MADRID / Mena y Ehnes con la Nacional

MADRID / Mena y Ehnes con la Nacional

Madrid. Auditorio Nacional (Sala Sinfónica). 1-X-2021. Orquesta Nacional de España. Director: Juanjo Mena. Solista: James Ehnes, violín. Obras de Brahms y Schumann.

Segundo concierto del ciclo sinfónico de la ONE, con dos de los hilos conductores de la temporada como centro del programa: la obra de Schumann y uno de los grandes conciertos para violín del repertorio.

Del compositor de Hamburgo nos llegaba el Concierto para violín y orquesta op. 77, escrito en 1878 y dedicado a su amigo y virtuoso Joseph Joachim, que prestaría asesoría al compositor en el curso de la gestación de la obra. Joachim, además, lo estrenaría el año siguiente, en un tour de force que incluiría el Concierto de Beethoven. La obra, pese a que Sarasate (probablemente nunca sabremos si en realidad lo hizo por su reconocida rivalidad con Joachim) lo consideraba un “concierto contra el violín” alegando que las más bellas melodía estaban primero en la orquesta, destacando especialmente la introducción del Adagio por el oboe (dibujado, por cierto, de manera admirable por Víctor Manuel Ánchel), y a que Wieniawski lo considero “inejecutable”, acabaría convirtiéndose en uno de los grandes conciertos del repertorio violinístico. Sin ir más lejos, quien esto firma ha tenido la fortuna de escucharlo a luminarias como Menuhin (cierto que ya en su declive), Stern y Oistrakh, en los tres casos con esta misma orquesta. Más recientemente, la propia OCNE acompañó hace tres años a Anne-Sophie Mutter en la misma obra, y en apenas dos meses tendremos otro de los más grandes nombres del presente, Leonidas Kavakos, ofreciéndola en el ciclo de Ibermúsica.

El canadiense James Ehnes (Brandon, 1976), cabe suponer que con el Stradiviarius “ex-Marsick” de 1715 que toca habitualmente, ofreció ayer una interpretación excelente, con una sabia combinación de intensidad, sensibilidad, energía (tan necesaria en muchos rotundos pasajes de octavas y dobles cuerdas), estupendo cantable (como en el precitado segundo movimiento) y equilibrado sentido del rubato, el justo para dotar a la música de la deseable expresividad sin caer en el amaneramiento. Este es uno de los pocos grandes conciertos que Ehnes aún no ha llevado al disco.

Su sonido, lleno, cálido y poderoso, se movió en una gama dinámica generosa y graduada con inteligencia, con una afinación generalmente irreprochable y un arco ágil y nada blando de ataque. Estupendamente dibujada la cadencia del primer tiempo, culminación del rosario de escollos técnicos a que se ve sometido el solista. Una lectura, en fin, impecable, sin especial singularidad en cuanto al criterio, o, lo que es lo mismo, sin tratar de ser diferente solo por serlo, sino dejando que el discurso musical fluyera con la naturalidad ya más que suficientemente preparada por Brahms. Nada más, y nada menos.

Mena, por su parte, proporcionó un acompañamiento atento y cuidado en el matiz y en los acentos, asegurando que el balance orquesta-solista quedara en todo caso debidamente equilibrado. La respuesta orquestal fue redonda y precisa en todas sus familias, destacando el mencionado solo de oboe al principio del segundo movimiento. El éxito fue merecido y grande, y el violinista canadiense regaló una hermosa versión del Preludio de la Tercera Partita de Bach, sin asomo de lo históricamente informado pero planteada con un gusto exquisito.

Juanjo Mena (Vitoria, 1965) ha sido el primero de los nueve directores españoles que participarán en la temporada de la Nacional. Después de acompañar con acierto el concierto brahmsiano, ocupaba la segunda parte (¡ya tenemos dos partes, como antes!) la Sinfonía nº 4 de Schumann, mentor y amigo de Brahms, obra que escuchamos no hace mucho, en el maratón Solo música, por la formación joven de la Nacional, en aquella ocasión con James Conlon en el podio. La cuarta de Schumann (que cronológicamente es en realidad la segunda en el orden de composición) es obra singular en su continuidad (sin pausa entre movimientos) y en sus cambios de clima. La variedad de inflexiones y la no siempre fácil textura orquestal del compositor de Zwickau son todo un reto para la batuta. El maestro vitoriano se acercó a la partitura con su proverbial vitalidad rítmica, sin la flexibilidad agógica (por otra parte, muy wagneriana, y en tal sentido, plausiblemente ajena a la intención de Schumann) que maneja, por ejemplo, Thielemann, aunque para el firmante el dibujo del primer movimiento hubiera admitido algo más de voltaje en la efusión romántica del ritmo del desarrollo y una transición más nítida desde la introducción al Lebhaft inicial. El movimiento quedó planteado con un tempo relativamente moderado y buen énfasis en lo lírico.

Brilló este aspecto en el muy bien planteado segundo movimiento (con tempo relativamente animado por comparación con el Lebhaft previo, al menos para la indicación Ziemlich langsam), con exquisita intervención inicial del dúo de solistas de chelo y oboe (Ángel Luis Quintana y el mencionado Víctor Manuel Ánchel) e igualmente precisa contribución del concertino en esta ocasión, Maxim Kosinov. Animado el Scherzo, vitalista y de nuevo con acertado lirismo en el retorno de la melodía que en el segundo movimiento ejecuta el concertino y que en esta ocasión descansa en toda la sección de violines.

La transición al cuarto y último tiempo, con esa figura coral de los trombones tan presente en otras obras de Schumann, nos llegó con un acertado dibujo por parte de Mena, y el ritmo punteado del motivo principal del Lebhaft (en realidad un remedo del presentado en desarrollo del primero) tuvo, esta vez sí, la energía contagiosa que la efusión de la música reclama. El movimiento se erigió de esta forma en el mejor cierre de una interpretación en todo caso notable. La orquesta, en todo momento ágil en la respuesta al gesto claro (pero, al menos esa es mi impresión, a menudo bastante anticipado) del director vitoriano, respondió de manera excelente, incluso en la trepidante coda, llevada por Mena con su característica y contagiosa vitalidad y empuje.

Precioso programa de dos compositores amigos y excelente concierto, en fin, para esta segunda semana de la temporada, que también ha contado con una estupenda respuesta del público.