MADRID / Lucero Tena y Xavier de Maistre, improbables y felices encuentros

MADRID / Lucero Tena y Xavier de Maistre, improbables y felices encuentros

Madrid. Teatro de la Zarzuela. 23-V-2021. Lucero Tena, castañuelas. Xavier de Maistre, arpa. Obras de Soler, Guridi, Albéniz, Granados et al.

Quienes pudimos asistir este domingo al concierto de Lucero Tena y Xavier de Maistre en el Teatro de la Zarzuela hemos de ser conscientes de haber presenciado un momento artístico y humano de primer nivel. Hace unos meses que descubrí por puro azar y también por mi inclinación natural y cierto roce profesional con el arpa el CD Serenata española. Conocía y admiraba a ambos intérpretes por separado, pero nunca se me hubiera ocurrido que habría oportunidad de escucharlos juntos —a quien tuvo la iluminación de unirlos, gracias— ni que el resultado fuera tan bello.

Hay que reconocer que, al margen de las cuestiones de índole musical, hay algo extraordinariamente subyugante en esta improbable pareja artística. Imposible obviar las apariencias físicas, y disculpen esta frivolidad: una señora mayor sin disimulo ninguno, pequeña y sonriente, con toda la vulnerabilidad y la sabiduría de sus años junto a un pedazo de hombre en plenitud física y de belleza apolínea. Casi como una abuela orgullosa de pasearse con el nieto más guapo. En una sociedad como la nuestra, regida por totalitarios patrones estéticos (absolutamente horteras por otra parte), es casi un acto de valentía presentar a un dúo como este porque, reconozcámoslo, las salas de concierto y auditorios también se ven cada vez más invadidas por dichos cánones.

Pero si bien es ésta la diferencia más llamativa, no es la única ni tampoco la fundamental. Xavier de Maistre es un intérprete francés y como tal, formado en la más pura tradición del academicismo de los conservatorios de su país. Solidísima formación sin duda, pero completamente alejada desde hace siglos (no es una hipérbole) de la música popular. No hace falta recordar el recorrido de Lucero Tena, con excelente formación clásica también, pero inmersa siempre en las fuentes del folclore. Con este panorama, la apuesta era fuerte y quien la hizo lo debió de ver muy claro. Y la realidad es que cuando De Maistre se sienta y se pone a la altura —física— de Lucero Tena y empieza a sonar la música, cualquier diferencia, cualquier brecha, cualquier distancia de cualquier tipo queda anulada ante el triunfo del arte.

Xavier de Maistre interpretó el Viejo zortziko de Guridi con una perfección y sutilidad rítmica como ya es imposible de encontrar entre los alumnos más forales (mucho nacionalismo, pero el reguetón arrasa con todo, máxime cuando nadie se ocupa de verdad de la cultura), nos regaló la Granada más hermosa que he tenido la ocasión de escuchar y consiguió un vuelo lírico en los Valses poéticos de Granados sólo al alcance de los más grandes. En cuanto a las obras que interpretaron juntos en un recorrido por Pérez de Albéniz, Soler, Granados, Albéniz y Falla, sólo cabe alabar el arte prodigioso de Lucero Tena y la elegancia y la exquisitez con que los dos frasean, respiran y hacen música juntos.

Es difícil alcanzar tal conexión en la manera de decir un rubato y de redondear las frases ¡con esos dos instrumentos! El teatro se vino abajo con las emotivas palabras de la intérprete y los dos bises: el esperado Intermedio de Las bodas de Luis Alonso y la Serenata española de Joaquín Malats. Fue un privilegio comprobar de qué modo saltan por los aires los prejuicios y las convenciones físicas, geográficas, nacionales y temporales cuando se dan cita dos artistas de esta talla y cuando lo que importa de verdad es rendir honor a la música.