MADRID / Pintura del este al aguafuerte (Ashkenazy en Madrid, I)

MADRID / Pintura del este al aguafuerte (Ashkenazy en Madrid, I)

Madrid, Auditorio Nacional, 24-IV-2019: Chaikovski: Concierto para violín. Shostakovich: Sinfonía nº 10. Esther Yoo, violín. Orquesta Philharmonia. Director: Vladimir Ashkenazy.

Arturo Reverter

Vladimir Ashkenazy (Gorki, 1937), nacionalizado islandés y residente en Suiza, es director honorífico de la Philharmonia desde 2000 y mantiene con este conjunto una fructífera relación. Hasta el punto de que los profesores prácticamente no lo miran y no parecen seguir sus nerviosos y característicos gestos; sus elevaciones de hombros, sus genuflexiones, sus saltitos, sus súbitos giros. Ni da la impresión de que estén atentos a sus breves y no siempre diáfanos movimientos de su batuta, corta (como sus brazos), ágil, levemente sinuosa. Está claro que son años de convivencia; y de ensayos. Porque evidentemente debe de haber habido largas sesiones preparatorias para alcanzar una interpretación de la Sinfonía nº 10 de Shostakovich tan ajustada y precisa.

Cuando Ashkenazy lanza como una catapulta su mano izquierda al cielo y señala con el dedo índice levantado algo destaca por las familias de los vientos: un apunte, un diseño, un ataque, una figuración. Parece que no pero el pequeño y ya anciano maestro, eximio pianista también, como sabemos, que revela a sus años una vitalidad envidiable, sigue muy encima el desarrollo de la música. Claro que si no tuviera en frente una formación de la calidad y del empaste, de la exactitud y del suave engranaje como los que posee la Philharmonia, que de nuevo ha dado muestras de su suave pátina tímbrica y su envolvente espectro y afinación, los resultados de seguro habrían sido otros.

Grave, oscuro, lentamente desplegado el comienzo de la obra, que tuvo un espléndido y paulatino crecimiento, casi doloroso, y que fue meciéndose de manera natural en ese sombrío vals del que habla en sus notas Juan Carlos Galtier. Nitidez de ataques, colorido chirriante, primitivismo y sarcasmo, mostrados con fulgor a través de un alto virtuosismo orquestal, se nos ofrecieron en el segundo movimiento, en donde encontramos al Shostakovich más protestón y virulento. Lo que no impidió que escucháramos el exquisito pianísimo logrado en la parte intermedia de la Sinfonía.

De extrema sutileza el dibujo del Allegretto subsiguiente, ligero y, al tiempo, penetrante, danzable y casi descoyuntado, de aromas extrañamente fúnebres, bien plasmados por director y orquesta. Se lució el primer trompa, Laurence Davies, que supo pasar del forte al piano sin problemas. Así, el jueguecito planteado por Shostakovich, que desarrolla el movimiento a partir de las notas equivalentes a las iniciales de su nombre y apellido, nos llegó en toda su dimensión. El más superficial –bombástico que diría el llorado Pérez de Arteaga, nuestro máximo especialista en el autor- movimiento postrero, Andante. Allegro, se edificó del piano al forte con lógica y con el relieve tímbrico exigido en el lenguaje del compositor, tan amigo de explorar las tesituras extremas de los instrumentos, inmersos en un discurso no siempre reproducido con absoluta claridad.

La Philharmonia se ajustó como un guante a los cambios de tempo y a los rallentandi de la joven y dotada violinista norteamericana de ascendencia coreana Esther Yoo, esbelta y delgada como un junco, dotada de un mecanismo casi infalible, que interpretó con donosura y buena letra, con una cuarta cuerda formidable y una sonoridad potente y agradecida, aunque en las notas más agudas la calidad descendiera, un flamígero Concierto de Chaikovski. Grato espectro el de su Stradivarius Príncipe Obolensky de 1704; que brilló sobremanera en una la enjundiosa cadencia del primer movimiento, aunque registrara desigualdades y durezas inesperadas; y que brindó junto a la primera viola Yukiko Ogura un bis de autor que no acertamos a señalar: una passacaglia con el aire de unas bonitas variaciones en las que las dos instrumentistas estuvieron garbosas y finas, administrando con tino los curiosos pasajes en pizzicati.