MADRID / ‘Paquita’ y su vergüenza ajena

Madrid. Teatro de La Zarzuela. 23-X-2026. Compañía Nacional de Danza. Paquita (Grand Pas Classique): Marius Petipa / Ludwig Minkus; Petite Mort: Jiri Kilian / W. A. Mozart; The Second Detail: William Forsythe / Thom Willems. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Pianista: Gustavo Díaz.Jerez. Director musical: Daniel Capps.
La función con la que abrió su temporada de otoño la Compañía Nacional de Danza [CND] en el Teatro de La Zarzuela ha sido decepcionante y produce una terrible sensación de vergüenza ajena. Al abrirse el telón y empezar los primeros compases del Grand Pas de Paquita, ese clamor mudo interior de “¡Trágame, tierra!” se impone. Nunca había visto este precioso divertissement tan mal bailado y presentado de manera tan confusa. Pero vayamos por partes. Apenas 48 horas antes de este estreno, el miércoles 21, el American Ballet Theatre [ABT] descorría la cortina entre mostaza y dorada del David H. Koch Theater (Lincoln Center de Nueva York) con un casi idéntico programa: Paquita Grand Pas en la versión de Natalia Makarova; Petite Mort, de Jiri Kilian, y Petal (2008) de Helen Pickett, coreógrafa discípula y seguidora de William Forsythe que estuvo con él en Frankfurt de 1987 a 1998. Sólo dos detalles (podéis mirarlo en YouTube fácilmente): Petal es un elegante y figurado sosia de The Second Detail; tiene diferente número de bailarines, pero la escenografía es la misma y está usada con las mismas intenciones y aforamientos, con referencias explícitas en su pas de trois central, el fraseo rupturista y los encadenamientos (una manera consciente de decir: Forsythe está aquí a través de una continuadora eficaz). Hay bastantes más sospechosas coincidencias. ABT presentó, con más lógica escénica, las coreografías en orden inverso a como lo ha hecho la CND, y también ha dado a la velada un nombre –Fresh Visions and Timeless Classics– esclarecedor y coherente con lo que el espectador se encontrará en el escenario.
¿Qué ha llevado a Romero a copiar el programa de apertura de ABT en su temporada otoñal? Resulta misterioso y sin base lógica desde el punto de vista artístico, además de provocar una inevitable comparación entre la CND y el ABT, donde sale perdiendo por goleada la primera, aun a sabiendas de que juegan en ligas muy diferentes. Si al menos hubiera una actitud honesta con el público y se le explicara que se pisa sobre huella ajena (lo que es, en principio, preferible) de los estadounidenses por la razón profesional que sea, y no una alambicada palabrería en torno a un vocablo griego del que es evidente que se han oído campanas lejanas, pero sin saber a qué repican ni de dónde vienen. La actual dirección de la CND, por voz y firma de su cabeza artística, Muriel Romero, quiere tener protagonismo y estar presente en las obras de otros. No es admisible. El uso de la palabra ‘Aión’ es gratuito, extemporáneo al programa, forzado en la redacción casi escolar de un párrafo explicador que también sonroja y a algunos confundirá. Jocosamente la perorata pseudo filosófica de Romero puede recordar al “explicador” de los tiempos del cine mudo, que soltaba un discursillo antes de la proyección de cada filme para “ayudar al público” a entender la película, pero muchas veces el explicador era pitado porque sus intervenciones no aclaraban nada. Las actuales funciones de CND se extienden hasta el 1 de noviembre.
Volviendo a Paquita, sólo cabe decir que estuvo, en general, mal bailado y suspendió en el apartado de las variaciones femeninas. Es cuestión palmaria de una obra académica mal ensayada y peor escenificada. ¿Qué versión de Paquita hace ahora ha CND? No podría decirse, y esto es hoy en día un pecado de lesa cultura. ¿Quién decide cuáles variaciones y en qué orden se bailan? ¿Dónde están los acentos particulares que apoyan el estilo? ¿Por qué la mayoría de la lectura decae rítmicamente bailada fuera de música y sin precisión lineal? Nada justifica esta dejadez que conduce a un flagrante amateurismo.
