID / Un gitano muy de ópera

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 23-IV-2026. El gitano por amor, de Manuel García. 2º reparto: Juan de Dios Mateos (Fernando), Suzana Nadejde (Rosita), Rocío Faus (Inés), Javier Povedano (Baldaquino), Begoña Gómez (Laura), José Ángel Florido (Manolo), Pietro Spagnoli (Marqués del Pino). Coro del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección de escena: Emilio Sagi. Dirección musical: Carlos Aragón.
La sorpresa ha sido general entre todos los que han asistido a las primeras representaciones de esta ópera Manuel García, al igual que ocurrió cuando esta producción se estrenó en Málaga en 2024 y en las recientes funciones en Oviedo-. Porque estamos ante una espléndida partitura que puede bien ser clasificada como la primera ópera que, antes de Barbieri y su generación, fusionó el lenguaje de la ópera italiana con el acervo de la música española de la tradición bolera. Aquí, en fecha tan temprana como 1828 Manuel García ensambla de forma armónica, incluso en un mismo número musical, las cavatinas y cabaletas de tradición mozartiana y rossiniana con las hemiolias y síncopas de las seguidillas, boleros, polos, tiranas y hasta alguna muñeira. Y funciona perfectamente, en gran medida gracias a la inspiración melódica del sevillano y su sabiduría en la escritura para las voces, como se pudo comprobar en los numerosos y complejos concertantes.
La producción escénica firmada por Emilio Sagi y su equipo habitual (Daniel Bianco en la escenografía, Jesus Ruiz en el vestuario, Eduardo Bravo en la luminotecnia y Nuria Castejón en la coreografía) es brillante dentro de su sencillez, demostrando que cuando hay sabiduría teatral menos es más. La luz da forma tridimensional a la escena, sencilla, con un atrezzo reducido a varias sillas, un telón con trajes de flamencas dispuesto como flores abiertas o tres puertas que dan a una luz blanca. Sagi mueve a los cantantes y coristas a la perfección, prueba de lo cual es el brillante final del primer acto con una tormenta perfecta y bellamente resuelta.
Carlos Aragón conoce todos los secretos de esta partitura que él ha editado en parte desde los orígenes del proyecto junto a Juan de Udaeta. Inyecta a su dirección una fuerza avasalladora en los ritmos boleros, incidiendo en los acentos, en los cambios de ritmo de ternario a binario, con garra y con sentido del color de la orquesta, que suena a verdadera música española. Pero también suena a ópera italiana cuando acompaña a las voces en los recitativos dramáticos (como en el “Hernando desventurado”) y en las dulces melodías de las cavatinas, con un suave acompañamiento instrumental a ritmo nunca lánguido. Hizo que las cuerdas desplegarán diversos colores, con ataques en armónicos o sul ponticello durante los crescendi rossinianos. Le secundó una orquesta disciplinada y compacta, como espléndidos solos del clarinete y del primer violín. Muy acertada la decisión de integrar el pianoforte en los momentos orquestales, tal y como se hacía en la época cuando los maestros dirigían desde el teclado. Ganó así el balance sonoro en colores.
Tienen ante sí un fenomenal desafío los cantantes que se atreven a interpretar esta ópera, dadas las dificultades técnicas del estilo de García, consumado cantante, maestro de canto y escritor de ejercicios para la voz. Juan de Dios Mateos fue el Hernando perfecto. Por su apostura y su soltura sobre las tablas, claro, pero sobre todo por su voz y su técnica. Forjado fuera de España en óperas de Rossini, Donizetti o Mozart, domina completamente la coloratura, con nítidos gruppetti, canto martellato y saltos interválicos precisos. Su sonido es potente y brillante, se expande en el ascenso al agudo, que es siempre firme y squillante. Pero también sabe ligar con una impecable línea de canto, sensible y asentada en los acentos y en la ligazón de las frases. Sus recitativos nunca fueron rutinarios, siempre expresivos y con claridad en la dicción. Susana Nadejde triunfó también en el papel de Rosita. La voz es bella, con presencia, de soprano lírica-ligera que igual resolvió las ornamentaciones profusas como sus abundantes intervenciones boleras, cantadas con gracia e intención, acompañada de una actuación muy cuidada. Culminó su intervención con una plegaria final a su padre realmente conmovedora por la verdad de sus acentos y su sensible línea de canto. Javier Povedano como el criado Baldaquín estuvo omnipresente toda la ópera, interviniendo prácticamente en todas las escenas sin cansancio. Su vis cómica es enorme y es capaz de atraer las miradas del público en cuanto sale a escena. Y en cuanto a la voz, es contundente, potente, rica en armónicos y capaz de plegarse a reguladores y cambios de color. La prueba máxima fue la escena en la que además de cantar su personaje tenía que imitar las voces de Hernando y Rosita con continuos cambios de registros perfectamente resueltos.
Begoña Gómez, como la gitana Laura, cumplió con nota sobresaliente gracias a su voz más densa y cuajada y su fraseo muy cuidado. La joven prima de Hernando estuvo encarnada por Rocío Faus y tuvo ocasión en su cavatina del segundo acto de lucir su voz ligera y cristalina y sus soltura en las ornamentaciones. José Ángel Florido no posee una voz de tan pulidos perfiles como las de sus compañeros de reparto, pero lo supo compensar con su desparpajo escénico y su gusto en el decir las frases. Todo un lujo contar con Pietro Spagnoli para el breve papel del Marqués del Pino. Se sabe todos los recursos y secretos de un bajo-barítono bufo y su manera de frasear es como un manual de bel canto. Y además conserva una voz de impacto. Cumplió con creces Emilio Sánchez como el Corregidor. Por último, enhorabuena al coro tanto por su manera de moverse en escena como por su empaste y su precisión.
Andrés Moreno Mengíbar
Fotografía: Elena del Real


