MADRID / Sigma Project: nunca hubo salida del laberinto

Madrid. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Auditorio 400. 13-I-2025. Sigma Project (Andrés Gomis, saxo soprano. Ángel Soria, saxo alto. Alberto Chaves, saxo tenor. Josetxo Silguero, saxo barítono). Alberto Posadas: Poética del laberinto.
Arrancó la residencia del compositor Alberto Posadas (1967) en la actual temporada del Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) con la audición de una de sus obras de cámara más importantes, el ciclo para cuarteto de saxofones Poética del laberinto (2016-17). Lamentablemente ausentes, en la programación dedicada al vallisoletano, sus relevantes obras para grandes conjuntos de cámara, la escucha de esta extensa partitura constituía uno de los momentos más intensivos de cuantos se dedicarán a su trabajo en los próximos meses.
En el mismo abrazo que Posadas hace al laberinto como idea generadora hay algo de pérdida, de búsqueda empeñadísima de la desorientación. Y esta aparece ya de manera consistente en la primera de las tres piezas, Knossos. Si cuesta entrar en las escarpas de este edificio sonoro, difícil será más tarde el rastreo de la salida. También debe ser así para los músicos del Sigma Project, más aún cuando a ellos se les propone, en esta primera estancia, un laberinto en torno al saxofón mismo, escarbando en los intersticios entre las notas y en la canónica digitación de los instrumentos. No todo es conceptualismo en esta música, hay frases en cascada que responden frenéticamente a un pasaje previo ensimismado. Los Sigma, sabedores de que esta es una de las obras mayores de las muchas que han propiciado en su historia, la interpretaron en el Auditorio 400, con una atención al detalle, a lo esculpido entre lo audible y lo inaudible, desopilante.
Durante la segunda pieza, Klimmen en dalen, Posadas fuerza aún más la tensión de lo complejo. Se produjo entonces, durante la escucha en vivo, casi una detención del tiempo; los cuatro saxofones parecían (espejismo del directo) efectivamente desorientados en unos pasajes que parecen estar volviendo continuamente sobre sí mismos. Sobresalen efectos que rememoran una música electrónica que aquí no existe; el espacio se carga de respiraciones, de alientos que se agotan y de un recomenzar constante. También en la parquedad escénica de la obra, que no presta ninguna relevancia a lo escenográfico, reside una pequeña parte de la atracción de una música extraordinariamente desnuda. Hay lugares en esta música en los que de los saxofones emergen lamentaciones, acaso ante el aturdimiento que les produce el dédalo.
Toda la creación de Posadas vertida aquí busca algo, acaso la salida, en todo caso, se mueve en una dirección (o en muchas) pero no llega a ser conclusiva. En la tercera y última estancia, Senderos que se bifurcan, como oyentes claudicamos: no existe evasión. Fue en los últimos compases soplados de los Sigma donde más tajantemente se afirmó que de la tela de araña nunca hay escapatoria, que todo fue una riquísima especulación en torno al sonido y a las traiciones de nuestra memoria.
Ismael G. Cabral
(foto: Rafa Martín/CNDM)


