MADRID / Sobresaliente ‘Elías’ de Afkham y la Nacional

Madrid. Auditorio Nacional (Sala sinfónica). 16-XII-2022. Mendelssohn: Elías. Ilse Eerens, soprano. Stefanie Irányi, mezzosoprano. Siyabonga Maqungo, tenor. Konstantin Krimmel, barítono. David Rabadán Hernández, niño solista. Solistas del Coro Nacional de España: Margarita Rodríguez, Francisca Calero, sopranos. Beatriz Oleaga, Rosa Ramón, contraltos. Director del coro: Miguel Ángel García-Cañamero. Director: David Afkham.
El último sinfónico de la Nacional nos traía de vuelta el mejor oratorio de Mendelssohn, Elías, compuesto simultáneamente en sus versiones en alemán e inglés en 1845-46, aunque fue la versión inglesa la que se estrenó en vida del compositor (la alemana lo hizo poco después de su muerte, y fue la que escuchamos aquí). Elías fue partitura favorita de otro titular de la Nacional, Frühbeck de Burgos, que dejó además una interpretación extraordinaria de la obra en disco, con nada menos que Dietrich Fischer-Dieskau como protagonista.
Es bien conocida la admiración que Mendelssohn profesaba por Bach y Haendel, y la sombra de ambos está presente en esta hermosa partitura, que, sin embargo, tiene el sello inconfundible del genio mendelssohniano. Más allá de la sabia y perfecta construcción, nos ganan la belleza de sus melodías, la grandiosa solemnidad de muchos coros y la sentida devoción de otros, con el trasfondo de los himnos luteranos en el fondo. Bien pronto asoma el mejor lirismo, en el aria de tenor Si me buscáis de todo corazón. Pero es inevitable destacar que los mejores momentos solistas corren a cargo del profeta, con arias bellísimas, como Señor, Dios de Abraham, la maravillosa ¡Es suficiente, basta! y Sí, las montañas se apartarán. Coros de gran solemnidad, como el conecta con la obertura o los que coronan la primera parte y el final de la obra, completan una partitura que se disfruta con emoción cuando está servida con intensidad, sensibilidad y solidez de criterio.
No sorprende que hubiera de ambos en las manos del estupendo titular de la Nacional, David Afkham que entre sus muchas cualidades cuenta la de moverse como pez en el agua (y esta no ha sido la excepción) en este repertorio. El de Friburgo presentó una orquesta nutrida. pero ni mucho menos masiva (la cuerda 11/12/8/6/4) y manejó siempre la nave con su mando firme y claro, las texturas y el dibujo contrapuntístico resaltado con nitidez y los matices precisos y adecuados, moldeando con extremo acierto esa bella mezcla de devoción, lirismo, grandeza y solemnidad que demandan estos pentagramas. Los tempi fueron elegidos con sensibilidad, aunque puede que alguno cayera del lado más ligero (el Andante grave e maestoso del undécimo número, ¡Baal, escucha nuestra súplica! por ejemplo).
Tuvo en sus manos un cuarteto solista de extrema solvencia. La soprano Ilse Eerens y la mezzosoprano Stefanie Irányi, sustitutas de las previstas Julia Kleiter y Gerhild Romberger, cumplieron sobradamente. Voces de presencia suficiente, bien timbradas (la soprano con un vibrato un punto eléctrico) y con buenas líneas de canto. Lo mismo puede aplicarse al tenor sudafricano Maqungo, que cantó siempre con gusto e intensidad. El barítono Konstantin Krimmel, con una voz de bello timbre, compuso un Elías de excelente presencia dramática, muy notable presencia vocal y preciso manejo de las agilidades, que Mendelssohn demanda con cierta abundancia en su aria ¿Acaso no es la palabra del señor como el fuego? El chaval David Rabadán, con volumen suficiente, aunque no grande, se mostró seguro de afinación en su breve pero comprometido papel del decimonoveno número ¡Ayuda a tu pueblo, tú, hombre de Dios! Estupendas las cuatro solistas del coro en sus cometidos, muy especialmente en el terceto a capela Eleva tus ojos hacia los montes y en el cuarteto con coro Santo es Dios, el señor.
Aunque el coro no es tan exigido en esta obra como lo puede ser, en materia de agilidades, en obras como la Misa en Si menor, o, en cuestión de tesituras, en los inclementes límites beethovenianos de la Missa Solemnis o la Novena sinfonía, la partitura dista de ser cómoda y fácil, y el Nacional la salvó con general solvencia, dejando aparte la esporádica tirantez de las sopranos en La agudo.
Sonó estupendamente la orquesta, con la consistencia y brillantez con la que acostumbra a hacerlo cuando su titular está en el podio. A destacar el precioso canto de los violonchelos en el aria de Elías antes mencionada (¡Es suficiente, basta!) y entre los solistas (todos ellos brillantes) el precioso solo de oboe de Víctor Manuel Ánchel en el también mencionado Sí, las montañas se apartarán.
Un magnífico concierto, y una despedida de año que deja, con una hermosa obra de un gran compositor como Mendelssohn, un inmejorable sabor de boca: el de una orquesta en estado de gracia, que luce muy especialmente cuando en el podio se encuentra su actual titular, un estupendo director, sin duda. Feliz Navidad a todo el equipo de los conjuntos nacionales.
Rafael Ortega Basagoiti


