MADRID / Nehring: cómo salvar escollos con brillantez

MADRID / Nehring: cómo salvar escollos con brillantez

Madrid. Auditorio Nacional (Sala de Cámara). XIX Ciclo de Jóvenes intérpretes de la Fundación Scherzo. 28-IX-2021. Szymon Nehring, piano. Obras de Chopin.

El tercero de los recitales del ciclo de jóvenes intérpretes estaba encomendado al joven polaco Szymon Nehring (Cracovia, 1995), que se presenta en estos días al XVIII Concurso Chopin que se celebrará en su país (comienza el día 2 de octubre). Ganador hace cuatro años del Concurso Rubinstein (el mismo que nuestro compatriota Juan Pérez Floristán ha ganado hace apenas unos meses), Nehring planteaba en el recital un monográfico Chopin, en el que estaban presentes casi todos los géneros cultivados por el compositor que revolucionó la escritura pianística en el siglo XIX: Nocturnos (Mi mayor op. 62 y Mi bemol mayor op. 55), Estudios Op. 10 (nº 1 y 10), 3 Mazurkas op. 56, Impromptu op. 51, Sonata nº 3 op. 58, Polonesa-Fantasía Op. 61 y Balada nº 4 op. 52.

Recital pues, de ambiciosa dimensión, con énfasis en obras de madurez. El espigado pianista polaco afrontó la tarea en condiciones complicadas… que, para su desgracia, se complicaron aún más. Afrontó Nehring la tarde con fiebre alta (descartado COVID, pero hay otros virus y bacterias en circulación, como es bien sabido), que ya en sí mismo es un hándicap importante (el que suscribe desde luego sería incapaz de dar una nota en su sitio porque la fiebre me deja demolido). Pero, además, el piano de la sala de cámara sufrió un percance mecánico de esos que nunca ocurren… hasta que ocurren. Y ayer ocurrió: algún escape decidió dejar de funcionar y Nehring estuvo bregando con el asunto como buenamente pudo, pero cuando llegó la ‘pausa técnica’ prevista (el concierto no tenía descanso oficial, pero sí una pausa de unos minutos, tras la Sonata nº 3, para descanso del intérprete), se decidió reemplazar el piano ‘titular’ (que estaba dando continuos quebraderos de cabeza al pianista) por un ‘suplente’ que estaba disponible.

Los hados, sin embargo, no eran favorables, y aunque la mecánica del sustituto esta vez sí respondió, la afinación evidenció que admitía una revisión de su estado. En otras palabras, como aquellas fincas de Extremadura hace algunos años… era manifiestamente mejorable. Sin entrar a juicios de valor o diagnósticos apresurados, estos dos percances (que tampoco son los primeros) quizá debieran servir de ingredientes para la reflexión. Ahí lo dejo.

Viene a cuento este preámbulo porque, en tales condiciones, el mérito de lo ofrecido ayer por Nehring es, sin duda, mayor. El joven polaco mostró unos medios técnicos excelentes (nada nuevo en estos días), con dedos ágiles, sonido lleno, de dinámica ancha y generalmente bien graduada, pedal bien manejado (hablo sobre todo de la segunda parte, porque sin duda el estado del instrumento en la primera distorsiona la impresión) y criterio interpretativo sólido y sensible. Lució, como debe ser, el canto en los momentos adecuados, como en los Nocturnos, buena parte de la Balada, muchos pasajes de una lectura convincentemente evocadora de la Polonesa-Fantasía, el segundo motivo del primer tiempo de la Sonata o el Largo de la misma. Pero mostró un excelente sentido de la bravura, en el fulgurante Scherzo y el Presto ma non tanto de la Sonata (donde brilló igualmente la precisión de un toque genuinamente leggiero), los pasajes más tempestuosos de la Balada o el trepidante (pero exquisitamente dibujado y matizado) Estudio op. 10 nº 1.

La música de su ilustre compatriota nos llegó así con una buena representación de sus características: elegante, intensa, cantable, sensible, evocadora y en muchos momentos con una fuerte carga dramática o de exaltación. El público, que llenaba hasta donde era posible la sala de cámara del auditorio (mensaje para quienes se quejan de que “siempre es lo mismo” etc… la gente sigue acudiendo en masa al nombre de los grandes compositores, aunque el intérprete no tenga aún un gran marketing detrás o una carrera consolidada), respondió con calor a lo ofrecido por Nehring, que regaló el Vals op. 64 nº 3, en una lectura correcta sin más, donde tal vez asomó ya el cansancio de una tarde que no fue fácil para él y que, sin embargo, salvó con envidiable brillantez. Sin duda, una prueba de fuego para el concurso que se avecina.