MADRID / ‘Mirentxu’: emoción musical

MADRID / ‘Mirentxu’: emoción musical

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 22-XI-2019. J. Guridi. Mirentxu. Ainhoa Arteta, Mikeldi Atxalandabaso, Christopher Robertson, Marifé Nogales, José Manuel Díaz, Mario Villoria, Patricia Valverde, Azahara Bedmar, Coro del Teatro de la Zarzuela. Coro de Voces Blancas Sinan Kay. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Óliver Díaz. Adaptación del texto: Borja Ortiz de Gondra. Narrador: Carlos Hipólito.

 

Considerado como uno de los mejores creadores de la generación posterior a Falla, Jesús Guridi es un compositor en el que el nacionalismo adopta un matiz regionalista, aunque con la suficiente entidad como para destacar a nivel nacional e incluso internacional.

Guridi abordó todos los géneros y, naturalmente, sintió la llamada de la ópera, en su caso de una ópera específicamente vasca, de la que apenas había tradición. Lo intentó dos veces, con Mirentxu y Amaya, obteniendo excelentes resultados, pero posteriormente no volvió a abordar este género, y su senda teatral siguió por el camino de la zarzuela. Su mayor logro, El caserío (1926),  lo hemos podido disfrutar como plato inaugural de la presente temporada del madrileño Teatro de la Zarzuela.

En 1909 la capital de la ópera vasca pasa de San Sebastián a Bilbao, movida por la gran actividad de la Sociedad Coral de Bilbao, institución que promueve la creación de obras de interés, entre ellas Mirentxu, sobre un libreto de Alfredo Echave, que se estrenó en el Teatro de los Campos Elíseos de Bilbao en 1910. En sus ‘Reflexiones sobre la ópera española’ Ignacio Zubialde la califica de ‘absolutamente deliciosa, desbordando vida, fluidez, color y una maestría prematura’ (Guridi tenía veintitrés años cuando la compuso). Basada en melodías populares, la música de Mirentxu,pese a no exhibir grandes ambiciones, tiene calidad. Su partitura sufrió constantes modificaciones y reinstrumentaciones,  pasando de zarzuela a convertirse en ópera, y bajo este formato fue presentada en su estreno en Barcelona en 1913. Dos años después, este  ‘idilio vasco’ se representaría en Madrid, en el Teatro de la Zarzuela (1915), en su versión original. A pesar de ser Guridi un músico prácticamente desconocido en Madrid, era enorme la expectación que su nombre había despertado entre los aficionados, quizá por el florecimiento del arte musical vasco, que tan de manifiesto había puesto el triunfo del donostiarra José María Usandizaga.

Del éxito madrileño de Mirentxu nos da cuenta la crónica de ABC del 1 de mayo de 1915: ‘…Nada más comenzar Mirentxu, el público, que llenaba totalmente la sala, se dio cuenta que estaba ante la obra de un músico excepcional; ya al final del preludio, magníficamente dirigido por Pablo Luna, Guridi hubo de salir a escena reclamado por los aplausos de la concurrencia. Desde ese momento la obra transcurrió en el clima de los grandes éxitos…’.

La obra del compositor alavés toma el nombre de su heroína. Raimundo ama a Presen, la amiga íntima de Mirentxu, pero un día se da cuenta del amor de ésta, y sabe que Manu (el molinero que la ha educado) desea esta unión para su hija tuberculosa. Entonces finge, con el asentimiento de Presen, que ama a la muchacha cuyo fin está próximo. Algunos meses más tarde, Mirentxu sorprende a los amantes, cae en un profundo abatimiento y muere después de haberles perdonado.

El Teatro de la Zarzuela ha recuperado esta bella partitura tras más de medio siglo de silencio; la última vez que pudo escucharse completa en este coliseo fue en 1967. La versión que se ha podido escuchar es la considerada como definitiva, la estrenada en San Sebastián en 1947, con revisión del texto de Jesús María de Arozamena, y ha sido la primera ocasión que Mirentxu se ha cantado en euskera en este escenario, en una acertada adaptación dramática del dramaturgo Borja Ortiz de Gondra.

Asumió la dirección orquestal Óliver Díaz, que mostró delicadeza ante una partitura de elaborada paleta orquestal, que exige sencillez y flexibilidad al servicio de su texto poético y cuyo desarrollo y conjunción encontró mayor concentración en la segunda parte de la obra. Buena actuación del Coro del Teatro de la Zarzuela, complementado por el Coro de Voces Blancas Sinan Kay, perfectamente integrados en la estética de la obra, ya que actúa a veces como un personaje más –como en el caso del ‘coro de rondadores’ o de niños- y otras como una voz colectiva.

Se ha buscado un adecuado elenco vocal que estuviese a la altura de las exigencias que impone el compositor. José Manuel Díaz (barítono), atravesó por ciertas dificultades en el papel de Manu. La mezzo Marifé Nogales, que no hace mucho representó a Inosensia en El caserío, defendió con suficiencia a Presen, mientras que el bajo-barítono estadounidense Christopher Robertson asumió un convincente Txanton. Por su parte, el tenor lírico-ligero Mikeldi Atxalandabaso ofreció un Raimundo entregado, de fácil emisión, compartiendo el protagonismo de la obra junto a la soprano Ainhoa Arteta. Esta última, buena conocedora de la obra, asumió el drama de Mirentxu con gran sentimiento, si bien en su conmovedora despedida de la vida, la arieta Goizeko eguzki argiak agur egitean (Cuando la luz del sol mañanero se despida), quizá pudo volar más alto. En todo caso, el público la acogió con entusiasmo.

La versión fue de concierto. Como único elemento teatral, un telón de fondo con un bosque en el que las distintas iluminaciones daban sentido a los distintos números de la obra. Ayudó a todo ello la impecable narrativa a modo de cuentacuentos de Carlos Hipólito.