Después vinieron Petite Mort de Kilian y cerró el programa The Second Detail, de Forsythe. Tampoco puede decirse, siendo justos, que todo estuviera mal en estas dos obras, cada una de grandes exigencias técnicas e interpretativas en su esfera estética. La más sensual pieza del catálogo de Kilian permanece intacta en sus valores tres décadas después de su estreno. La CND la tiene en repertorio desde 1995, cuando la estrenó en Santander apenas cuatro años después de su debut mundial en Salzburgo, y la ha abordado en otras ocasiones con mejor fortuna y calidad; ahora hay bailarines fuera de forma y otros que no llegan a la prestación exigida. Se puede ver, pero se piensa en el pasado, algo que nunca puede regresar, pero sí corregirse y mejorarse.
The Second Detail no fue creada para el Ballet de Frankfurt sino para el Ballet Nacional de Canadá, y se estrenó también en febrero de 1991, como Petite Mort (en agosto). Ese mismo año, Forsythe estrenó con sus bailarines de la ciudad del Meno otro ballet: The Loss of Small Detail (que tenía versión precedente de 1987), considerado por la historiografía de ballet actual como un hito estético, plástico y coréutico a nivel global y que, en alguna medida poética y cerebral, relaciona en la práctica las dos piezas hasta hacerlas una. Ese mismo año, Forsythe, fiel a su estructuración arquitectónica de los programas (ligada entonces muy vivamente al deconstructivismo y a la influencia de Daniel Libeskind) aproxima The Loss of Small Detail a The Second Detail, y en enero de 1994 estabiliza como repertorio (en Forsythe no hay nada inamovible) un programa de continuidad en dos partes con estos títulos. Pensados así, como células modulares, muchas evoluciones de The Second Detail encuentran un justificante de acción teatral. La CND lleva con esta obra apenas seis meses desde que la estrenó en marzo en los Teatros del Canal. Aquí los bailarines se desquitan y reviven. El estilo siempre plantea interrogantes que van de la dinámica y limpieza del dibujo a la desinhibición o soltura sobre la acción bailada. Probablemente es mejorable el impacto formal y eso sea cuestión también de la manera y profundidad con que se ensaya una obra de registros tan particulares en lo expresivo y en la bisagra entre pasos, un asunto que ya es clave en la academia (aquí sí puede usarse sin miedo el término “clásico”): el entrepaso como invisible pero firme reconductor, lo que pone a prueba el sistema y sus nomenclaturas.
Wilhem Nestle, en su básico Historia del espíritu griego (1944), advierte con elegancia del mal uso moderno, muy común, de las terminologías y conceptos griegos, resaltando como una apariencia textual no significa un acierto (¡Pasa esto mismo en la coreografía!). Gilles Deleuze trajo al escaparate contemporáneo el concepto de ‘Aión’, en una expresa manipulación sígnica que llevaba a su terreno especulativo con el tiempo lineal. En Lógica del sentido (1969), apenas un año después del impacto prerrevolucionario del parisiense mayo de 1968, clamando a buena velocidad por un pensamiento si no nuevo, al menos consonante con aquella crisis y estallido (no tan lejano de los disturbios del París actual en 2026), la idea griega del transcurso como viaje en el vacío (y sin recuperación posible) puso la semilla para seguidores más o menos entendibles y aceptados. La danza, en su efímero y su recurrente memorización (repertorio), es lo contrario del Aión. Una acción reglada contradice una idea que está fuera del ámbito de la práctica coreútica. Es casi una advertencia: zapatero a tus zapatos, y trata de ajustártelos lo mejor posible. Ese es un deber moral inherente al oficio, que se percibe también como una obligación hacia lo público.
Roger Salas
(fotos: Alba Muriel)


